• 1

¿Eres narciso o eres feliz?

La columna de Carla de la Lá

  • ¿Eres narciso o eres feliz?

Tiempo de lectura 4 min.

17 de junio de 2018. 10:52h

Comentada
Carla de La Lá Madrid. 16/6/2018

¡Adiós primavera! Lo digo con despecho, y ¡sí! sentida, porque se acaba mi estación predilecta, la que más disfruto por ser claramente la menos antiestética. Uno deja de ver plumíferos y boinas, no hace frío, la temperatura es benigna, dulce... ¡melodiosa!, sopla el viento y llueve aclarando los restos de esa pseudo-felicidad consumista, esa euforia horripilante y compensatoria, con la que sobrellevamos la oscuridad invernal... ¡Mais, c'est fini!!

Si la dicha es obligatoria en España, este hecho irrisorio encuentra su escenificación más gráfica en verano, donde estar triste o tener problemas es sinónimo de mala educación. En el verano español, ser soltero o single, sólo puede redimirse haciendo compulsivamente viajes a las antípodas, deportes de riesgo y estando buenísimo. ¡No hay mundo para los viajes que tienen que hacer los solteros españoles cada verano para no ser socialmente decapitados por no ser felicísimos e interesantísimos! Para el resto, el panorama no es muy diferente... ¿Tener arrugas, carencias afectivas, materiales o barriga en el verano español? ¡Ni hablar de eso! A por el mal diagnóstico se acude en otoño, las parejas se divorcian a principio de curso...

Sabed amiguitos, que pretender un gozo constante tiene un precio muy alto y si no que lo digan las profesoras de niños pequeños que tras jornadas interminables impostando una sonrisa de oreja a oreja y tarareando cantinelas van directas al psiquiatra en cuanto suena el timbre. Hay un tiempo de llorar y un tiempo de reír, tiempo de lamentarse y tiempo de bailar... como podemos leer en el Eclesiastés, uno de los libros más lúcidos e instructivos que todos tenemos en casa.

En verano, el objetivo, señores, es salvar dignamente la siguiente contradicción: “Ser felices aceptando que la felicidad no existe”. Para ello uno de los primeros pasos consiste en la aceptación madura y honesta de los acontecimientos que no se pueden cambiar. Lo que alimenta el sufrimiento o la ansiedad es precisamente huir de ellos, rechazarlos, temerles. Al sufrimiento hay que abrirle la puerta de casa de par en par y recibirle con seguridad y un coctel, sin aspavientos, como los anfitriones de mundo que somos. ¿O qué?

Cuando era pequeña lloraba muchísimo y mi padre, mientras lo hacía, se sentaba a mi lado repitiendo, con delicadísima sorna: “Se lamenta, se lamenta...”. Me moría de rabia; ya de jovencita, si alguna vez lloré frente a mi padre, de frustración, de ira (aún la vida no me había propinado ninguna buena patada en el trasero), él me decía, con idéntica delicadeza pero esta vez en serio: Carlita, hay que ser más regio. Con los años, comprendo y disfruto enormemente de todas las enseñanzas de mi padre que guardo como tesoros en la memoria.

Y sí, definitivamente, hay que ser más regios, y no gimotear ni achicarnos, al primer nubarrón que adivinamos en el cielo, pero ¡miren! lo peor que podemos hacer cuando la amargura llama a la puerta es fingir que no ha llegado. Y si es potente y terca y se empeña en entrar, amigos, se dejarán la piel forcejeando con ella para impedirle el paso.

¡Abran inmediatamente! Les garantizo que sólo se quedará un ratito; cuanto más franca y sexy sea la sonrisa con que la recibamos, menos tiempo permanecerá con nosotros.

Una vez que la pena se haya sentado a su mesa el protocolo es sencillo: tenedor y plato del pan a la izquierda_con "p" de Podemos y así no se nos olvida_, cuchillo con el filo hacia adentro a la derecha y bla bla bla... la clave es no identificarse jamás con sus lamentos; diga lo que diga, escucharemos con impasibilidad cortés, sin dejar de atender porque sería una grosería pero sin identificarnos en ningún momento con su queja, sus reproches, ni su tesis, sean cuales sean, porque ustedes no son ella.

Conversaremos desapasionadamente con nuestro monstruo particular, sin comprometernos en nada ni emitir el menor juicio... Todo en clave de cordialidad, gratitud, paciencia, confianza, ternura y amor, pero no hacia él, hacia ustedes mismos, queridos

Isabel Pantoja se llevará las manos a la cabeza pero es como lo cuento: ustedes no son sus afliciones, como tampoco son sus alegrías, ni sus coches nuevos, ni sus bolsos de Prada, ni sus hijos recién nacidos, ni sus bíceps, ni sus tetas, ni la selección española, ni toda la vanidad que encuentren.... Maxim, tú no eras el Ministerio de Cultura; Ronaldo, tú no eres el Mundial, Cristina, tú no eres Urdangarín... Llegamos sin nada y muy pronto, nos iremos “ligeros de equipaje” (Alicia, cómo me acuerdo de Machado estos días gracias a ti). Comprender esto es tan refrescante y liberador..., la vida es un proceso de transformación constante, un procedimiento evolutivo y admitirlo nos exime de padecer más de lo necesario, de todo aquello que hacemos para evitar sufrir, ¿qué se yo? comer, fumar, beber, comprar... da igual. Y de paso, de hacer el ridículo con radicalismos, mezquindades, vanaglorias y majaderías. Les regalo, señores, estos infalibles consejos veraniegos; háganme pues la consiguiente devolución y ¡las chancletas déjenlas quietas!

Sobre la autora

Soy periodista, escritora, diseñadora, profesora y empresaria. Tengo 4 hijos, un marido, un exmarido, un perro y un gato y pienso que la vida es como un bizcocho que se te quemó. La receta nunca sale como uno espera, como la foto del libro ¡Se te ha quemado el bizcocho!_Oirás_Claro, ya lo sé, yo misma lo puse a la temperatura equivocada...¿pero sabéis qué? No hay que dejarse llevar por la cubierta requemada, coges un cuchillo, la quitas y por dentro está buenísimo, y ya si le pones una buena mermelada...mmmm ¡delicioso!

Últimas noticias