Síndrome Miofascial en el confinamiento y el teletrabajo

Es un trastorno no inflamatorio que cursa con dolor focalizado en un músculo o en una cadena muscular, fácilmente identificable al palpar una banda tensa y dolorosa, asociada a la presencia de un punto gatillo (“trigger point”) y a un dolor referido a distancia del punto original.

Es un trastorno no inflamatorio que cursa con dolor focalizado en un músculo o en una cadena muscular, fácilmente identificable al palpar una banda tensa y dolorosa, asociada a la presencia de un punto gatillo (“trigger point”) y a un dolor referido a distancia del punto original.TOPDOCTORS

El síndrome miofascial es un trastorno no inflamatorio que cursa con dolor focalizado en un músculo o en una cadena muscular, fácilmente identificable al palpar una banda tensa y dolorosa, asociada a la presencia de un punto gatillo (“trigger point”) y a un dolor referido a distancia del punto original.

Actualmente, representa una de las causas más frecuentes de dolor musculo-esquelético tanto agudo como crónico y al menos un 30% de la población padece o ha padecido este trastorno.

¿Por qué se produce el síndrome miofascial?

La causa principal estaría relacionada con factores biomecánicos como la sobrecarga de un grupo muscular determinado, actitudes posturales anómalas o persistentes, el trabajo en cadena muscular cerrada como por ejemplo al tocar algunos instrumentos musicales como el violín o la flauta travesera, microtraumatismos repetitivos y por la retracción o la perdida de elasticidad de un músculo o su cadena muscular.

Se ha descrito una mayor predisposición a padecer este síndrome en pacientes afectos de hiperlaxitud postural y de otras patologías del aparato locomotor como artrosisartritis y tendinopatías que limitan o sobrecargan las cadenas musculares de las articulaciones afectadas. Es ligeramente más frecuente en el género femenino sobre todo en la menopausia, en el insomnio y en los pacientes afectos de estrés.

El síndrome miofascial: una pandemia de nuestro tiempo

Está demostrado que nuestra especie ha evolucionado por y para el movimiento, que estamos construidos para realizar grandes caminatas y que no toleramos la inmovilidad. También está demostrado que, físicamente y mentalmente, no somos tan diferentes de nuestros antepasados “cazadores-recolectores”, pero también es evidente que nuestro sistema de vida actual (sobre todo después de la revolución industrial) rompe los esquemas de nuestro pasado evolutivo como especie adaptada a la movilidad.

Lo cierto es que la gran mayoría de los humanos que padecemos este síndrome somos los que vivimos en ciudades con unas comodidades impensables hace 50 o 60 años y con un supermercado a menos de 100 metros de casa. Nuestros trabajos son cada vez más sedentarios y hasta nuestro ocio y relaciones sociales se han reducido a una pantalla (TV y móvil), cosa que reduce de forma alarmante nuestra capacidad de movilidad, altera nuestro equilibrio muscular, físico y también mental al no poder descargar nuestras tensiones y así mismo nos predispone a la obesidad, la osteoporosis y al síndrome miofascial entre otras patologías.

¿Por qué ha aumentado en el confinamiento y en el teletrabajo?

Tanto en atención primaria como los especialistas del aparato locomotor (traumatología, reumatología, rehabilitación, fisioterapia, osteopatía), así como en las consultas de neurología o electromiografía refieren un aumento significativo de los síndromes miofasciales tras el confinamiento o en los nuevos teletrabajadores.

La causa principal sería la sobrecarga de las cadenas musculares cervico-dorsales y de la cintura escapular por la sobreutilización de las actitudes posturales sedentarias y, en algunos casos asociado, además, al estrés de la situación creada por la propia pandemia.

En un confinamiento como hemos vivido en los meses de marzo y abril de 2020 o en los nuevos y obligados teletrabajos, se rompe el equilibrio natural de salir, caminar y realizar un mínimo trabajo muscular que permita oxigenarse o simplemente estirarse. La gran mayoría de los nuevos teletrabajadores lo hacen en un entorno muy diferente a su hábitat laboral, a veces en el escritorio de sus hijos, en una silla sin respaldo lumbar adecuado, rompiendo el equilibrio natural del trabajo que se realiza fuera de casa.

En este nuevo entorno para el cual todavía no estamos adaptados, lo habitual es que se altere el ritmo circadiano del sueño, nos levantemos más tarde, porque no iremos a trabajar fuera y justo después del desayuno empieza el teletrabajo, descanso para la comida y de nuevo hasta la tarde. Pero resulta que también hay que atender obligaciones familiares, hacer la compra, limpieza, la cena, etc. El resultado final es que cuando llega la noche, en términos generales, nos hemos movido muy poco, pero paradójicamente estamos más fatigados que cuando salimos a trabajar fuera de casa. Y con el tiempo empiezan a aparecer unas inexplicables contracturas musculares dolorosas en el cuello, los trapecios, a veces en las dorsales que casi siempre se asocian a sensación de quemazón, escozor y corriente eléctrica difusa que baja por brazos y manos, otras veces llegan hasta los pies.

¿Qué síntomas notará el paciente con síndrome miofascial?

El síndrome miofascial se identifica por tres componentes básicos:

  • La palpación de una banda muscular tensionada o contracturada en el músculo o grupo muscular afectado, fácilmente detectable en los músculos trapecio, angular de la escápula o en el romboides.
  • La existencia de un punto gatillo muy pequeño pero hipersensible a la presión y que, a menudo, desencadena una descarga o un dolor referido a distancia.
  • Dolor referido. Se trata de un dolor que proviene del punto gatillo que se irradia a distancia con apariencia de dolor nervioso por la sensación de corriente y/o hormigueo (parestesias) que produce, pero se distingue fácilmente de una compresión nerviosa o de una radiculopatía, porque no sigue la distribución típica de un nervio o de una raíz determinada. Es un dolor pseudorradicular (falso dolor radicular) y esta circunstancia hace que veamos muy frecuentemente este tipo de pacientes en las consultas de electromiografía para descartar síndromes compresivos como el túnel del carpo, neuropatías periféricas o también radiculopatías sobre todo cervicales.

Síndrome miofascial y fibromialgia

A menudo el síndrome miofascial puede confundirse con la fibromialgia, en esencia son muy parecidos pero la diferencia clave radica en que la fibromialgia provoca un dolor generalizado y de tipo crónico o persistente, en cambio en el síndrome miofascial el dolor es más agudo y focalizado.

Tratamiento del síndrome miofascial

Toda la comunidad médica y paramédica que conoce y trata este síndrome está de acuerdo en que el tratamiento ha de ser multidisciplinar y que sobre todo hay que eliminar los factores que provocan o perpetúan el síndrome miofascial. Las técnicas más empleadas en su tratamiento son las siguientes:

  • Técnicas de rehabilitación y fisioterapia: Masaje terapéutico de liberación miofascial, acupresión, ultrasonoterapia, termoterapia profunda, ondas de choque, pautas de reeducación muscular y gimnasia correctiva entre otras.
  • Infiltración del punto gatillo: Está muy indicada y suele ser eficaz en los puntos gatillo activos. Puede realizarse de forma seca, sin infiltrar medicación (Punción Seca) o infiltrando pequeñas dosis de anestésicos como la lidocaína, corticoides o incluso toxina botulínica.
  • Mesoterapia, técnica que consiste en aplicar microinfiltraciones de lidocaína en la banda muscular contracturada y que algunos colegas todavía emplean con éxito.
  • Electropunción del punto gatillo y de las zonas adyacentes, también llamada estimulación eléctrica intramuscular.
  • P.E.N.S. o estimulación nerviosa percutánea que se aplica a través de unos pequeños y finos electrodos similares a las agujas de acupuntura en las zonas afectadas.
  • Acupuntura i electroacupuntura que consiste en aplicar corriente eléctrica habitualmente de tipo galvánica sobre los puntos de acupuntura sensibles.
  • Tratamiento farmacológico: Utilizamos analgésicos, antiinflamatorios no esteroideos (AINES), relajantes musculares y otros analgésicos más potentes como el tramadol, pero únicamente en la fase aguda del dolor como coadyuvante al tratamiento ya que no son eficaces a largo plazo.