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Salgado se aferra al optimismo

Tiempo de lectura 4 min.

07 de abril de 2011. 04:55h

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7/4/2011

El Gobierno presentó ayer el nuevo cuadro macroeconómico para los años 2011, 2012 y 2013  que acompañará al programa de estabilidad presupuestaria que España presentará en Bruselas. El tono global de los nuevos pronósticos refleja que  la recuperación estará plagada de contratiempos. Nuestra economía es demasiado vulnerable y el Gobierno ha agudizado sus fragilidades con sus errores. Con todo, y como ha sido su tónica en los últimos años, la vicepresidenta Elena Salgado no abandona el optimismo hasta presentar las mejores estimaciones conocidas. Especialmente relevante y significativo es el contraste con el último Boletín Económico del Banco de España, que ha rebatido las estimaciones oficiales. El nuevo escenario macro del Gobierno contempla un empeoramiento de las previsiones de desempleo para este año y los dos próximos por un aumento de la población activa, que es una forma de exculparse y de no asumir el fracaso de su política. En 2011 la tasa de paro será cinco décimas superior al pronóstico anterior, hasta dejar la tasa en el 19,8% frente al 19,3% inicial. Muy lejos del Banco de España, que prevé un 20,7%. Según Economía, el país arrastrará un 16% de paro en 2014. Ese porcentaje retrata una crisis endémica en el mercado laboral. Sorprendentemente, Salgado mantiene la previsión de crecimiento de la economía para este año, situada en el 1,3%, y sólo reduce sus cálculos para los próximos dos años por el incremento de los precios de las materias primas y los tipos de interés. En 2012 baja en dos décimas, hasta el 2,3%; y en 2013 en tres décimas, hasta el 2,4%. Sus cifras son muy poco realistas. Casi todos los analistas nacionales e internacionales coinciden en una recuperación mucho más débil. El organismo regulador apunta, por ejemplo, un aumento del PIB del 0,8%. El factor clave es la demanda nacional. Su lenta evolución condiciona el crecimiento. El Gobierno admite que su aportación al PIB será nula en lugar del 0,4% previsto, pero lo compensa con una mejora del sector exterior. No cuadra y el Ejecutivo no puede ignorarlo. Es conocido el peso del consumo nacional en nuestra economía y está asumido que no hay perspectivas alentadoras (crecerá el 0,4% en lugar del 0,9%) porque la tasa de ahorro sufrirá una severa caída. La revisión del cuadro macroeconómico no ha variado el objetivo de déficit público previsto para este año, del 6% del PIB, pese a que, por ejemplo, el «tijeretazo» en el gasto de las administraciones públicas será menor: del -1,6% al -1,3%. Como en otros parámetros, el Banco de España considera la meta oficial inalcanzable por un crecimiento económico inferior en cinco décimas al esperado por el Gobierno. Las estimaciones de Salgado son voluntaristas y su único argumento contra el resto de previsiones más pesimistas sobre España es que el Gobierno ha acertado más sin que descubramos en qué. España arrancará tarde y mal, porque se han perdido muchos años en una política que agudizó los efectos de la crisis. El escenario macroeconómico y las diferencias con el Banco de España disparan las incertidumbres y la desconfianza y el país necesita otra cosa.

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