“Impeachment” a Trump: “Presioné a Ucrania siguiendo órdenes del presidente”

Golpe durísimo al mandatario: Gordon Sondland, el embajador de Estados Unidos ante la UE, reconoce que obedeció sus indicaciones y que altos cargos de la Casa Blanca conocían lo que sucedía

Nuevo golpe a la credibilidad de Donald Trump, y también contra todos sus hombres de confianza en la Casa Blanca. Y esta vez desde el bando amigo. El embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea Gordon Sondland –nombrado por el magnate gracias a sus generosas donaciones– aseguró este miércoles que el presidente estuvo al tanto de todo lo sucedido con relación a Ucrania. Él se limitó, no sin dudas, a cumplir órdenes. Por supuesto que al Gobierno de Kiev le exigieron un «quid pro quo»: investigar a los Biden a cambio de no perder los favores de Washington.

Durante su comparecencia ante el Comité de Inteligencia del Congreso, Sondland, que ya ha realizado más de diez horas de declaraciones a puerta cerrada ante el Comité, explicó que tanto él como el embajador Volker trabajaron «en asuntos de Ucrania» junto a Rudy Giuliani, abogado privado de Trump, por orden «expresa del presidente de Estados Unidos».

No querían, no les parecía claro, pero entendieron que si se negaban, EE UU perdería «una oportunidad importante para consolidar las relaciones» bilaterales. De modo que, en efecto, siguieron las órdenes del presidente. En aquel momento no estimaron que el papel fuera «inadecuado», pero Sondland asegura que de haber sabido entonces de las amistades peligrosas de Rudy, de sus «asociaciones con individuos ahora bajo acusación criminal», no lo habría aceptado.

En tercer lugar declaró que todo el Gobierno, de la Casa Blanca al Consejo de Seguridad, «conocía los detalles importantes de nuestros esfuerzos». Nada de «diplomacia irregular o deshonesta» en el sentido de que aquello se hizo a la luz del día.

«Las solicitudes del señor Giuliani», explicó, «fueron un ‘quid pro quo’ para organizar una visita a la Casa Blanca para el presidente Zelenski». A cambio, exigió que Ucrania hiciera «una declaración pública anunciando las investigaciones tanto de los sucedido como los servidores del Partido Demócrata en 2016 como de la relación del hijo de Joe Biden, Hunter Biden, con la empresa Burisma. «El señor Giuliani», añadió, «estaba expresando los deseos del presidente de Estados Unidos, y sabíamos que estas investigaciones eran importante para el presidente».

Por si hubiera dudas, Sondland ratificó que, durante el verano de 2019, «supimos que la Casa Blanca también había suspendido la ayuda de seguridad a Ucrania». El embajador aseguró que se opuso firmemente, «ya que los ucranianos necesitaban esos fondos para luchar contra la agresión rusa» y que intentó «diligentemente preguntar por qué se suspendió, pero nunca recibí una respuesta clara». Hasta el punto de que, remató, «en ausencia de una explicación creíble para la suspensión de la ayuda llegué a creer que la reanudación de la ayuda de seguridad no ocurriría hasta que hubiera una declaración pública de Ucrania comprometiéndose con las investigaciones de las elecciones de 2016 y Burisma, como el Sr. Giuliani había exigido».

Una y otra vez el embajador insistió en que había compartido sus inquietudes con quienes quisieron escucharle y que incluso trasladó sus «preocupaciones con los ucranianos».

«Como designado presidencial», señaló, «seguí las instrucciones del presidente. Trabajamos con el señor Giuliani porque el presidente nos lo ordenó. No teníamos ningún deseo de establecer condiciones para los ucranianos. De hecho, mi punto de vista personal, que compartí repetidamente con otros, fue que la reunión de la Casa Blanca y la asistencia en seguridad deberían haberse realizado sin condiciones previas de ningún tipo».

Todo lo hicieron, todo lo callaron, todo lo aguantaron, finalmente, porque estaban convencidos de que Ucrania requería urgentemente el apoyo de Estados Unidos, porque ahí fuera acechaba el Kremlin, porque era imperativo mantener firme el compás de las políticas estadounidenses de largo aliento, centradas en hacer avanzar la agenda geoestratégica y en «apoyar la frágil democracia de Ucrania».

El embajador dejó para los libros de historia un testimonio que bien puede calificarse de histórico y que la oposición demócrata ha reconocido al instante como la pieza esencial de cuanto llevamos del «impeachment». Sondland también aprovechó para lamentar los problemas que afrontan los profesionales llamados a testificar, privados de acceso a sus registros telefónicos, correos electrónicos del Departamento de Estado y otros documentos. Tampoco pudo trabajar con sus asesores en la UE para reunir los archivos. «Tener acceso a los materiales del Departamento de Estado», lamentó, «me habría sido muy útil para tratar de reconstruir con quién hablé y conocí, cuándo y qué se dijo».

Tanto él como sus abogados habrían solicitado en repetidas ocasiones al Departamento de Estado y a la Casa Blanca que les permitan «obtener estos materiales». En vano. De paso, también «se han negado a compartir estos materiales con este Comité». Algo que estima incomprensible, pues «no están clasificados» y «deberían de haber sido puestos a disposición» del Congreso.