Sagas
Mauricio González-Gordon: el último Tío Pepe será el primero
Está al frente de González Byass, elegida octava entre las cincuenta bodegas más importantes del mundo
Todas las familias cuecen habas, pero pocas son capaces de gestionar una bodega que se cuele en el octavo puesto del ránking de las cincuenta mejores del mundo, elaborado a partir de los datos de la empresa británica Virgin Wines. González Byass se erige como la única casa vinícola del Marco de Jerez presente en el listado y la segunda española mejor posicionada de las dos únicas que figuran en él, todo un orgullo para su presidente, Mauricio González-Gordon, y el resto de la familia. «Esta selección considera aspectos que van desde la longevidad y el legado familiar, hasta los logros en sostenibilidad y responsabilidad social, pasando por la innovación y el compromiso con los consumidores. Esta amplitud de criterios hace que nos sintamos todos considerados, desde el equipo ejecutivo al accionariado», comenta a LA RAZÓN.
La historia de la bodega se remonta a casi 200 años atrás, cuando en 1835 Manuel María González Ángel levantó un proyecto que hoy va por su quinta generación. Pese al capital que maneja –con unas ventas netas de más de 200 millones de euros– y la complejidad de su entramado, Gonzalez Byass sigue siendo, en esencia, una empresa familiar: «Somos 170 accionistas, todos descendientes directos de mi tatarabuelo, y aunque con el paso de las generaciones la proporción de miembros de la familia que están directamente implicados en la gestión o administración de la empresa va siendo menor, procuramos que los que tienen otras ocupaciones mantengan un vínculo cercano, reciban información y conozcan la historia y actualidad de la empresa».
Tan importante es el valor de la familia que uno de sus vinos más famosos alrededor del globo debe su nombre al apelativo cariñoso con el que se referían a uno de sus parientes: «Si hablamos de simbolismo, la marca es Tío Pepe. Tras tomar su nombre de un familiar que asesoró a nuestro fundador hace 170 años, hoy es, además de un gran producto, un icono muy reconocido y el vino de Jerez mejor distribuido en el mundo».
Sin embargo, la sangre González Byass no constituye un pasaporte directo a la gestión o administración del negocio familiar. Quien aspire a llegar alto en la pirámide de la bodega deberá trabajar tan duro como cualquier otro sin apellidos. «En mi juventud, nunca me dijeron que podría dedicarme al negocio familiar. El mensaje fue formarse bien y buscar trabajo. Tras pasar por dos multinacionales americanas, me ofrecieron incorporarme a González Byass para llevar la planificación económica. Desde entonces fui ocupando diferentes responsabilidades antes de entrar en el consejo. Los años pasaron deprisa», recuerda González-Gordon sobre sus primeros pasos en la firma.
Uno de los principales retos del viñedo es encarar el futuro respetando esa tradición ancestral que les hace únicos, empezando por las instalaciones centenarias: «La bodega de Jerez tiene construcciones históricas del siglo XIX, y aunque mantienen su actividad productiva, son costosas de conservar. Sin embargo, ese patrimonio monumental -hoy protegido- nos ha permitido impulsar la actividad del enoturismo, que potencia la imagen de nuestras marcas y ofrece experiencias para su disfrute».
Visitas reales
Tras la primera visita de la Reina Isabel a la bodega en 1862, todos sus descendientes hicieron lo propio, incluidos los Reyes Felipe VI y Letizia. «Recuerdo la visita de don Juan Carlos y doña Sofía, que fue entrañable. Tras visitar la bodega, se quedaron a almorzar y la mayor parte de la familia tuvo la ocasión de saludarles», rememora González-Gordon. Como las monarquías, a los González Byass les caracterizan los años de legado familiar y la distinción de la sangre que corre por sus venas, aunque en su caso no es azul, sino tinta.