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¿Confían en su pareja?

La columna de Carla de la Lá

  • Carla con su perrita, Butler
    Carla con su perrita, Butler

Tiempo de lectura 5 min.

17 de junio de 2018. 10:52h

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Carla de La Lá Madrid. 9/6/2018

¿Hasta qué punto confían en la fidelidad de sus parejas? Yo, disparatadamente. Podría encontrar a mi marido en la cama con una pelirroja sentada sobre él a horcajadas y pensaría que es la vecina que ha venido a por un poco de leche, podría encontrarle de rodillas detrás de una morena y pensaría que es una monjita de la Parroquia San Antonio del Retiro que ha venido a enseñarle a hacer la genuflexión.


Verán, hace un tiempo aparecieron en casa unas braguitas de adulta_quién sabe si adúltera_que no eran mías ni de la niñera. Con máxima civilidad y sonrisa cortés, se las mostré a mi marido por si acaso conocía su origen, sus ascendentes o al menos como descendieron por las piernas de su titular. Felipe con imperturbable amabilidad respondió que jamás las había visto, ni a ellas ni a ninguna señora quitándoselas bajo nuestro decoroso techo. ¿Qué hubieran hecho ustedes, amigos? Díganmelo, damas y caballeros, queridos lectores míos de incontestable honestidad.


¿Quieren saber qué ocurrió, queridos amigos? ¡Nada! A mí, francamente me dio igual, más allá del divertido enigma, cualquiera de las posibilidades entorno a la dignísima prenda me parecían plausibles pero principalmente admisibles...Encontrar unas bragas de otra en casa no es la revolución industrial, ni el éxodo sirio, ni Ofelia ahogándose en el río, ni significa que tu marido use chancletas...


Pues bien, meses después llegó a mis ojos la génesis del suceso, ella solita... puesto que aparecieron las segundas bragas anónimas en casa. ¡¡Son de la novia de mi ex marido!! ¿Que cómo llegan a mi casa?¿Que cuál es su método de expedición? ¿Que por qué? Pues porque hacen muy rápido y mal las maletas de mis niños cuando finalizan los findes con ellos.


Me da mucha vergüenza devolvérselas, aunque he de reconocer, señores, que son unas bragas apropiadas, hasta diría que dignas y esto me tranquiliza y me contenta; veo que mi estimado exmarido y mis hijos están en buenas manos, ya que las bragas, como saben, hablan de lo que rebosa el corazón o, dicho de otro modo: Por sus bragas las conoceréis.

Coincidirán conmigo, el temor que realmente atenaza a la española media no es el paro, ni la corrupción, ni la celulitis, ni el descrédito, ni la degradación, ni la muerte súbita: es que el médico le pille en ropa interior fea. ¡Normal! ¿Saben lo difícil que es encontrar ropa interior de mujer joven que no esté decorada con simpáticos animalitos antropomorfos como piolín o los Looney Toons? Es como si existiera un acuerdo tácito por el cual hemos alcanzado la mayoría de edad en la calle, pero al volver a casa, y quitarnos la careta, fuésemos redomadamente imbéciles y cursis.

Advertencia para ambos sexos: Llevar ropa interior divertida es inversamente proporcional a lo divertido que es el sujeto y a la capacidad de divertirte con ustedes que tendrá. Yo esto lo llevo a lo patológico, a la neurosis, lo admito, pero a mí, cuanto más seria es la estética de un individuo, en tanto en cuanto se manifiesta formalmente más inaccesible, más me fascina... ahí tienen al bueno de mi marido. ¡Qué hombre me ha tocado! Por no hablar de sus honorables calzoncillos (me enamoré de él la primera vez que le vi en paños menores, como todo el mundo sabe).


Pero, ¿Se puede saber a qué obedece el hecho de que todas las bragas del mundo lleven un pequeño lazo o floripondio en la parte superior delantera?
Bajo su apariencia banal me inquieta este fenómeno que es símbolo de nuestra rendición como género, como si regaláramos algo crucial, y al mismo tiempo proclamáramos nuestra intrascendencia, nuestra inmadurez...

¿Quién va a tomar en serio nada que salga de nuestros labios, bajo semejante capitulación?

¿Y qué me decís del sempiterno encaje en la ropa interior femenina? Reconozco que yo tengo, pero... ¿Qué significa esa falsa promesa de lujo, placer, juventud, hedonismo versallesco y rococó imperecedero? Explicadme el porqué de esa mentira, ese compromiso fraudulento, esa promesa engañosa de que con sólo mirar nuestra ropa interior uno se transforma en el rey Sol_no digamos ya tocándola.


El clásico idealización-denigración, amigas. La ropa interior de encaje sólo puede conducirnos al desamor, ya que cualquier pareja que tengamos despertará de la hipnótica estafa de tan opulento tejido con una resaca como un clavo y una dosis de realidad para la que no se ha inventado ibuprofeno. La ropa interior de encaje pica, produce dermatitis. Y lo que es peor, vestida, hace gorda.

Fijaos bien, amigas, todo el encaje del mundo_ese equívoco epitelio_ya no se utiliza nunca para nada, es como un tabú que ha quedado supeditado a la ropa interior femenina (bueno y por extensión a los trajes de novia, que son como una braga gigante) y a los vestidos para las uvas de Pedroche.

Y os diré más, podría establecerse una relación científica entre el tamaño de la ropa interior y el cociente intelectual de una persona. He visto sufrir, rascarse hasta sangrar, perder clientes y negocios, cojear e incluso caerse al suelo, a muchas mujeres por llevar una ropa interior inadecuada e insuficiente.
Una buena vida, queridas, comienza por unas buenas bragas.

Ahhh!!! Y no seamos maniqueos...hay muchos mares y muy azules entre el tanga tipo Berskha que sólo te cubre el clítoris (los probé, en algún momento, antes de los veinte años, igual que probé el peyote) y la faja-visón de la tía abuela virgen.

Carla de la Lá

Sobre la autora

Soy periodista, escritora, diseñadora, profesora y empresaria. Tengo 4 hijos, un marido, un exmarido, un perro y un gato y pienso que la vida es como un bizcocho que se te quemó. La receta nunca sale como uno espera, como la foto del libro ¡Se te ha quemado el bizcocho!_Oirás_Claro, ya lo sé, yo misma lo puse a la temperatura equivocada...¿pero sabéis qué? No hay que dejarse llevar por la cubierta requemada, coges un cuchillo, la quitas y por dentro está buenísimo, y ya si le pones una buena mermelada...mmmm ¡delicioso!

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