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Internacional

Así se forjó la mayor trama de espionaje de la historia entre la CIA y el servicio de inteligencia alemán

Una contundente investigación periodística ha desvelado que ambos países espiaron a medio mundo, incluido España, a través de una sofisticada maquina de encriptado

Una investigación conjunta entre The Washington Post y la ZDF, cadena de televisión pública alemana, ha desvelado la compleja trama de inteligencia que realizaron el país bávaro y Estados Unidos durante décadas. El método empleado se basó en la venta a numerosos países de maquinas de comunicación encriptada que ellos podían descifrar. Tanto la CIA como el BND, servicios secretos de la República Federal de Alemania, fueron dueños de Cryto AG, una empresa con sede en Zug, Suiza, que vendía aparatos de comunicación y que eran trucados para poder acceder a los mensajes sin que los compradores lo supieran.

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El diario estadounidense y la televisión alemana pudieron acceder a documentos clasificados de ambas agencias que narraban esta red de espionaje conocida como “el golpe de inteligencia del siglo”. Y así podría ser, Estados Unidos y Alemania mataron dos pájaros de un tiro, por un lado, obtenían ingresos económicos por la venta de estos equipos, y, por otro, robaban información secreta. Pero, ¿como funcionaba? Básicamente, los dispositivos de cifrado se utilizaban para transmitir correspondencia clasificada durante conflictos bélicos, así como mensajes que pudiesen intercambiar entre sus embajadas y sus gobiernos. Estados Unidos y Alemania se decidieron entonces utilizar una especie de “puerta trasera”, especialmente creadas para este sistema de cifrado. Esto permitía a ambos países acceder a toda la información que compartían.

«Los Gobiernos extranjeros pagaban mucho dinero a EE.UU. y Alemania Occidental por el privilegio de que sus comunicaciones más secretas fueran leídas por al menos dos -y posiblemente hasta cinco o seis- países extranjeros», reza uno de los documentos de la CIA revelados.

Todo comenzó en la década de los 70 y duraría hasta hace apenas dos años, cuando Crypto AG fue vendida y partida en el 2018. Se mantuvo operativa con mayor fuerza hasta que en la década de los 90 Alemania decidiese salir de la operación. El por qué de esta separación la explica el afán de Estados Unidos por espiar al máximo número de países posibles, lo que incluía a miembros de la OTAN, como Grecia, Turquía o España, con las que supuestamente comparte objetivos comunes. Algo que no terminó de gustar a Alemania, quien optó por abandonar el plan. Se espiaban a aliados y adversarios por igual. Solo escaparon de esta red la URSS y China, ya que no adquirieron estos dispositivos Crypto AG, al desconfiar, y con razón, de los intereses occidentales que supuestamente se ocultaban detrás.

Su buen funcionamiento se puedo apreciar en el descifrado de mensajes enviados durante muchas operaciones militares del último tercio del siglo XX como las negociaciones de Irán, dentro de la crisis de rehenes de 1979; el ataque terrorista de Berlín de 1986, la guerra de las Islas Malvinas; y la invasión estadounidense a Panamá, en 1989.

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Desde Suiza, el gobierno de este país afirma que realizará las investigaciones necesarias para esclarecer el asunto y determinar hasta que punto las dos empresas derivadas de la antigua Cryto AG mantienen relación con las actividades de las que se le acusa. Por el momento, Suiza ya ha tomado cartas en el asunto y ha prohibido la venta al exterior de productos de Crypto. Por su parte, las dos empresas que surgieron del despiece de Crypto AG han defendido su no participación en ninguna de estas actividades, alegando que compraron las acciones de la empresa sin conocer su pasado.

Hasta el momento, la CIA y el BND no han hecho comentarios acerca de esta información, pero no han cuestionado la veracidad de los documentos revelados por el The Washington Post.

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El origen

A raíz de la Segunda Guerra Mundial, Boris Hagelin, un empresario ruso asentado en Suecia tiene que huir después de que los soviéticos tomen el país. Su destino será EE UU. Durante ese momento, el inventor diseñó un sistema de encriptación de mensajes, adoptado por los militares norteamericanos. Al final de la contienda se asienta en Suiza, al tiempo que su sistema es perfeccionado, lo que preocupa al gobierno americano. La razón es sencilla, cualquier país que quisiese pagar por su invento podría superar a los americanos en cuanto a tecnología de inteligencia y eso, en plena Guerra Fría, no era una opción.

Evidentemente, la CIA no dejó pasar esto y a base de talonario logró un privilegio de preferencia a la hora de adquirir estos sistemas antes que nadie. Con el paso del tiempo, la unión entre la empresa del ruso y el gobierno americano dio como resultado la creación de estos aparatos con intervención “made in USA", a las que obviamente incluían elementos de espionaje. Sería en 1970 cuando Alemania decidió participar y comprar parte de la empresa, de forma secreta, implicándose así en la trama.

A pesar de que durante décadas numerosos empleados sospechaban de lo que se fraguaba, la gran mayoría no sabía lo que había detrás de estos aparatos. Hasta hoy.