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Robert Moreno y la teoría del cisne negro

RUEDA DE PRENSA DE ROBERT MORENO
Robert Moreno, durante su conferencia de prensa previa al partido contra RumaníaRodrigo JiménezEFE

Nassim Taleb se define es un ensayista, investigador y matemático financiero dedicado a estudiar la importancia de "la suerte, la incertidumbre, la probabilidad y el conocimiento". A él y a su libro "El cisne negro. La importancia de lo altamente improbable", recurre Robert Moreno para explicar todo lo que ha sucedido en los últimos días alrededor de su continuidad en el banquillo de la selección. "En un puesto con relevancia mediática como éste es normal que se pueda cuestionar tu continuidad. En lo que me puedo centrar es en el partido contra Rumanía. Como seleccionador, mi obligación es que los jugadores estén lo mejor posible. Es lo único que puedo controlar", asegura el técnico de la Roja.

Robert Moreno se presentó más tenso que en otras ocasiones ante los medios. Y más reivindicativo. "Un diez", dijo sin dudar cuando le preguntaron por la calificación de su trabajo y el del equipo durante la fase de clasificación para la Eurocopa. "Cuando das todo lo que tienes dentro tú, tu cuerpo técnico y los jugadores sólo te pueden poner un diez. Creo que hemos trabajado increíblemente bien", afirma. "Me lo dice mi madre cuando me ve por la tele", añade con una sonrisa. "A mi staff y al equipo les doy un diez".

"No necesito sentarme con Rubiales ni hablar con Molina, que son las dos personas que han confiado en mí y que me han dicho siempre a la cara las cosas. Le doy más valor a eso que a lo que se pueda percibir de la respuesta del presidente en una zona mixta", asume. Pero lanza un aviso a la Federación y a su presidente después de lanzar el mensaje de las dudas sobre su continuidad a través de los medios: "Mal iríamos si tuviese que ser ése el canal de comunicación. Mi canal de comunicación con ellos es estupendo, siempre me han dicho a la cara lo que hay que decir. Lo demás no lo puedo controlar".

A sus posibilidades de seguir en el cargo también las califica con un diez. "No me esperaba más rotundidad. El presidente y Molina, cuando me quieren decir algo, me lo dicen a mí, no a través de los medios. Lo que respeto es lo que él me ha dicho a mí", advierte. Pero Robert no ignora que los entrenadores tienen fecha de caducidad y que antes o después llega su momento. "En la vida y más en el fútbol, lo que hacemos es descontar días. Puede ser la semana que viene, el año que viene o dentro de ocho años, habiendo ganado dos Eurocopas y un Mundial o no ganando nada. Si hiciera caso a todo esto no viviría", reconoce.

"Lo que me interesa es centrarme en ganar a Rumanía. Me interesa el bien de la selección y el bien de la selección es ganar partidos. Como quiero ser entrenador durante muchos años y entrenar en muchos sitios, primero en la selección y después en otros sitios, lo que que quiero es hacerlo lo mejor posible para que el que tenga que decidir lo tenga en cuenta", afirma.