Los Thyssen en Málaga

Blanca Cuesta, Borja Thyssen y Carmen Cervera, ayer, en Málaga
Blanca Cuesta, Borja Thyssen y Carmen Cervera, ayer, en Málaga

A unque venteada y fría, Marbella se prepara para la Semana Santa: Tita Cervera y su «troupe» –Borja, Blanca, Sacha, Manolo Segura y el profesor de kárate– han sido los primeros en llegar. También Antonio Banderas, que remata el rodaje de «Boabdil» en el que puede ser el papelón de su vida antes de ponerse en manos de Woody Allen. Esperemos que el director le saque más partido que al oscarizado Javier Bardem en «Vicky Cristina Barcelona», donde el hijo de Pilar se muestra tan irregular como suele. Esto no sucede con Súper Banderas, feliz por haber vuelto a rodar en tierras malagueñas. Melanie está a punto de llegar para hacerle compañía junto a sus hijas. Mientras, en la soledad de «Mi gaviota», al lado de la casa de los Gotor, el actor maquina otro proyecto musical a la altura de ese «Nine» que hace cuatro temporadas conmocionó Broadway. Se trataba de un «remake» de «Ocho y medio», de Fellini, que pronto veremos en el cine con Penélope y Loren incluidas, aunque con apariciones episódicas. El futuro de la coplaEn Nueva York vi la versión teatral, primero con Raúl Juliá y Liliana Montevechi y posteriormente con Banderas. Ahora, el malagueño está rematando un Tenorio musical que titularán «Don Giovanni», como la ópera de Mozart, y que verá la luz dentro de dos años. Diana Navarro, renovadora de la copla, será quien le dé la réplica. Todo suena diferente y como nuevo en el personalísimo estilo de esta artista, que aporta frescura y calidad al género. A diferencia de los grandes nombres, como Rocío Jurado o Isabel Pantoja, en el trato personal Diana es sencilla, discreta y nada estrellona. En ella está el futuro de un estilo que marcó época, sobre todo porque tiene el tino de hacer recreaciones diferentes de grandes títulos como «Campanera», su último éxito. Volviendo a otra familia, tras asentarse en Madrid para incorporarse a la Fundación Thyssen –¡ya era hora!–, Borja, acompañado por su esposa y su hijo, se ha reunido con su madre en una Marbella que llevaban tiempo sin pisar. Tita también se pasó por Málaga, donde firmó el acuerdo para crear la fundación que gestionará el museo que exhibirá parte de su colección. Proliferaban los rumores sobre un nuevo distanciamiento de la baronesa, pero ellos parecen desmentirlo con sus vacaciones en «Mata-Mua», la mansión que en tiempos de Hohenlohe fue «Casa Papi». Juntos o casi revueltos, la familia y uno más. Tita es imprevisible, y siempre impone su amor de madre aunque a veces resulte dura. Los muy enterados cuentan que Blanca gastó once mil euros en una compra realizada en la boutique de Cavalli, y ahora indagan qué se llevó. La misma desazón tienen por descubrir para quién es el teléfono rosa que Julián Muñoz adquirió hace días. Aventuran nombres, aunque yo creo que es para su nieta mayor. Mientras, la Pantoja sigue exiliada, sin pisar «Mi gitana» y con el campamento montado en su apartamento del paseo marítimo de Fuengirola.