Arcángel se doctora en la clausura del Festival Bankia de Flamenco

MADRID- Echó la persiana el Festival Bankia de Flamenco con una noche para romper etiquetas de un arte del que se habla mucho más en condicional que en presente de indicativo. Protagonizada por dos jóvenes, muy de su tiempo, pero a los que la tradición les tiembla en la garganta gracias a dos voces con timbre añejo. La flamencura puede vestirse de noche con escote, arroparse con violín, violonchelo y piano de cola, e incluso licenciarse en derecho, como hizo María Toledo. Con una banda así hay que alterar los tempos y la base musical es más jazzística –y lo bien que le sienta a las bulerías el chelo-, pero la voz de Toledo es un metrónomo jondo, todo lo que sale de sus labios suena a flamenco, lo mismo que Mercé, ya interprete «Aire» o «Garganta con arena». Para superar semejante acompañamiento, especialmente cuando se sienta ella misma ante el teclado, la cantaora fuerza en ocasiones tanto que roza el grito. Debe controlar el volumen para poder lucirse tanto durante todo el concierto como cuando lo hace a capella. Arcángel, a mitad de la treintena, suena a tablao de principios del XX, aunque él disfruta con los fandangos de su tierra, pero también en el escenario de las óperas contemporáneas.

Apoteosis
Anoche obtuvo aplausos desde la primera estrofa. Planteó, como siempre, un recital serio, sin estridencias, como su traje negro de chaqueta y corbata, pero de gran calidad. Con dos guitarras y percusión, transitó por casi todos los palos más jondos, con letras populares que gran parte del público identificó por primera vez gracias a su perfecta dicción, un bien escaso en este circuito. Todo ejecutado de verdad con escasos gestos a la galería. Remató por bulerías y fandangos, cómo no, en los que expuso su visión de que no siempre es bueno mirar solo al pasado. Apoteosis. No había dudas, pero Arcángel se doctoró con cum laude en esta nueva cita en Madrid como uno de los cantaores actuales en lo más alto del escalafón.