Verdades a medias

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Nunca un Gobierno ha recurrido tanto al eufemismo como el español para negar la evidencia de la crítica situación económica. De su negación inicial ha pasado al abuso de expresiones paliativas como «ajuste del gasto», «recorte del presupuesto», «nuevo plan de control del déficit», lo que en uso no figurado significa «desajuste», «despilfarro», «descontrol» en las cuentas públicas. Se pretendía aplicar la medicina de que «las verdades a medias duelen la mitad». Pero también es cierto que las medias verdades son mitad mentira, y nunca una mentira a medias ha llegado a ser mitad verdad. El resultado: el descalabro nacional sin paliativos. Y mira que tirios y troyanos se lo han advertido en romance helenístico al presidente del arte suasorio. A los ciudadanos ya sólo nos queda aplicar como antídoto la doctrina del filósofo Anaxágoras: «Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía». El tiempo perdido en la tarea de no garantizar la sostenibilidad de la economía durante años exige ahora, no una cura de austeridad, sino una intervención quirúrgica de urgencia. Pero el presidente todavía se obstina en paliarla con el ungüento declarativo de que «sería una grave irresponsabilidad no hacerlo». Y el no haberlo hecho, ¿qué es sino eso? Sufrimos el mayor recorte de bienestar social de la democracia por haber seguido las recetas económico-psicológicas del Dr. Breznitz: «Negar la evidencia por instinto de supervivencia». Es cierto que los eufemismos dejan siempre algún resquicio a la esperanza, porque actúan de pronto como ungüento barato que quita lucidez para percibir la magnitud del drama. Pero al final las verdades a medias se pagan muy caras; son la mitad mentira.