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Leire Toni y Paul

Tiempo de lectura 4 min.

28 de octubre de 2010. 21:35h

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29/10/2010

Me ha emocionado sobremanera el artículo de Toni Bolaño titulado «Leire Pajín». Desconocía el origen del nombre y las cualidades que conlleva, especialmente la minuciosidad y la afanosa búsqueda de la excelencia en el trabajo. Pero me ha entristecido simultáneamente lo poco que le interesa a nuestro columnista protripartito lo que sucede por la meseta. Quizá cumple  la consigna de dar la vara y convertir en escándalo político una bobada. En tal caso, cuenta con mi comprensión. Pero no está bien que impulsado por el entusiasmo que le produce, poderosa llama, la ministra de Sanidad, haga desprecio de la verdad. Escribe Bolaño que de las mujeres del Partido Popular, sólo Celia Villalobos ha afeado en público al Alcalde de Valladolid –un tal señor León, nos informa con ironía amontillada– sus palabras dirigidas a Leire Pajín. E insiste en su lejanía de la verdad: «Las mujeres del PP pusieron sordina». Pues no, estimado Bolaño. Esperanza Aguirre es una mujer del PP y manifestó su desagrado al respecto. María Dolores de Cospedal estuvo contundente. Soraya –la llamada «Sorayita» por el educado feminismo socialista– mostró su contrariedad por la frase del alcalde de Valladolid, y no es cierto que las mujeres del PP pusieran sordina a nada. No comparto con Bolaño su admiración por Leire Pajín, pero la respeto. Lo que no es respetable es el castigo a la verdad, aunque en el caso de Toni Bolaño su desinformación cuente con la disculpa de la distancia.

Y vuelta a lo mismo. Rubalcaba ha dado la orden y la mentira se mueve. Precisamente, María Dolores de Cospedal ha sido la más firme detractora de las palabras del alcalde de Valladolid. Le sobra a Bolaño la segunda mitad de la columna. No se le antoja extraño que la señora Pajín, que sabe de Sanidad lo mismo que quien escribe estos renglones, sea la ministra de Sanidad del Gobierno de España. Como si la Sanidad fuera una cartera sin importancia. Aznar erró con gravedad encomendándole la Sanidad a Celia Villalobos, y Zapatero ha demostrado que las equivocaciones no sólo se repiten, sino que se agigantan. Calificar de «ataques barriobajeros» unas palabras inoportunas y nada elegantes es exagerar las cosas, que de eso se trata. Nadie cuestiona la preparación de Pajín por ser mujer y joven. Se le cuestiona porque lleva un tiempo demostrando su altísimo nivel de incompetencia en su partido político. Además, que Leire Pajín no es muda, y muchas de sus palabras pasadas vuelan por los ámbitos del insulto y la descalificación gratuita. El alcalde de Valladolid se ha disculpado y aquí paz y después gloria. No resulta interesante el debate, porque no supera la altura de lo anecdótico. Es muy extraño que en el PSOE se hable con más inquina del Alcalde de Valladolid que de los canallas –de nuevo cercanos– de Batasuna. Lo de Pajín es marear la perdiz para desviar la atención. Todo está calculado y la máquina de la malversación de ideas se ha puesto en marcha. Todo es susceptible de ser manipulado para que el envase oculte la realidad. Y toda idea es respetable si se ajusta a la verdad y la buena información. En este caso, querido Bolaño, tu columna no puede reclamar excesivo respeto, porque altera la verdad, con toda probabilidad, sin voluntad por tu parte de alterarla.

Y además, que hoy es un día demasiado triste para detenerse a discutir gansadas. Ha muerto Paul, el pulpo, y estoy literalmente hecho polvo.

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