Constitución

Tabaco

La Razón
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Pertenezco a ese 5 por ciento, aproximadamente, que ha dejado el tabaco sin ningún tipo de ayuda. Cuando se fumaba en los trabajos, bares, autobuses…, yo consumía un par de cajetillas diarias, y un 8 de diciembre, hace unos dieciocho años, no lo olvidaré nunca, decidí dejar de fumar. Salvo casarme, no he tomado una decisión más acertada en mi vida. Ahora, la polémica viene por la existencia de una ley que prohíbe fumar en cualquier sitio público, incluidos los establecimientos de hostelería, una ley, por cierto, que ha sido votada con suficiente mayoría en el Parlamento español. Y las leyes, en democracia, nos guste o no, están para cumplirlas. A mí me parece una estupidez la velocidad máxima en las autopistas, pero procuro no sobrepasarla.

Porque lo manda una ley. Mi perra Bimba no entra nunca, ni en la galería de alimentación en la que compro ni en establecimientos públicos, y en un bar si a alguien le apetece soltar un eructo o una ventosidad, no lo hace. Simplemente, por respeto a los demás y por educación.

Gasto inútil

Lo que se aduce del ruido, la suciedad en las aceras, clientes que se van sin pagar son cuestiones de educación cívica en las que la precipitada ley no tiene culpa alguna. Otro asunto es el gasto inútil que el PSOE causó a muchos establecimientos de hostelería por su manifiesta incapacidad. Pero seguro que muchos de los fumadores y dueños de establecimientos votaron a los socialistas. Hace años, se vaciaban los ceniceros de los coches abriendo las ventanillas. Hoy nos parecería una flagrante falta de civismo. Mi padre decía que la libertad de uno acaba donde empieza la nariz del otro. Menos demagogia y más respeto a los demás.