Un virus llamado chavismo

Un hombre cubierto con una mascarilla pasa delante de un grafiti del fallecido Hugo Chávez/AP
Un hombre cubierto con una mascarilla pasa delante de un grafiti del fallecido Hugo Chávez/APMatias DelacroixAP

«La gran epidemia que atraviesa Venezuela se llama Nicolás Maduro». «El coronavirus que los venezolanos padecen desde hace dos décadas se llama chavismo». Estas son algunas de las frases más populares en las calles de Venezuela durante estas horas. Sin subestimar lo grave de la pandemia, lo cierto es que la gravedad del virus será creciente debido al fracaso del modelo chavista. La llegada del coronavirus a un país sin medicinas y sin un sistema de salud pública operando con eficiencia, compromete a la nación venezolana de manera significativa.

El régimen chavista está en una trampa. Por un lado, los conatos de violencia van en aumento dentro de los sectores populares que están obligados a conseguir lo necesario para subsistir el día a día de la crisis económica. Por el otro, la exposición en las calles supone un riesgo importante de contagio, como ocurre ya en la mayoría de los países de Occidente, pero con el agravante de que no existen las condiciones mínimas para que una persona contagiada sea tratada de manera satisfactoria. Por lo tanto, Maduro y su cúpula, tomen la decisión que tomen, se encuentran sumergidos en una «olla a presión».

El coronavirus podría ayudar a un renacimiento de la esperanza. En este sentido, resultan clave las decisiones y acciones que tome el gobierno interino liderado por Juan Guaidó. Hoy, el tema de la ayuda humanitaria vuelve a estar en la agenda del conflicto venezolano. La posibilidad de un acuerdo entre el régimen y el gobierno encargado para permitir el ingreso de la ayuda es un debate que se está dando. Sin embargo, ante esa eventualidad, existe la sospecha de que el precio de ese acuerdo sea dilatar la salida definitiva de Maduro del poder. Por tal motivo, el acuerdo, de llegar a darse, debe ser abordado estratégicamente por los factores democráticos para que se incluyan acciones que estimulen el fin del régimen usurpador.

Parafraseando al canciller venezolano del gobierno interino, Julio A. Borges, en carta a Josep Borrell, el coronavirus es una muestra más de que Maduro no tiene capacidad de respuesta ante la crisis, ha destruido al país y ha dejado al sistema de salud prácticamente inservible. También, la pandemia está demostrando para los venezolanos que la última palabra en la crisis la tienen los propios ciudadanos y no la comunidad internacional. Ciertamente, la ayuda del mundo libre en la causa de la libertad en Venezuela ha sido inconmensurable. Sin embargo, resulta, al final, eso mismo, una ayuda que influye y empuja, pero que no sentencia.

Así y dentro de la tragedia y la preocupación, esta pandemia en suelo venezolano debe ser vista como una oportunidad de unidad nacional, de sacrificio y de voluntad política para deponer al dictador, en palabras de Borges «debe servir de base para construir una solución pacífica y definitiva, a través de unas elecciones presidenciales que les permita a los venezolanos decidir en libertad su propio futuro».

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