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La cultura pide un cambio

Mariano Rajoy se reunió ayer con la gente del teatro para conocer de primera mano sus preocupaciones días después de hacerse pública la «Declaración de Cartagena», hoja de ruta del PP que propone una cultura desideologizada 

Marino Rajoy se reunió ayer en el Teatro Calderón con representantes del mundo del teatro, entre los que estaba la empresaria Blanca Marsillach
Marino Rajoy se reunió ayer en el Teatro Calderón con representantes del mundo del teatro, entre los que estaba la empresaria Blanca Marsillachlarazon

Convertir la cultura en motor de la economía y pieza fundamental para salir de la crisis. Esta es la idea sobre la que el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, ha vertebrado la «Declaración de Cartagena», un texto hecho público el 17 de mayo y en el que esboza las líneas maestras para elaborar un gran pacto nacional sobre la cultura, a la que considera «un asunto de Estado que trasciende cualquier división ideológica y partidista al constituir uno de los elementos que vertebran la identidad de la Nación española». Una idea que ayer quiso transmitir a la gente del teatro, con quienes se reunió en Madrid para conocer las preocupaciones del sector. Independencia intelectualEsta hoja de ruta del Partido Popular nace para impulsar una iniciativa múltiple que abarque tanto al Gobierno central como a las Autonomías con el objetivo de acordar un gran acuerdo social por la cultura cuyas principales líneas de actuación son: eliminación del partidismo en las iniciativas culturales desde las diferentes administraciones del Estado; respeto de las instituciones por la independencia de intelectuales, creadores y artistas; estabilidad de la legislación en materia cultural; consideración de la industria cultural como un sector clave para crear riqueza; compromiso por parte de las instituciones de facilitar la creación de plataformas de difusión y venta de productos intelectuales a través de la red; y plataformas que no culpabilicen ni castiguen al usuario y que reconozcan el valor y la dignidad del trabajo de los autores. La «Declaración de Cartagena» ha provocado ya las primeras reacciones desde diversos sectores que se muestran favorables a la idea de un cambio en forma de pacto nacional por la cultura, así como a la elaboración de una Ley de Mecenazgo que «facilitará extraordinariamente la entrada del sector privado en el sostenimiento de la industria», aseguran desde el Partido Popular. El profesor de Filosofía y escritor José Antonio Marina se muestra, sin embargo, un tanto confuso ante la propuesta del citado pacto: «No sé qué decirle porque no comprendo de qué se trata. Se mezcla la cultura, la industria cultural, la imagen de España, el papel de los políticos en la cultura. Son demasiados temas y la declaración se pierde en vaguedades. Creo que se está hablando, sobre todo, de un plan de protección y ayuda a la exportación de la industria cultural. Y de librar al mundo de la cultura del mangoneo político. Ambas cosas me parecen bien», asegura Marina, para quien «la cultura siempre está politizada. De lo que se trata es de que no esté gubernamentalizada. La cultura de las subvenciones fomenta el amiguismo y el compadreo» y cree posible en España una cultura que no viva tan pendiente de las ayudas. Un presupuesto que mermaPara la bailarina Tamara Rojo, las subvenciones «son positivas siempre que estén otorgadas por un consejo formado por personas honorables, reconocidas por la sociedad profesionalmente y que no tengan intereses directos e indirectos en las decisiones que tomen». La artista apoya sin condiciones la propuesta de una ley de Mecenazgo, «imprescindible para la danza y para el resto de las artes escénicas. Es, además, positivo para la sociedad en su conjunto de individuos, empresas, asociaciones, etc, para que puedan participar en la creación del arte», idea que comparte Albert Boadella, dramaturgo y director de Els Joglars: «Es esencial porque en el futuro habrá un porcentaje mayoritario de actividades culturales que estarán bajo patrocinio, fuera de la Administración. Se ve venir, porque el presupuesto cada vez se recorta más. La única posibilidad que queda es la intervención de empresas y volver a acostumbrar al ciudadano a que hay determinadas cosas que tienen un precio». Tomás Marco aplaude también la propuesta de una norma: «Es necesaria y hace falta ya y no una porquería como la que tenemos. No se puede seguir parcheando por más tiempo. Además, creo que ningún poder gubernamental puede renunciar a la cultura», advierte el compositor, quien comparte, asimismo, la idea del PP sobre eliminar todo partidismo de la cultura: «España necesita quitar cualquier tipo de ideología», dice.Sobre el pacto de Estado propuesto por Rajoy, declara Boadella que «en el momento actual es casi una prioridad. Las administraciones lo primero que consideran un lujo son las cuestiones culturales». Y resume: «La iniciativa es interesante, aunar fuerzas me parece muy bien». Eso sí, el director de los teatros del Canal pone un «pero»: «El problema es siempre el mismo: las Autonomías, según cuáles, van a lo suyo, y lo hacen también en las cuestiones de contenidos culturales, con las que son muy sectarias, especialmente Cataluña, Baleares y el País Vasco». Le toca el turno al cantante Loquillo: «Siempre me he manifestado a favor de un pacto por la cultura en España entre todos los partidos políticos, incluídos los nacionalistas». Y prosigue: «Sobre la Declaración de Cartagena, al señor Rajoy le falta bajar al suelo. ¿Cuál es la imagen que se que quiere proyectar de la diversidad de la cultura española en el mundo? ¿La que dicta el mercado? ¿Va a estar sujeta a las leyes del mercado, a los gustos que nos dicten desde Miami? La cultura no es patrimonio de ninguna ideología ni opición política ni opción económica. Es patrimonio de los ciudadanos», concluye el cantante. Desde el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (CAC), su director, Fernando Francés, se muestra partidario de un pacto por la Cultura, «si los dos grandes partidos llegan a un acuerdo. Estamos ante una propuesta, una declaración de principios, temas generales. Españoles en la Tate ModernEl siguiente paso es ver cómo llegar a ese acuerdo», explica, y subraya con respecto a la imagen que tenemos en el exterior que «la Seacex no ha promocionado a los artistas españoles, no los ha colocado, por ejemplo, en la Tate Modern». ¿Ley de Mecenazgo? Claramente a favor, «pero que no se fije en los grandes asuntos de política de Estado, sino en la realidad social, y que se aleje así de la dependencia que tiene la cultura de la política, que es absoluta». Para Francés, todo dirigismo es perjudicial y controlador: «Hay artistas que han cumplido ya los 50 y han vivido siempre de subvenciones y de premios», dice, y cree firmemente que «si se diera la coyuntura idónea de desgravación fiscal con una legislación adecuada sería un proceso automático que llevaría 2 o 3 años. ¿Por qué, si países como Alemania o Suiza lo hacen, nosotros no? Algo estaremos haciendo mal o algo deberíamos hacer mejor», reflexiona en voz alta. De la profesión también, el galerista Guillermo de Osma comenta que «es muy importante que haya propuestas de este tipo. Y lo fundamental es que no existan injerencias políticas, es lo que destacaría, lo que me parece más importante del texto, incluso por encima de la Ley de Mecenazgo, que la tiene y mucha». Se «calienta», asegura, cuando observa que «la política está completamente ligada al poder, y más aún en el mundo nacionalista, donde existe más interés en manipularla. En el País Vasco y Cataluña es casi inevitable», declara. Al pedirle a Tomás Marco que destaque uno de los puntos del texto popular no vacila: «El apoyo de España en el exterior, porque nuestra proyección internacional ha estado mal tratada y es hora de enmendar esta actitud», comenta. ¿De qué manera beneficiaría a la cultura desligarse de etiquetas de partido? «La educación debe estar a salvo de ideologías. Las actividades culturales, no», señala Marina. Y prosigue: «Lo que debe estar es a salvo del dirigismo gubernamental. Cultura de derechas, de izquierdas, de centro o mediopensionista. Pero no con el dinero público», termina. Enrique Cornejo, veterano y curtido empresario teatral, se muestra de acuerdo con la propuesta de un pacto que considera «indispensable. Los políticos se creen en el derecho de hacer, durante cuatro años, la política que quieren, y rectifican en cuanto llegan las decisiones de su antecesor, aunque estuvieran bien». El productor y gestor asegura sobre otro de los puntos abordados en Cartagena por el PP que «el mecenazgo es algo por lo que venimos luchando algunos desde hace más de 40 años. El PP tiene un estudio que yo le presenté nada más llegar Aznar a la presidencia. Señalaba no sólo que el mecenazgo debía incorporarse a la legislación, sino que tenía que contener referencias específicas a los sectores más necesitados, el teatro y la danza».Otro hombre de teatro, el director Juan Carlos Pérez de la Fuente, matiza: «Un pacto de Estado me parece bien de entrada, pero el teatro es una realidad viva, cambiante, no hablamos de proteger el Museo del Prado o la Catedral de Burgos, y hay que sentar las bases objetivas para ver qué papel desempeñan los poderes en el hecho teatral». Y añade sobre la Ley de Mecenazgo: «Me parece necesaria, pero creo que los políticos se la tienen que tomar en serio, buscar nuevas fórmulas». Y El escritor y periodista Adolfo García Ortega se muestra escéptico con la propuesta nacida desde las filas populares, cree posible posible una cultura sin subvenciones –«Son un sistema artificial de sostenimiento de la falta de talento»– y se pregunta en voz alta para qué sirve hoy un Ministerio de Cultura «cuando no existe una política de "cultura española", ya que todo está fragmentado en una confusión de mediocridades locales y autonómicas».