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La acusación de plagio que mantiene en vilo a Antonio Banderas

La lucha de una humilde familia para demostrar que «El lince perdido», película que ganó un Goya en 2008 y abanderada por el actor, podría haber sido robada a los legítimos dueños del proyecto dura ya más de una década

Antonio Banderas
Antonio BanderasETTORE FERRARIEFE

La lucha de una humilde familia sevillana para demostrar que la película «El lince perdido», ganadora de un Goya en 2008 y abanderada por Antonio Banderas, podría haber sido robada a los legítimos dueños del proyecto dura ya mas de 10 años. Los autores del proyecto original Miguel Ángel Romero Mejías y Carlos Hermo, registraron el guión y los dibujos de los personajes bajo el nombre «Aventuras en Doñana» en el registro de propiedad intelectual el 11 de febrero de 2003, aunque fueron creados en 2000 durante unos cursos de la escuela de animación de Almonte de los que formaba parte Raúl García, que una década más tarde dirigiría el film objeto de demanda. Queda constatado que personajes y guión existían como refleja la documentación aportada en el proceso 10 años antes de que la productora de Banderas llevase al cine la idea.

El informe pericial que acompaña el recurso de apelación es incontestable. Los personajes, los roles que desarrollan, la trama, los lugares donde transcurre la historia e incluso alguno de los nombres originales, guardan una similitud casi total. Los autores de la idea original ganaron un premio en 2000 por el que la Junta de Andalucía, en colaboración con Canal Sur, subvencionaban con 30.000 euros a Miguel Ángel Romero, dibujante y creativo y a Carlos Hermo, guionista para que desarrollasen la idea y plasmarlo en un largometraje de animación. Los autores quisieron llevar a cabo el argumento pero carecían de financiación. La misma Junta sugirió que buscasen ayuda en la productora Kandor Graphics y en la productora de Banderas.

La productora ofreció un pírrico acuerdo, 60.000€ y que los autores trabajasen como asalariados en el proyecto, cediendo la autoría. No aceptaron la oferta pero a los meses fueron conocedores, mientras buscaban financiación en otras productoras, de que los directores Raúl García Sanz y Manuel Sicilia había cambiado algunos detalles mínimos de los personajes y estaban acabando la producción de «El lince perdido». La Junta de Andalucía había entregado el proyecto a la productora de Banderas y subvencionó a la empresa con casi dos millones de euros en una operación que fue objeto de investigación por presunta corrupción.

Romero y Hermo pidieron explicaciones tanto a los responsables de la Junta como a los directivos de la productora que estaba desarrollando su idea, pero no obtuvieron respuesta. Fueron testigos de cómo su idea cobraba vida. Los autores intentaron paralizar la exhibición de la película solicitando unas medidas cautelares que no aceptó el juez. Unos meses después del estreno, el film era premiado con un Goya y exhibido en varios países y autores y productores se felicitaban por el éxito y recaudaban pingües beneficios mientras los autores originales se asfixiaban en trámites judiciales.

Fotograma 'El lince perdido'

El Juzgado Mercantil número 1 de Sevilla admitió a trámite la demanda interpuesta por el dibujante Miguel Ángel Romero contra los creadores de «El lince perdido» por el supuesto plagio del proyecto de animación «Aventuras en Doñana» que pertenece a Antonio Banderas y «Kandor Moon». Los demandados por infracción de derechos de propiedad intelectual fueron los directores del filme, Raúl García y Manuel Sicilia y las productoras Kandor Graphics y las distribuidoras del film. Los demandantes reclamaron 300.000 euros por daños morales y el 50 por ciento de los beneficios generados.

En primera instancia y tras más de 10 años de tediosa pelea en los juzgados de lo mercantil, en 2019, la Justicia mostró su cara más oscura que ante tantas evidencias y pruebas. Los directores de «El lince perdido» ni siquiera registraron los dibujos de los personajes del film. Incluso en declaraciones posteriores reconocen que los personajes y tramas fueron sugeridas por responsables de la Junta. En un engorroso escrito del juez aclara que puede no puede dar la razón por «haberse incumplido los plazos procesales, debido al inhumano cúmulo de trabajo en los juzgados de lo Mercantil de Sevilla» en la sentencia aprecia «similitudes entre ambas obras muy generales y no lo pudo considerar un plagio».

El dibujante y demandante, Miguel Ángel Romero, falleció en 2011 víctima del cáncer sumido en la tristeza y en unas situación de penuria económica vergonzante. La madre del fallecido, Monserrat Romero Beltran, como una madre coraje que clamaba justicia, contrató los servicios del letrado sevillano Sergio Iglesias de la Rua para el recurso de apelación que fue presentado cuando faltaban unas horas para que expirase el plazo. Tanto las notificaciones como la documentación reclamada a los organismos implicados no han brillado por su transparencia, haciendo más difícil aún esta lucha tan desigual.

En el recurso de apelación se ha incluido un informe pericial riguroso y con evidencias claras de similitudes indubitables entre un proyecto y otro que inducen al plagio. De la Rua, se muestra optimista y convencido de que prosperará el recurso ante la audiencia Provincial. Tanto el letrado como la familia del dibujante están convencidos de que la ignonimia que llevan sufriendo desde hace 2 décadas será repuesta. Si las productoras demuestran insolvencia, se solicitará la responsabilidad civil de los administradores de las mismas y de los directores del film demandado.

Los demandantes están dispuestos a llegar al Tribunal supremo o buscar justicia en el Tribunal europeo. Aunque en primera instancia no fuese favorable, debido a los organismos implicados y las circunstancias de la parte demandante que no pudo costear el informe pericial que demuestran el evidente plagio y conllevó una lucha desigual. De igual modo que supondría un desprestigio para Antonio Banderas y los políticos que le acompañaron en la ofensiva foto de promoción y que nunca han quisieron resolver el caso de manera amistosa. Quizá se repita la leyenda de David contra Goliat.