Maduro sueña con ser chino

La triste realidad del modelo económico socialista venezolano, que entre 2013 y 2019 ha experimentado una caída del PIB de más del 65 por ciento, ha llevado al régimen de Caracas a plantearse medidas liberalizadoras de los mercados.

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Hambre en VenezuelaJosé Maluenda

Muchas familias venezolanas sobreviven con las divisas que les envían sus parientes desde el extranjero. Con el petróleo, menguante, las remesas de los emigrantes prometen convertirse en el maná de un régimen que en los seis años de Gobierno de Nicolás Maduro ha visto como se perdía el 65 por ciento del PIB, el comercio internacional caía un 81 por ciento y la inversión exterior se reducía en un 48,7 por ciento.

La escasez de productos de primera necesidad, incluso de los que antes de la llegada del socialismo bolivariano se producían en el país, afecta a las capas menos afortunadas de la sociedad, con especial incidencia, como se observa en el mapa que publicamos, en los estados del sur. Más de dos millones de nuevos emigrantes se sumaron al éxodo venezolano en 2019, mientras que los ingresos del petróleo apenas alcanzaban los 17.000 millones de dólares, frente a los 30.000 millones del año anterior.

Enfrentado a la realidad de un modelo económico ineficaz, carcomido por la corrupción y con la mayoría de las empresas nacionalizadas en ruinas, el Gobierno venezolano ha decidido mirarse en el espejo chino y permitir una cierta vuelta a la economía de mercado, pero, eso sí, manteniendo el control político de las grandes líneas económicas.

A diferencia de China, en Venezuela no hace falta crear una fuerte clase económica surgida de las entrañas del régimen, porque ya existe esa «boliburguesía», que se ha lucrado con los bienes públicos. Las primeras medidas «liberalizadoras» se refieren, claro, al mercado divisas, con lo que se consolida la dolarización de una economía machacada por la hiperinflación.

Así, el Estado deja de tener el monopolio del cambio de moneda, que se abre también a la Banca privada; los ciudadanos pueden tener dólares en efectivo en su poder y se decreta la libre convertibilidad de las divisas. En realidad, se pretende acabar con el mercado paralelo, negro, y alentar las inversiones extranjeras. De momento favorece a quienes tienen dólares y a los establecimientos que importan productos en divisas.