Los sábados de Lomana: “Que digan que saldremos adelante, visto el Gobierno que tenemos, no me tranquiliza”

Carmen Lomana
Carmen LomanaCarmen Lomana

Tengo una extraña sensación entre pereza y angustia de volver a enfrentarme a la vida fuera del confinamiento, al estrés diario, a los problemas, incluso a tener que ponerme tacones. Creo que me he acostumbrado a la zona de confort y seguridad de mi hogar, a salir cuando ha sido necesario a la calle y a que no me molesten los ruidos y las personas, a esa ciudad solitaria solo para mí con las hojas de los árboles limpias y brillantes como nunca las había visto. Es algo así como el “síndrome del nido”.

Hemos asumido no sin cierta angustia el parar, pero, ¿y comenzar? Me ha gustado vivir aislada sin consumir nada que no fuese necesario. En general, me siento mejor que nunca, incluso hago bicicleta estática, subo y bajo escaleras, me muevo como nunca por mi casa dando gracias a Dios por tener tanto espacio para mí sola. Nunca desde hacía años había dormido tan bien con unos horarios casi de bebé y siento una enorme paz. Los días van pasando, la rutina se impone, y estoy tranquila. Mi frontera son los balcones de casa y el invernadero donde cuido con esmero mis orquídeas.

Espero cuando el tiempo empiece a regalarnos sol y calor, algo muy escaso en este tiempo quizá porque ha preferido alinearse con nuestro encierro y ser solidario. Con la lluvia y el frío se hace mucho más llevadero el quedarse en casa. Me hace ilusión subir a tomar el sol a un lugar que acabo de descubrir y es precioso: la azotea de mi edificio, con vistas espectaculares e incluso jardineras con flores que un vecino se ha tomado la molestia de plantar y cuidar. Somos solo cuatro vecinos los que vivimos en este edificio y un conserje encantador que siempre está dispuesto a ayudarnos, a ir al supermercado para traer pan fresco, periódicos y todo lo que nos facilita la vida.

Los días van pasando y la rutina se impone, pero os mentiría si no os dijese que añoro sentarme en una terraza, almorzar en el jardín de Numa Pompilio con mis amigos, las noches de ópera, el cine, y por encima de todo salir a trabajar y sentarme en un plató para hablar de actualidad y política. Y hablando de política, éste sí que es un dolor y una preocupación añadida. Que digan que de ésta saldremos adelante, visto el impresentable Gobierno que tenemos, no me tranquiliza. Pedro Sánchez está vendido a comunistas y nacionalistas; por delante de sus predicamentos políticos, lo que me preocupa es su falta de formación, su ineptitud y falta de solidez política e intelectual. El presidente les tiene miedo y lo tienen en un puño.

Alemania y Europa son recelosos de darnos ayudas sin más condiciones dado lo visto en los últimos 8 años, en los cuales creo que España solo ha cumplido el objetivo de déficit una vez. Prometemos que vamos a ser buenos pero se gasta el dinero de forma irresponsable. Tenemos el ejemplo de los ERES, dinero que envió Europa para formación de personas en paro y directamente lo robaron para juergas y vicios varios, incluso para que algún sindicalista cutre lo escondiese bajo el colchón. Chiringuitos ideológicos de los amigotes del político de turno. Y con qué cara van a pedir dinero a Europa cuando por su espantosa gestión al frente del Covid-19 tenemos el mayor número de muertos por millón de habitantes. Con un ministro de Sanidad que se comporta como un mequetrefe sin formación médica ninguna comprando a no se sabe quién material sanitario en mal estado una y otra vez.

Me gustaría que Europa nos ayude pero enviando a los “hombres de negro” de la Troika para fiscalizar el gasto de estos irresponsables. Ya que con tal de ser reelegidos socialistas y bolivarianos son capaces de endeudarnos hasta el infinito para contentar a su votante. Por eso tengo miedo a volver a enfrentarme a la realidad.