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Zamorano / Director general de Radio Nacional de España

Benigno Moreno: «A veces hay que decirle a la gente que no es tan buena como se cree»

  • Benigno Moreno: «A veces hay que decirle a la gente que no es tan buena como se cree»

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03 de marzo de 2012. 21:23h

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4/3/2012

Tenemos un sentido de la orientación tan extraordinario que sólo funciona a horas poco recomendables. Así que nos pasamos media mañana dando vueltas por los pasillos de la Casa de la Radio, en Prado del Rey. Mientras tratamos de situarnos, nos sentimos como si pisáramos el acelerador del Delorean de Regreso al futuro: en cualquier instante puede saltar El Cordobés tras una esquina. Sin embargo, más allá de esa ya casi entrañable estética de turista un millón, Radio Nacional de España hoy puede presumir de haber alcanzado, con los inevitables arañazos que conlleva todo cambio, la modernidad. Una evolución que ha supuesto la voluntad de pasar del hexámetro al verso libre o del cd al mp3. Y uno de los responsables ha sido su director general, Benigno Moreno, a cuyo despacho conseguimos llegar gracias a la ayuda de una chica de prensa. Lo que una vez más demuestra que no hay mal que por bien no venga. Sobre todo si hablamos de radio. O no sólo:
«La radio sigue viva porque tiene dos valores fundamentales. Uno de ellos es que hablamos al oyente al oído: es un medio de comunicación de masas persona a persona. Y muy importante: es un medio más barato».

Lo que significa que sea peor.  
Al contrario. A diferencia de la televisión, tenemos el tiempo suficiente para desarrollar ideas complejas, también para emocionar. Hay un espacio propio, único, del que debemos ser conscientes. Y es el que estamos desarrollando en RNE.

Es curioso, porque aún hoy la gente, cuando despierta, lo primero que pone es la radio.
Con los tiempos que corren, la radio sigue haciendo compañía. Hay una vinculación especial, casi familiar. Quienes hacemos radio acompañamos al oyente cuando se despierta, conduce o trabaja. Siempre estamos ahí.

Prácticamente cumple una función social.
Quizá atenuemos un poco los males de nuestro tiempo, esa sensación de soledad, de estar a la intemperie. Todo eso va a permitir que todavía haya un recorrido futuro bastante largo.

¿En el mundo de Twitter sigue teniendo sentido que la radio se pegue tanto a la actualidad?
Por ejemplo, en Radio 5 nuestro objetivo ahora mismo no es sólo dar la noticia y leer el teletipo. También ofrecemos análisis. Eso nos está ayudando a que ese canal encuentre un sitio más razonable y tenga además un proceso de crecimiento.

Es decir, también se intenta contar el porqué.
En el caso de Radio Nacional, del canal generalista, hemos potenciado «los gabinetes». Esa apertura de contenidos se realiza trayendo a los mejores, con distintas voces, para que así vayan un poco más lejos de la mera noticia.

Hablábamos de internet. Es un medio con el que la radio se complementa la perfección. 
Tanto es así que hemos integrado radio y televisión en internet, con la propia generación de contenidos de la gente que trabaja en la web. Eso hace que tengamos el portal radio y televisión más potente no sólo de España, sino en español. En el mundo entero.

Y con una imagen moderna.
Pero aceptada, porque, si te pasas, pierdes el sitio. Hay algo que me ha parecido esencial: tenemos que arriesgar en formato. No podemos hacer una radio simplificada, de entrevista y llamada, pues el medio es mucho más rico.

Ha sido un cambio muy grande para RNE, que arrastraba cierta imagen de anquilosamiento.
Hemos sabido adaptarnos a los tiempos. Y tengo que decirte que me siento muy orgulloso de haber participado en ese cambio, en una renovación de contenidos y estilos que ha dado sus resultados. De hecho, ahí están, para el que quiera comprobarlos.

Licenciando en Ciencias de la Información- Imagen y Sonido- por la Universidad Complutense, con una carrera profesional vinculada a Radio Nacional como técnico y realizador, logrando varios reconocimientos internacionales, este zamorano contesta a las preguntas tras su mesa, entrando siempre en detalle. Con Castilla y León siempre en su memoria, como el aleteo de un recuerdo, charla con afabilidad y cercanía, sin manejar la habitual jerga del BOE, demostrando que la ironía es sólo el hartazgo de la inteligencia. Trabajador y detallista, aceptó la propuesta de dirigir Radio Nacional de España sin tener un perfil periodístico o político, simplemente porque era lo que debía hacer y porque creía en ello. No se queja de las muchas incomodidades de la responsabilidad. Quizá vaya en los orígenes:
«Es lo que he visto en casa, con mi madre criando a los hijos para que  pudiéramos estudiar, mientras mi padre viajaba de lunes a viernes. Sencillamente hay que trabajar, pues nadie regala nada. Eso es todo».

Naciste en Benavente…
Lo que pasa es que, cuando tenía dos años, nos fuimos a Salamanca. Los recuerdos de Benavente son los de las vacaciones, los del verano, que, por cierto, casi siempre son los mejores…

A los siete os fuisteis a Madrid.
Hice la Comunión en el colegio y a los pocos días nos fuimos. Tengo todavía la imagen en mi cabeza de nuestro coche, con el camión de la mudanza delante de nosotros. Mi padre dice que no fue así, pero mi memoria asegura lo contrario.

¿Cómo fue llegar a la capital?
Es la sensación de mirar hacia atrás y experimentar una especie de ruptura, un vacío muy grande, de «a dónde iré ahora». Cosas de niños. Fue como una ampliación del campo, de repente el mundo se hizo muy grande.

Y eso que la ciudad no era lo que hoy es.
Me acababan de arreglar una bicicleta con rueditas, con unos tacos de madera en los pedales, porque no llegaba. Cuando llegamos, estuve paseando por la calle de mi casa, en Moratalaz. Parecía inmensa…

¿Ya te gustaba la radio?
Sobre todo, me gustaba saber por qué funcionaban las cosas. Cuando mis padres compraron una tele, la abrí. Quería saber cómo era posible que de ahí salieran todas esas imágenes en movimiento. Era muy pequeño y me parecía una especie de bombilla mágica.

Así que toqueteabas todos los aparatos.
Y fui a más. En el colegio hacíamos prácticas de electrónica, ya un poco más avanzadas. Para sacar dinero del viaje de fin de curso, nos autorizaban a montar guateques. Nos compramos un circuito electrónico muy básico e hicimos el juego de luces. Yo creé un mezclador de sonido.

Ya ibas encaminado hacia la radio.
Antes entré en la Escuela de Industriales, pero llegó un punto en el que me di cuenta que lo que me gustaba era tocar los aparatos y comunicar. Y me pasé a Imagen y sonido.

Era una buena época para la carrera.
Se estaba intentando que la universidad fuera experimental, con muchas prácticas. Algunos alumnos, entre los que estaban Manolo Lama o Yolanda Flores, hicimos un proyecto para hacer una emisión todos los fines de semana. Aprendimos mucho.

¿Cómo llegas a Radio Nacional?
Como norma, siempre me presentaba a las oposiciones. Era muy atractivo que me pusieran una pegatina y me dejaran entrar en Prado del Rey. Y la primera vez que me presenté a la oposición saqué una nota bastante alta en tecnología, pero cuando me pusieron a hacer el práctico…

¿Era la primera vez que entrabas a un estudio?
Así es. El examinador se quedó anonadado, ante la nota que había sacado en el teórico. Me estuvo enseñando a manejar todo. La media hora que te daban para hacer las prácticas la aproveché para aprender.

Hasta que finalmente entraste….
Me presenté a una oposición para Bilbao, quedé segundo y me contrataron en Madrid para un verano. Las siguientes las saqué, en Zaragoza, en el 83.

Ese fue otro momento interesante, de ruptura, de ganas de hacer cosas…
Entró gente muy joven que hoy es la que prácticamente dirige Radio Nacional. No sabíamos del todo cómo hacer radio, pero lo suplíamos con ilusión y esfuerzo. Esa ingenuidad y esa valentía de los jóvenes he intentado no perderla…

¿Y cómo acabas metido dirigiendo RNE?
Ah, las casualidades que tiene la vida… En las etapas previas al cambio de la corporación nunca me quise implicar en un solo ámbito directivo, porque no creía en el modelo.

Que era prácticamente político, no profesional.
No me parece bien que el modelo de una radiotelevisión pública sea dependiente de un gobierno. Es público, del estado, como la Seguridad Social. Y es lo que me gustaría que la historia dijera en los próximos años de esta casa…

¿Entonces cuándo llegas a la dirección?
Estaba en un departamento que se llamaba Programas especiales y Promociones, como realizador. En la práctica, llevaba el departamento. El director general, Santiago González, entendió de su importancia, pues el cambio de la radio debía ser muy profundo. 

La forma y el fondo como una sola cosa.
Por eso quería que despachara directamente con él. Me transmitía las directrices del Consejo de Administración y del presidente y yo me encargaba de facturar todas esas ideas.

¿Y aceptaba tus opiniones?
Igual soy un poco seco, como toca en Castilla y León. Pero siempre voy de frente. No me ando con tapujos. Eso creó una relación muy buena. Cuando hubo un relevo en la dirección de programas, me lo ofreció.

Y empezasteis a desarrollar el proyecto.
Radio Nacional había que modernizarla, tenía que ser rentable, eficaz, trabajando con rapidez y solvencia. Y cuando a Santiago lo pasaron a televisión me hizo una jugarreta y le dio mi nombre al presidente.

Para acabar metido en este follón…
Sinceramente, no me consideraba –y me iré sin considerarme- a la altura de esta responsabilidad. Pero en la vida, si crees en un proyecto, no puedes quedarte agazapado. Hay que ir de frente, ya sabes.

Asumir la responsabilidad, nada más.
No podía echarme atrás. Tenía que defender el proyecto.  Ahora, al final de mi etapa, sé que el director es el último responsable de todo un proyecto. Es el que tiene que liderar ese proyecto en el que intenta siempre poner a los mejores.

Casi nadie comprende al que decide. Se queda solo. 
No es fácil. A veces hay que decirle a la gente que no es tan buena como se cree. Y eso debe hacerse convenciendo, nunca imponiendo. Hay que demostrar día a día que el camino escogido es el correcto.

En ese camino, la imagen de modernidad, de ruptura, ha sido fundamental, insisto.
Cuando llegué a la dirección de programas, lo primero que pedí fue un conocimiento real del suelo que tenía. Dónde estábamos, cómo se nos percibía. Y el panorama era desolador. No entraba un oyente nuevo en Radio Nacional desde hacía años.

Se percibía como una radio vieja, del gobierno.
Exacto. Pero en el siglo XXI. Por ejemplo, Radio 3 tenía la misma audiencia que en su nacimiento: no había renovación para una cadena que se pretendía joven. Optamos en prime time por programas relativamente convencionales. En cambio, en otros horarios, nos arriesgamos.

¿Y funcionó?
Al comienzo hubo un enorme rechazo, como pasó con la integración en internet. Nos decían que estábamos perdiendo el norte. Pero dimos tiempo, porque en la radio nos sentimos todos unidos por una pasión. Y tomar las decisiones implica jugársela y esperar.

¿Qué pasará cuando te cesen?
Nada. Será otro paso más en mi carrera. En el cajón tengo todo lo mío. Y tengo los dossieres de trabajo preparados para el que venga… Como siempre, todo lo que pueda portar para esta casa, lo aportaré.

¿Volverás a ser técnico?
Me gustaría, claro. Todos los días, después de comer, me subo un rato con mi antiguo equipo, para que me enseñe lo que está haciendo. Lo que más me divierte es hacer programas. Pero lo que haya que hacer, lo haré.

Seguro que tendrás menos estrés…
No me quejo por ser director las veinticuatro horas del día. Lo que pasa es que también mucha gente me dice, quizá por mi formación como realizador de programas en directo, que es raro que me ponga nervioso.

¿Eso también va en el carácter castellano y leonés?
No estoy seguro… Sin embargo, hay cosas que nos unen, valores que son nuestros, como esa sequedad que no entiende de dobleces, que asume las cosas tal y como vienen. A lo mejor, no somos de crecimiento muy grande, pero no nos caemos, porque nos agarramos a todo.

¿Cierto estoicismo?
Y arraigo silencioso. Lo veo en mi madre, que aunque se caiga el mundo, no vende la casa de Benavente. Eso sí, nos falta el concepto de lo global, lo común. Y nos resta fuerzas.

Quizá lo dé la dureza de la tierra.
Sabemos el suelo que pisamos. Disfrutamos con un poco de vino y un lechazo en una cueva. Nos basta con estar con los nuestros, sin falsas necesidades. Esos valores permanecen.

Tras la entrevista, ponemos cara de periodista aplicado y Benigno Moreno nos enseña las instalaciones de la radio, además de la parte del edificio donde se instalarán en breve los nuevos y punteros estudios. También nos deja pasar al espectacular archivo de la casa, en el que reside buena parte de nuestra memoria sentimental. Y ni rastro de El Cordobés. Por supuesto, al despedirnos, nos volvemos a perder por los pasillos, ahora buscando el departamento de prensa. Todavía es pronto para nosotros y las buenas canciones siempre mienten. Eso sí que no cambia.


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