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Un año del 1-O: Cuando el «procés» desgarró Cataluña

Los unionistas describen la indignación y la tristeza que sintieron el día de la votación ilegal, mientras que los secesionistas reivindican su papel de víctimas y no descartan otra consulta.

  • Fotos: Jesús G. Feria/ M. Shooting
    Fotos: Jesús G. Feria/ M. Shooting

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30 de septiembre de 2018. 14:05h

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Ángel N. Lorasque Barcelona. 30/9/2018

A esta hora hace justo un año, el Gobierno de la Generalitat ultimaba los preparativos del referéndum de autodeterminación ilegal que al día siguiente daría forma a uno de los capítulos más negros de la historia de España, Cataluña y Europa. Los independentistas escondían con recelo las urnas que hasta el momento habían conseguido esquivar la incautación policial, ultimaban la recopilación de los datos censales que más tarde utilizarían violando la ley y consagraban una hoja de ruta que hasta aquel fatídico lunes primero de octubre había buscado la secesión a toda costa. A partir del 1-O entraría en una fase de descontrol e improvisación en la que la principal arma sería la división social y la radicalización. Fue el pistoletazo de salida a una sucesión de infortunios que no han dejado de multiplicarse durante este año. A última hora de hoy hace 365 días, varios independentistas comenzaban a ocupar colegios electorales para evitar que la Policía pudiera desalojarles y los Mossos recibían órdenes para permanecer inmunes al desafío secesionista. Tras el 1-O llegó la famosa DUI (la declaración de independencia que proclamó el entonces «president» Carles Puigdemont), que fue flor de un día. Más tarde la detención de los políticos que gestaron acto anticonstitucional, la fuga de líderes secesionistas al exterior, la aplicación del Artículo 155 que suspendió la autonomía catalana y la convocatoria de unas elecciones que dieron la victoria a Ciudadanos. Un éxito amargo que se encargó de aplastar una vez el independentismo con un pacto que colocó a Quim Torra como nuevo «presidente-títere» de la Generalitat.

En este año de infarto nadie ha olvidado las imágenes de la Policía desalojando a los que acudían a participar en esa convocatoria ilegal y que provocaron la indignación internacional. Tampoco la llamada de los secesionistas a que se acudiera a los colegios con niños y mayores que más tarde utilizarían como «escudos». Sin duda, un clima guerracivilista que ahora, un año después, LA RAZÓN analiza con algunos de sus protagonistas. Con políticos, actores, juristas, artistas... que vivieron en primera persona ese día «triste» y que ahora buscan el modo de reconciliar a una sociedad resquebrajada y reactivar un Parlament que permanece aletargado.

«Fue un día muy triste e indignante porque se comprobó que la gestión del Gobierno de España sobre algo que se había avisado con tantos meses de antelación fue un fracaso. Fue indignante que el Gobierno de la Generalitat utilizara colegios públicos para hacer un referéndum ilegal, que utilizaran nuestros datos personales y que incluso a día de hoy no sepamos todavía de dónde los sacaron ni quién los custodió», confiesa Inés Arrimadas, presidenta de Ciudadanos en el Parlament de Cataluña. El rostro de esta joven política que consiguió el mayor apoyo en los comicios de diciembre de 2017 fue la imagen de la esperanza constitucionalista en la que se vieron reflejados miles de catalanes unionistas. «Nuestra victoria fue un gran éxito no solo a nivel nacional sino también en la escena internacional para entender que esto no es un problema entre Cataluña y España, sino entre catalanes. Sirvió para demostrar que no es verdad que Cataluña se quiera independizar y que todos quieran un referéndum. Imagínate que llega a ganar Puigdemont...», reflexiona Arrimadas, quien tampoco quiere hacer especial énfasis en el aniversario del 1-O y subraya la importancia de lo que supusieron el 6 y 7 de septiembre, cuando se aprobaron en el Parlament las leyes del referéndum y de ruptura con un procedimiento irregular en el que se violaron los derechos de la oposición. «Aquello fue una vergüenza absoluta, el mayor ataque a la democracia desde el Golpe de Estado del 23-F», asevera. Su receta para volver a la normalidad pasa por «que el Gobierno de la Generalitat vuelva a la legalidad, que se respete a todos los catalanes y que nos centremos en los temas que nos unen: en la sanidad en la educación, infraestructuras. Si no hacemos estas tres cosas, será muy difícil recuperar la convivencia».

MENTIRAS CON PIES DE BARRO

Bien lo sabe la reputada jurista Teresa Freixes, catedrática de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona, quien desde que decidió salir a la palestra para denunciar los actos ilegales que cometía el independentismo no ha dejado de recibir amenazas (a sus familares incluidos) y a quien han intentado desprestigiar profesionalmente a través de una campaña de acoso y derribo. Freixes nos cuenta que el 1-O se encontraba en el coche viajando desde Cáceres a Barcelona. La radio y sus amigos le informaban al minuto de lo que estaba ocurriendo. «Fue algo tremendo, en cuando llegué a Barcelona vi la magnitud de la cosa. No me extrañó porque como había habido un cambio en las resoluciones judiciales previas sobre el uso de los centros escolares, estaba segura de que no se desalojarían a las seis de la mañana como decía la ultima resolución. Tenían que haberse mantenido los criterios previos y que se vaciaran la noche anterior el viernes, cuando acabara la actividad escolar», recalca.

Según Freixes, el Gobierno de la Generalitat hizo todo sobre una «base falsa». «La ley que sustentaba el referéndum estaba suspendida por el Constitucional. Fue una ley a la que no dio el aval la Comisión de Venecia por no cumplir con los con los cánones constitucionales. Aún así lo hicieron. Cada uno puede defender las ideas que quiera, pero si legalmente no se pueden llevar a cabo, hay que desistir. También aquel día lo viví con consternación porque el Gobierno de España no supo responder de una manera pertinente», asevera.

La jurista Freixes no descarta una nueva consulta ilegal por parte del secesionismo, pero ante la pregunta de si esto se solucionaría con la activación de un «155 permanente» ella lo descarta por completo. «No es posible. Eso sí, se puede prorrogar, pero siempre que se aprueba en el Senado se hace con fecha de inicio y de terminación. Pero existen otros mecanimos como puede ser aplicar la Ley de Seguridad Nacional que permite acciones de cirugía fina, la aplicación del Derecho Administrativo o, incluso, las ordenanzas municipales», aclara.

Para Miquel Iceta, primer secretario del PSC, la opción de un nuevo referéndum es lejana. «Los políticos no podemos comprometernos a no equivocarnos, pero no podemos cometer los mismos errores. El 1-O se demosró que aquel camino no era bueno para nadie, ni siquiera para los indepes. Eso sí, no se pueden descartar otros sustos, pero serán distintos», dice. El socialista y voz de confianza del presidente Pedro Sánchez en Cataluña, afirma que lo que se necesita es «diálogo, negociación y pacto». Iceta identifica como «rabia» y «tristeza» lo que se vivió en Cataluña hace un año. «Las imágenes que vimos aquel día reflejaron un error político de primera magnitud. Fue la evidencia del fracaso de la política, un día que marcará, que dejará huella. Un día negro», insiste el dirigente catalán, quien estuvo siguendo todo lo que ocurría el primero de octubre desde la sede del PSC. Iceta es de los políticos que huyen de la corrección que caracteriza a otros compañeros de «profesión». Habla claro y eso suscita recelos. Por ejemplo, ha mostrado sin complejos que un sistema federal es parte de la solución del conflicto catalán y también ha repetido en varias ocasiones que la prisión preventiva de varios de los cabecillas del «procés» está siendo «demasiado larga». «En España tenemos la mala costrumbre, y yo el primero, de opinar en exceso sobre lo que corresponde a los jueces. Pero yo creo que es compatible decir que vas a respetar lo que decidan y tener opinión sobre las cosas. El Poder Judicial es independiente y han de ser acatadas sus decisiones, pero no quiere decir que no sean opinables», apuntilla. Para él es más sencillo que cicatrice la ruptura social que ha provocado el ansia independentista en Cataluña que normalizar la vida política. De momento se muestra optimista al asegurar que esta semana, por fin, tendrá lugar el debate de política general en el Parlament, después de que éste se haya estado prácticamente inoperativo este año. «El viernes podremos calibrar lo que pretende el Gobierno, conoceremos sus objetivos. Ellos de vez en cuando deciden que quieren gobenar, pero al mismo tiempo ponen sobre la mesa cuestiones que no están solo en la esfera de la política y cuestiones a las que supeditan todo lo demás. Es muy triste que los plenos del Parlament se hayan suspendido porque no saben cómo aplicar una resolución judicial que hay que implementar. Ahora buscan la manera de aceptar lla sin que lo parezca demasiado. Es una cosa muy absurda», dice indignado.

Quien también defiende el diálogo, eso sí, entre partidos constitucionalistas, es el líder del Partido Popular en Cataluña, Xavier Albiol. «El PSOE tiene canales de comunciacion con los independentistas y no los constitucionalistas, lo cual supone un daño grande al espíritu del 8 de octubre (cuando miles de pesronas salieron a la calle para defender la unidad de España)», dice. Albiol advierte de que quien crea que «el independentismo está ahora desarticulado, se equivoca». «En los últimos 30 años ha tenido la habilidad de abducir a dos millones de personas y lo ha hecho de manera inteligente, lo ha hecho a través de la escuela publica y los medios públicos. Es un movimiento incrustado en la sociedad», puntualiza. El popular también hace autocrítica a la hora de analizar la pérdida de votos en los comicios de diciembre. «No supimos explicarnos bien, pero todos hemos aprendido», reconoce al tiempo que explica que harán falta dos generaciones para conseguir la reconciliación y la normalidad social en Cataluña.

El actor y presidente de Tabarnia, Albert Boadella, intenta poner unas dosis de humor al delirante «procés». A él le pilló el referéndum en una actuación fuera de Cataluña y «me cabreó bastante». «Me fastidia que los independentistas siempre lleven la delantera o se les haya permitido hacerlo. El Estado tenía que haberse apuntado un éxito estratégico aquel día y bloquear la consulta, pero no fue así. Esto es porque durante años desde el Estado se ha alimentado al ‘’monstruo’’» sentencia. Dice que fue lo que ocurrió aquel día le duele «como español» porque una rémora muy grave y costosa para el conjunto del país. Ese dolor lo siente con alta intensidad Santi Vila, quien formó parte del Ejecutivo de Puigdemont y que antes de que éste declara la DUI optó por apearse del tren independentista que estaba a punto de descarrilar. «Para mií, el momento más duro de este año fue la noche que presenté mi dimisión, porque encarnaba el fracaso de los moderados. Algunos estábamos convencidos de que el ánimo reformista, negociador, se impondría. Fue un momento muy doloroso porque era acabar con una carrera, una trayectoria, con el sentimiento amargo de constatar que decepcionabas en buena medida a muchos ciudadanos de Cataluña, que no habías sido capaz de hacer triunfar tus ideas», reflexiona. Ahora, alejado (al menos de momento) de la vida política, recuerda con lástima lo vivido aquel 1-O. «Nunca habría imaginado que podríamos acabar a tortazos. Ni el conjunto de los españoles ni los catalanes nos merecíamos presenciar aquellas imágenes ni vivirlas. Hubo una desproporción absoluta del uso de la fuerza. Nunca teníamos que haber llegado a aquel extremo, se tenía que haber negociado mucho antes. Pero en el tramo final de la legislatura anterior los extremistas ganaron la batalla a los moderados en Barcelona y en Madrid », asevera, al tiempo que reconoce que más pronto que tarde los catalanes acabarán votando, aunque no tiene por qué ser sobre la independencia. Algo con lo que no se conforman los independentistas, para los que el primero de octubre fue un éxito rotundo. «Una votación no puede romper ningún puente en democracia, estaríamos pensando que un acto de expresión es un inconveniente y no puede ser así nunca. El hecho de que se hiciera el referéndum y saliera el resultado que salió no hace nada más que constatar la opinión de un determinado número de personas. Eso no rompe ningún puente, sirve para entender a una sociedad», asegura Pep Cruanyes, vicepresidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Para él, el problema no es del independentismo, sino «el Estado, pues todas las veces que se planteó una negociación, la respuesta fue “no”», dice para, a continuación, señalar que la «actuación violenta del Estado a nivel judicial y policial». Para Cruanyes, el referéndum de autodeterminación es «un derecho de cualquier pueblo que se puede ejercer en el momento que sea» y duda de que su objetivo se pueda cumplir de manera más fácil con el PSOE en el poder. «Si nos tenemos que guiar por lo que había pasado desde 2010 hasta el 1-O, no tenemos ninguna razón para pensarlo», sentencia durante su encuentro con LA RAZÓN en la sede de ANC en el centro de Barcelona.

En Sitges nos recibe el músico y compositor Sabino Méndez, quien hace un año se desplazó hasta la Ciudad Condal para ver cómo transcurría la consulta ilegal. «Yo vi absoluta normalidad salvo en los puntos donde se montaron los centros de votación. Aquel día, lo que quisieron reavivar los secesionistas fue la vieja leyenda de la Inquisición y la idea de que España siempre ha sido autoritaria, pero aquello cayó por su propio peso porque España es una sociedad muy avanzada», matiza Méndez. Para él, lo que ha conseguido el secesionismo han sido «fracasos que son incapaces de aceptar». «Han jugado a ser aprendices de brujo y todo ha sido improvisación desde entonces. Ni ellos saben lo que sucederá», pronostica el también escritor.

La herida sigue sangrando desde aquel fatídico 1-0 y aunque los nuevos «cabecillas» enfatizan que estamos en un nuevo capítulo del «procés», cuesta creer que la página haya pasado realmente.

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