Trump y Modi, dos presidentes en sintonía: “Estados Unidos ama la India”

El presidente norteamericano busca en su histórico viaje al país asiático fortalecer los lazos con un aliado clave para contrarrestar la influencia de China en Asia

U.S. President Donald Trump and first lady Melania Trump tour India
Tr0ump, Melania Trum y eñ primer ministro indio Narendra Modi durante la ceremonia de bienvenida en la IndiaALEXANDER DRAGOReuters

Donald Trump llegó a la India en su primera visita oficial desde que tomó posesión. Un viaje de apenas 3 días en el que le acompaña su esposa, la primera dama, Melania Trump, su hija Ivanka y su yerno Jared Krusher. El presidente de EE UU, que vive sus mejores momentos en los sondeos, recibió el primer baño de masas en la India en compañía del presidente Modi. En Motera, un estadio de cricket, Trump fue jaleado por más de 100.000 personas.

A su lado estaba un Modi necesitado de apoyos internacionales, que vive horas convulsas después de la actuación de la policía en la región de Cachemira y las protestas en Nueva Delhi por su proyecto de ley de ciudadanía, que pretende imponer un examen religioso a los inmigrantes y que favorece el hinduismo sobre el islamismo. De hecho la ley concedería un camino acelerado a la ciudadanía para los indocumentados de varias religiones, pero no del Islam, que cuenta con más de 200 millones de creyentes en el país.

En estos dos meses no han faltado las detenciones masivas, las denuncias de autoritarismo ni las declaraciones altisonantes de un Modi al que sus críticos acusan de erosionar la laicidad del estado. Es muy posible que, tal y como explicaron fuentes de la Casa Blanca, Trump estuviera dispuesto a discutir con el combativo primer ministro la cuestión de la libertad religiosa. Pero de las primeras horas de su viaje lo que sobresalió fue el entendimiento entre dos líderes que ya se encontraron el pasado año en Houston, delante de 50.000 fans enfervorecidos.

Este lunes no faltó la visita al hogar de Gandhi ni tampoco las multitudes que recibían a Trump por las calles. «Estados Unidos ama a India», dijo el republicano, «Estados Unidos respeta a India y Estados Unidos siempre será fiel y fiel amigo del pueblo indio», añadió. Trump celebró el acuerdo comercial suscrito con la India, de más de 3.000 millones de dólares.

Los dos países comparten intereses que van más mucho más allá de las necesidades publicitarias de sus respectivos gobernantes. De hecho hace años que Washington pelea por fortalecer las relaciones con la gran democracia asiática. Entre otras cosas porque el tablero mundial ha cambiado sus puntos cardinales, hoy late asomado al Índico y sobre todo al Pacífico. Y resulta absolutamente crucial tejer una entente capaz de equilibrar y contener el irresistible ascenso de China.

La proliferación del armamento nuclear, o las siempre problemáticas relaciones con Pakistán, Irán, donde la India mantiene importantes intereses comerciales, figuran destacados en una agenda repleta de desafíos. William J. Burns, que protagonizó bajo la administración de George W. Bush la firma del acuerdo nuclear con el gigante indio, y que también mantuvo altas responsabilidades con John Kerry y Barack Obama, escribía en la revista Atlantic que las buenas relaciones entre los dos países se aceleraron con la elección de Modi en 2014, que revitalizó las ansias modernizadoras del país y apostó por fortalecer la alianza con EEUU.

En su opinión el presidente Trump ha «ampliado significativamente los acuerdos militares e incluso ha cambiado el nombre del reequilibrio de la era de Obama, que ha pasado de aludir a la región de Asia y el Pacífico a una nueva estrategia con el “Indo-Pacífico”». Reconoce que las medidas comerciales y migratorias del estadounidense han causado serios desencuentros con India, pero «no ha interrumpido la marcha altamente positiva de la relación mutua».

No olvida el viejo diplomático, actual presidente del Carnegie Endowment for International Peace, que tanto Trump como Modi dominan como muy pocos los resortes de la política espectáculo y son dados a las grandes ebulliciones de corte nativista y nacionalista. Dos espíritus con tendencias ligeramente iliberales llamados a entenderse.

Y Trump, que disfruta de sus mejores momentos en el Despacho Oval, parece disfrutar un viaje que lo ha llevado al Taj Mahal, el legendario palacio del siglo XVII. «Increíble», comentó, «realmente increíble», insistió cuando le preguntaron qué opinaba del edificio de mármol levantado por orden del emperador Shah Jahan para albergar la tumba de su favorita, la emperatriz Mumtaz Mahal.

En el libro de visitas escribió que «El Taj Mahal inspira asombro. ¡Un testamento intemporal de la rica y diversa belleza de la cultura india! Gracias India». En la ciudad de Agra, Trump también encontró tiempo para entrevistarse con el monje hindú Yogi Adityanath, primer ministro del Estado de Uttar Pradesh, y que según el Post y otros medios es un radical «conocido por su retórica antimusulmana». Un xenófobo, mesiánico, que acusó en su día a la Madre Teresa de conspirar para «convertir a los hindúes al cristianismo».