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Carod-Rovira es un carísimo pájaro migratorio. En sus constantes vuelos le caen de las plumas millones de euros que se derrochan por nada

Cuántos para él

Tiempo de lectura 4 min.

19 de julio de 2009. 01:25h

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19/7/2009

De esos más de cuatro mil millones de euros -cuarenta veces lo entregado a Cantabria-, que se lleva Cataluña en el reparto adicional, ¿cuántos millones irán a parar a Carod-Rovira, sus embajaditas, sus viajes, sus regalos y sus croquetas? Lo decía el pasado jueves Antonio Mingote en su obra de arte de «Abc». El dinero de los españoles para unos nacionalistas catalanes que no quieren ser españoles. Más o menos. Sucede que si ese dinero se emplea en infraestructuras, hospitales, ayudas a las empresas y demás acciones lógicas y correctas, sólo podríamos hablar de agravio comparativo entre Cataluña y el resto de las autonomías. Pero hay más. Esas infraestructuras, hospitales, ayudas y demás acciones lógicas y correctas suelen correr a cuenta del Estado, y una buena parte de las canonjías que percibe el Gobierno de la Generalidad se destina a las mamarrachadas de Carod-Rovira, que parece estar harto de Cataluña, porque siempre se halla ausente inaugurando chiringuitos con pretensión diplomática que no sólo pagan injustamente los catalanes, sino todos los españoles, aunque en esos chiringuitos no nos representen. Carod-Rovira es, en efecto, un carísimo pájaro migratorio. En sus constantes vuelos le caen de las plumas millones de euros que se derrochan por nada. Los ánsares vuelan en otoño de los fríos rusos a las tibias costas de España. Los más decididos y en número más grande, alcanzan el paraíso de Doñana. Cuando llega la primavera y se marchan -muchos restan aquí para siempre-, de África nos visitan las golondrinas, los abejarucos, las oropéndolas y las cigüeñas, entre otras especies. Los cielos son un constante ir y venir de aves migratorias que no descansan hasta que llegan a su objetivo. Pero es un destino establecido por la naturaleza, que no cambia ni se somete al capricho, y para colmo de bienes, gratuito. Nos regalan su belleza y su presencia sin quitarnos ni un euro del bolsillo. Y no es regalo cómodo. Volar ininterrumpidamente durante días y días con sus noches y noches, no está al alcance de cualquiera. Si Carod-Rovira, para malgastar el dinero de todos los españoles tuviera que dar tres golpes de alerón, no se movía de Barcelona. Él viaja en otros pájaros. Y en primera clase, con un séquito de hortera árabe, la bolsa rebosada de euros que no le pertenecen y la lengua siempre dispuesta para denostar a la nación y a los ciudadanos que le proporcionan, por obligación que no por gusto, el oro que derrocha. Un pájaro de cuentas que se aprovecha de otros pájaros de iguales cuentas que le dan el dinero sin consultar a los contribuyentes. Para ti, todo, para los demás, mucho menos, y para algunos, lo que sobre. Que así ha salido Cantabria, señor Revilla, que a este paso, o se esmera más en las anchoas, o en lugar de recibir lo que le corresponde, va a tener que dar lo que no tiene. Ocurre que en Cantabria no hay violencia nacionalista, ni victimismo, ni coacción racista ni posibilidad de atemorizar a un Gobierno de España caprichoso y pusilánime. El dinero, para el pájaro migratorio a cuenta ajena. El día que los jueces se atrevan a levantar las alfombras de determinadas autonomías privilegiadas nos llevaremos un buen susto. Pero pelillos a la mar. Todo habrá pasado y los derrochadores del dinero público se irán de rositas. Como este Carod-Rovira, el pájaro migratorio, que dilapida el dinero de España para negarla y envilecerla.

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