Valor razonable

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Los expertos financieros mantienen una enconada disputa alrededor del valor razonable («mark to market», en inglés), que consiste en la obligación de valorar los activos a precios de mercado. Si un banco concede una hipoteca de 300.000 euros por una casa que vale 400.000, no pasa nada. Pero si el mercado se desploma y la casa pasa a valer 200.000 euros, el banco tiene que provisionar 100.000. El banco sigue siendo el mismo y la casa también, pero la ortodoxia contable y una elemental norma de prudencia así lo indican. Sin embargo esta obligación está para muchos en el origen de la crisis, ya que las entidades financieras han tenido que poner de golpe decenas de miles de millones para ajustar sus balances. Este sobreprecio sólo tiene una finalidad contable y no va destinado al mercado productivo. Esa espiral llevó a la ruina a Lehman Brothers y tras este gigante americano, tantos otros. Ahora se plantean dulcificar la norma y dar a los activos un precio simbólico que ahorre a los bancos esta cascada de provisiones, con la excusa de que un bien sin mercado no tiene precio. Nadie sabe si será peor el remedio que la enfermedad.