Carmen Sevilla: ni en la ruina ni abandonada

Impactó y también inquietó el rumor de que Carmen Sevilla podría ser ingresada en una residencia. Parecía absurdo y hasta un despropósito, conociendo cómo es de atento su hijo Augusto Algueró Jr., quien en estos momentos viaja por el extranjero por obligaciones profesionales. Desde donde esté ha desmentido la posibilidad de tal internamiento, algo que me corrobora Moncho Ferrer, uno de los pocos incondicionales que visita a la folclórica al menos tres días a la semana. Carmen, tal y como le pasó a Adolfo Suárez, vive en su mundo a punto de cumplir los 85 años. Casi es de la edad de Marujita Díaz, hoy alejada de aquel mundo donde tantó bulló cuando en 1948 debutó con «Yo soy casado, señorita», una revista de Muñoz Román y del maestro Jacinto Guerrero, quien para las fiestas de San Isidro será homenajeado con un concierto en la Plaza Mayor. Se impone el casticismo como en el «spot» de Estrella Damm, donde aparecen Iker Casillas, Loquillo, Alaska con el imprescindible Mario, y Clara Lago, junto a la figura ya histórica de Lucio. Vuelvo a Carmen, a su salud y a su futuro. Moncho Ferrer, su íntimo desde hace 40 años, el mismo que colaboró con ella en un atrevido musical de Valerio Lazarov, echa por tierra cualquier supuesto desmesurado al ser conocedor de cómo valora su amiga estos establecimientos. No olvidemos que Carmen acabó ingresando en ellos a su madre y también a la fidelísima Agripina, quien fue más que su ayudante. Chocó que sus cenizas fueran recogidas por Norma Duval y no por la artista a la que vivía entregada. Moncho se explica: «Carmen está físicamente apagada. Soy el único al que reconoce, aunque a su lado siempre hay un par de empleadas del hogar y la imprescindible Angelita. Su casa de Rosales está perfecta y los cuadros de Picasso en su pared. No necesita nada ni está menesterosa, porque antaño ganó mucho dinero». Hay que recordar que Carmen hizo más de una colaboración en aquellas superproducciones de Hollywood que convertían Madrid en un plató internacional. Incluso se emparejó en historias bíblicas con Charlton Heston, que con el tiempo perdió su aura mística de hierático Moisés para adquirir esa fama de conquistador en «55 días en Pekín», película que supuso otro alarde de Samuel Bronston y donde Ava Gardner esta imponentemente guapa, aunque Heston en sus memorias de 700 páginas reseñó rencoroso que «con ella sólo podías trabajar a primera hora, después se ponía imposible». Por ese tiempo, nuestra belleza española de ojos únicos, tan frecuentadora de la noche madrileña, perdía la cabeza helénica amparada por Jorge Fiestas y siempre se hospedaba en lo que entonces era el Castellana Hilton. Allí vivió amoríos con Luis Miguel, que se prendó de sus hechuras y descaro. «Cuando la telefoneo y descuelga ella, pregunto por la señora, y me responde "Soy yo, Carmen". No siempre está ausente y eso me tranquiliza mucho», concluyó Moncho, que también veneró a Lina Morgan y sintió admiración por Sara Montiel. Tiene mucho que contar y que esconder. Sus memorias recuperarían un tiempo tan perdido como el que buscó Marcel Proust.