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Antitaurinos

Tiempo de lectura 2 min.

07 de julio de 2009. 02:49h

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7/7/2009

Vaya por delante. No soy aficionado a los toros. Un buen amigo mío me ofreció una entrada para ir a la Monumental y renuncié. Pero no soy antitaurino, más bien soy anti-antitaurino. El domingo toreó José Tomás en Barcelona con lleno hasta la bandera. Se agotaron las entradas y la reventa por internet ofrecía precios «asequibles» de 10.000 euros por una localidad de sombra. El torero madrileño volvió a escoger su plaza talismán para reivindicar el espectáculo taurino en una ciudad que se declaró antitaurina y donde el Parlament ha recibido una iniciativa popular avalada por 180.000 firmas para prohibir las corridas de toros. No entiendo la polémica. Que cada uno haga lo que quiera. Se puede estar a favor o en contra, pero sin utilizar la amenaza, la mentira y el insulto para justificar una posición. Y esto es lo que hacen los antitaurinos. El domingo la plaza amaneció con pintadas que acusaban de «asesino» a José Tomás. Por la tarde, intolerantes antitaurinos generalizaban la  acusación contra todos los que fueron a disfrutar de un espectáculo sin meterse con nadie. O sea, según el argumentario de estos «demócratas de toda la vida» los derechos humanos se equiparan con los derechos de los animales. Naturalmente la mayoría de esos energúmenos deben ser vegetarianos o macrobióticos. No los he visto nunca manifestarse en las puertas de los mataderos para protestar por el «asesinato de pollos, terneras, corderos, cerdos, caballos y cabritos. Tampoco los he visto manifestándose ante las granjas de ocas que son torturadas en vida para que los patés hagan las delicias de las mesas de los «asesinos». A pesar de autocalificarse como defensores de los animales no caen en la cuenta de que el toro bravo dejará de existir si las corridas desaparecen. Y para colmo, afirman sin pestañear que las corridas no son catalanas en un ejercicio de ignorancia propia de opciones totalitarias, similares al franquismo que se apropió de la fiesta. El toro siempre ha sido un elemento importante de las culturas mediterráneas. En Cataluña muchas fiestas populares así lo acreditan y nombres como Cabré, Chamaco, Clavel, Patón o Bernadó nos recuerdan que el toreo también tiene nombre catalán. 

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