Nueva York

El «sacrificio» de Carmen Thyssen

«Tuve que renunciar a todo en favor de los herederos de mi marido para que viniera su colección a España, porque Heine quería la colección unida. Por esa razón no tengo liquidez», confiesa a LA RAZÓN tras la subasta de «La esclusa»

El «sacrificio» de Carmen Thyssen
El «sacrificio» de Carmen Thyssenlarazon

Ha sido una semana muy especial para Carmen Thyssen, y sin embargo la ha llevado con mucho aplomo. En el otro lado del hilo telefónico, se oye el griterío de sus dos hijas pequeñas en la playa. Por primera vez, vendía un cuadro de su colección, algo que no todos han visto con buenos ojos, incluso traumáticamente porque suponía desgajar, aunque fuese por un sólo cuadro, el conjunto de su colección. De manera muy especial, el trauma ha sido para la hija del barón Thyssen, Francesca de Habsburgo, algo que a la quinta esposa de su padre ni le inmuta. Se lo toma con humor, incluso con desprecio. «No le doy importancia a lo que diga: hago como mi marido, que sabía como era su hija y no le hacía caso... En fin, no tiene ni idea de lo que está hablando».

Las peleas de Francesa y Carmen Thyssen podían llenar un libro, pero aún así, cuando se ven –siempre que no rehúyan el encuentro– pueden abrazarse y decirse al oído: «Te quiero, querida». En esta ocasión, la bronca ha sido más pública, incluso con gestos políticos, como poner encima de la mesa la dimisión de Norman Rosenthal –nombrado patrono del Museo Thyssen a petición de Francesca– en protesta por la subasta de «La esclusa», de John Constable, en Londres.

Renuncia y sacrificio
El cuadro se vendió el pasado martes en una subasta de Christie's por 24,8 millones de euros. La razón es muy sencilla y humana: Carmen Thyssen necesitaba «liquidez», tal y como ella lo expresó sin dejar margen a la culpabilidad. Sí, posee una gran fortuna en obras de arte pero no tiene dinero tocante y sonante. Algo que pude ser un insulto en los tiempos que corren, tiene una explicación muy sencilla. Así lo explica: «Tuve que renunciar a todo en favor de los herederos de mi marido para que viniera su colección a España, porque Heine quería la colección unida. Por esa razón no tengo liquidez. Tuve que sacrificar toda la parte financiera e industrial en favor de la colección, y lo hice no a mi pesar, sino porque conocía los desesos del barón».

Pero había otra razón para que el malestar contra Carmen Thyssen llegara hasta el Ministerio de Cultura: además de la venta de «La esclusa», cincuenta obras viajaban hasta Sant Feliu de Guíxols para exhibirse en una exposición y negocia con la Generalitat de Cataluña, el Ayuntamiento de Barcelona y La Caixa abrir un museo en el Pabellón Victoria Eugenia de la Fira de Montjuïc... Es decir, por primera vez, se ven huecos en las salas de Palacio de Villahermosa, sede del Museo Thyssen en Madrid. ¿Una forma de presión? Ella sólo dice que ha prestado durante trece años su colección gratuitamente: «Comprendo la situación de crisis que vive el país, pero no creo que el Ministerio de Cultura esté disgustado conmigo, al contrario, creo que sólo puede mostrar agradecimiento».

Además, no entiende por qué le critican por vender una obra que es de su colección privada. Recuerda que el barón y ella la compraron en 1990 en Londres (por diez millones de libras; ahora la han vendido por más de 28) y él quiso que estuviese en la colección de su mujer y no en la de él. Por otra parte, es sabido que hay un acuerdo tomado en el Patronato del museo según el cual ella puede vender un diez por ciento de la colección (el Constable supone el 4,5). «No he hecho nada que no pueda hacer, y además informé de la venta, algo a lo que no estaba obligada, por pura cortesía. Entonces, ¿a qué vienen los gritos de Francesca y las dimisiones?, se pregunta.

En cuanto a la dimisión de Norman Rosenthal es clarísima: «No se merece el menor respeto... Su dimisión me parece absurda porque tengo la libertad de poder vender ese cuadro». «¿Pero quién es ese Rosenthal para meterse en este asunto? Él no no tiene que ver con esta historia. Rosenthal sólo es un asesor de Francesca en su venta de cuadros y por eso está en el Patronato». Recuerda que Francesca de Habsburgo (el apellido le viene de su matrimonio con Carlos de Habsburgo-Lorena) vendió, a los seis meses de fallecer su padre dieciocho cuadros de pintores americanos que le había regalado. Carmen Thyssen incluso compró uno por teléfono. Luego subastó seis pinturas impresionistas. Le asesoraba Norman Rosenthal. Ahora está más centrada en el arte contemporáneo a través de la Fundación Thyssen-Bornemisza Arte Conemporáneo creada por ella.

La verdadera batalla
Y los temas en los que Rosenthal no debería meterse, según Carmen Thyssen, son los que afectan a los pactos sellados por la familia, verdaderas guerras mediaevales por el control del patrimonio. La última «paz» se firmó en febrero de 2002 cuando acordaron que al frente de fortuna familiar –valorada por entonces en 2.700 millones de dólares– estaría, por un lado, el primogénito Georg Heinrich, que representa los negocios familiares de Bermunda Trust y Thyssen Bornemisza Group, mientras Carmen Thyssen ostentaría la vicepresidencia vitalicia de la Fundación Thyssen. En el llamado «Pacto de Basilea», además de los hijos del barón, Georg Heinrich, Francesca y Lorne (Alexander no quiso participar), participó Borja, el hijo díscolo de Carmen Thyssen. El barón murió tres meses después.

Esos son los asuntos familiares de los que Rosenthal no tiene ni idea, según Carmen Thyssen, o por lo menos cómo fue el fragor de la batalla (sólo las costas del proceso alcanzaron los cien millones de dólares), y que Francesca no debería olvidar, porque hay un acuerdo que dice que ninguno de los firmantes puede impugnarlo, porque de lo contrario queda automáticamente excluido.

Madrid, Málaga, Barcelona... Carmen Thyssen, ¿una nueva franquicia del arte? De su exposición en Sant Feliu de Guíxols, población de la Costa Brava donde tiene la casa que heredó de Lex Barker, actor que encarnaba a Tarzán, sólo tiene que decir que «me piden hacer exposiciones temporales y presto las obras; también las he prestado a la exposición del Hopper en Madrid...». Por otra parte, no esconde que le gustaría que una parte de su colección recalara en Barcelona, aunque suponga retirar obras de Madrid. Comprende que esa idea n pueda no gustar al Ministerio de Cultura, pero, insisite, su colección está prestada desde hace trece años gratuitamente, y parece que el Gobierno prefiere dejar pasar, de la manera que sea, la idea de comprarla en plena crisis económica.

Excensión, licencias...
Hay quien piensa que Carmen Thyssen se favorece de algunos privilegios y que la venta del cuadro de Constable no corresponde con ese estatus. Por ejemplo: ella tiene una excensión fiscal, que se firmó hace tiempo. Ella tiene la nacionalidad suiza, por lo que su tributación a la Hacienda pública es como la de los futbolistas extranjeros.

Incluso, que tiene demasiadas licencias para sus agentes de seguridad o que consiguió que la ex vicepresidenta Elena Salgado permitiera la marca Carmen Thyssen para su museo de Málaga, dado que no podía utilizar el apellido «Bornemisza» al pertenecer la marca a la Fundación Thyssen-Bornemisza. Ese pleito lo perdió, pero los que conocen bien el caso creen que sólo fue una batalla de poder en la que se empeñaron sus abogados: después de todo, había en juego poco dinero.


LA POLÉMICA
24,8 millones por un Constable
«Ha sido una buena operación para el comprador». Así ha definido un especialista en mercado del arte la subasta de «The lock» («La esclusa»), de Constable. Cree, además, que el cuadro, en otras circunstancias, podría haber alcanzado un 30 por ciento más del precio por el que se adjudicó, 24,8 millones. El que se trate de pintura inglesa del siglo XVIII, un género muy especializado para colecciones británicas, también reducía los compradores y, por lo tanto, el que la puja fuera más moderada. Esto sí, es un cuadro que debe estar en un museo.

El Goya escondido
Borja se presentó un día en el Museo Thyssen con la intención algo pueril de llevarse un cuadro que, decía, le pertenecía. Se trata de una pintura de Goya, «Mujer con dos niños junto a una fuente», que el barón compró en Nueva York en los días en el que el pequeño Borja iba a ser bautizado en la Catedral de Saint Patrick. La Audiencia Nacional destimó una querella, pero para que no se repita el incidente –u otro irreparable– la pintura ha sido retirada del museo. Una medida salomónica.


Carmen y Sabina cumplieron ayer seis años y lo celebraron en la playa
Hoy inaugura en Sant Feliu de Guíxols una exposición con cincuenta de sus obras, pero ayer Carmen Thyssen aprovechó el día para celebrar el cumpleaños de sus dos hijas, Carmen y Sabina. Su madre las llevó a la playa. Las mellizas María del Carmen y Guadalupe Sabina han nacido en Estados Unidos y fueron adoptadas en 2007. Por contra, sus dos nietos, Sacha y Eric, son algo más pequeños. Sus padres, Borja Thyssen y la ex modelo Blanca Cuesta, han impedido que su abuela pueda conocerlos, incluso acercarse a ellos. Las pretensiones de Borja sobre la herencia de su madre (ella es suiza y allí no existe la legítima) han creado una situación realmente complicada. Carmen Thyssen ha advertido: «Mientras viva, Borja heredará si quiero».