La tragedia mantiene unida a la familia Catalán

El presidente de AC Hoteles, uno de los empresarios con más visión de futuro en el mundo del turismo, logró lo más difícil: la unión familiar, ahora marcada por la tragedia

Antonio Catalán, presidente de la cadena de hoteles AC
Antonio Catalán, presidente de la cadena de hoteles ACRolando GilLa Razón

El martes pasado Antonio Catalán, presidente de AC hotels by Marriots, volvió a demostrar el logro más importante de su vida. Un éxito que nada tenía que ver con su vertiente pública ni tampoco por estar considerado como uno de los empresarios con más visión de futuro en el mundo del turismo. Era más importante que todo esto. A sus 72 años y con seis hijos de tres matrimonios, había logrado la unión familiar entre todos los hermanos. Tarea difícil cuando hay tres madres, una diferencia de edad grande entre unos y otros, y una trayectoria profesional independiente. Y esta afinidad afectiva quedó de manifiesto la noche del 17 de noviembre cuando todos ellos tuvieron que sobreponerse y apoyar a un padre desolado, a una viuda afligida y a unos sobrinos adolescentes inconsolables. Todos habían perdido días atrás a un miembro del clan Catalán. Se trataba de la misa funeral celebrada en la iglesia de San Francisco de Borja por el alma de Carlos, el segundo hijo del empresario, que falleció a los 44 años y que también era vicepresidente de la cadena. Precisamente, por el cariño y el aprecio que los empleados habían demostrado a lo largo de los muchos años de colaboración laboral con él, y sobre todo en los últimos meses de su enfermedad, el padre quiso enviar una carta a los trabajadores de la empresa en la que explicaba los puntos fuertes de la personalidad de su hijo.

Vivir con su ausencia

Contaba que lo más difícil para todos venía ahora, cuando habría que aprender a vivir con su ausencia, «seguir adelante aunque solo sea por él». Y en este camino siempre estarán sus otros hijos acompañándolo en la parte afectiva y también en la laboral. Antonio Catalán habia delegado muchas de las funciones empresariales en Carlos en el que confiaba como su mano derecha. Esto le daba más libertad para no tener que estar «a pie de obra», como había hecho durante toda su vida.

De sus descendientes solo el fallecido Carlos y el primogénito Ignacio tenían vinculación con el sector hotelero de la cadena AC. Y en el caso de este último, economista de profesión, ha sido apoderado en varios de los establecimientos AC en Barcelona, Castellón, Elche, Tudela y Burgos. Hace cuatro años montó Toc Hostels, unos hostales dirigidos a gente joven. Es muy posible que además de controlar y dirigir sus negocios sea un punto de referencia para su padre al tener una gran experiencia y conocer el mercado del turismo y hostelero desde hace años. El resto de hijos –Alicia, Carlota, Alejandra y Toñete– desarrollan sus actividades laborales al margen del mundo empresarial paterno, pero eso no ha sido ningún obstáculo para que todos funcionen como una piña cuando hay problemas o situaciones de tragedia como la que ha sucedido este mes.

Hace años, y según aumentaba la familia, se implantó una máxima marcada por el patriarca que consistía en que todos los hermanos debían guardarse una semana para navegar o participar juntos en un plan de vacaciones. Solo ellos, sin cónyuges ni hijos. Esta iniciativa se ha mantenido a lo largo de los años y ha servido para que en momentos difíciles, como la enfermedad de Carlos, el apoyo fuera unánime y pasaran tiempo en Navarra, donde estuvo hospitalizado. Esta agenda lúdica se ampliaba con reuniones festivas en el Hotel Santo Mauro, que era el preferido de la familia, o fines de semana en la temporada de esquí en el AC de Baqueira. No todos ellos son taurinos pero si Toñete, el pequeño, toreaba, le acompañaban a la plaza. Sobre todo Carlos, al que muchas veces brindaba su lidia y que no faltó cuando tomó la alternativa en Nimes de la mano de Ponce. En septiembre de este año decidió abandonar los ruedos y volver a sus estudios de Empresariales. Pero la familia siempre le ha apoyado, tanto en sus comienzos como en su retirada.

Principios humildes

Antonio Catalán nació en Corella, un pueblo de Navarra de siete mil habitantes. Su padre tenía un taxi y la madre, un estanco. Comenzó a los 27 años su aventura empresarial al poco de casarse, abriendo un hotel en Pamplona con la ayuda económica de sus padres y de sus suegros. En 1997 decidió vender su participación y salirse del grupo NH para crear con las iniciales de su nombre y apellido los AC, que se convirtieron en una oferta urbana de calidad. Antonio Catalán ha trasladado a sus hoteles una manera de funcionar donde las relaciones humanas son muy importantes. Una sinergia afectiva laboral que ha servido para que en momentos difíciles como el de ahora esté rodeado de empleados que le respetan y amigos como el ex presidente Rodríguez Zapatero o el ex ministro Mayor Oreja.