Más Europa que nunca

Las visionarias propuestas de Robert Schuman representan el nacimiento de la Unión de Europa. Sin esa declaración no existiría la Unión Europea actual. Aparentemente, sus propuestas abarcaban instrumentos económicos, el carbón y el acero, bases para la guerra en otra época. Pero las ideas de Robert Schuman estaban cargadas de ideales: la fe en la reconciliación tras la devastadora Segunda Guerra Mundial, que había sumido a Europa en el abismo; la esperanza de un ordenamiento jurídico europeo liberal; el deseo de cooperación y actuación común; el anhelo de paz y solidaridad entre los pueblos europeos. Este sigue siendo el reto hoy día.

Hemos logrado muchas cosas, pero la unión de Europa sigue en peligro. Hoy tenemos nuevas tareas. La unidad europea siempre ha crecido solucionando problemas concretos. La experiencia de la pandemia del coronavirus nos enseña que, en el futuro, tenemos que establecer un marco común al nivel de la Unión Europea para crisis de este tipo, con el fin de evitar medidas nacionales unilaterales, como el cierre de fronteras. Las acciones europeas, nacionales y locales deben complementarse.

Ante todo, no deben alzarse barreras en las mentes de los europeos. A pesar de todo, tenemos motivos para reconocer nuestra valía. La ocultación inicial del coronavirus en Wuhan (China) por parte del Gobierno comunista de Pekín contribuyó a la devastadora propagación de la pandemia. Esto acredita el valor de nuestra sociedad liberal y abierta. Las formas de gobierno más adecuadas para superar de la mejor manera retos difíciles no son las autoritarias o totalitarias, sino la sociedad liberal, abierta, que está comprometida con la verdad.

El recuerdo de Robert Schuman nos enseña que debemos defender nuestros valores: la dignidad de la persona, la libertad, la democracia, el Derecho y la paz. En nombre de estos valores necesitamos una protección, hacia el interior y hacia el exterior. La globalización exige un marco de ordenación. No podemos permitir la liquidación de Europa, ni ideológica ni material.

La Unión Europea es una comunidad de Derecho. Las diferencias de opinión y los conflictos se dirimen a través del debate y la negociación sobre la base de los Tratados fundacionales de la Unión Europea. A menudo resulta arduo y laborioso, y lleva tiempo. Pero se hace pacíficamente. Esto es un nuevo hito en la historia europea. En caso de diferencias de opinión y litigios, tiene la última palabra el Tribunal de Justicia Europeo de Luxemburgo. Sus decisiones deben ser respetadas y acatadas. Hay que defender resueltamente este núcleo de la unidad europea: el poder de la ley, no la ley del poder. El Derecho nos garantiza la paz a los europeos en la UE.

La Unión Europea no es perfecta, pero no puede ser considerada responsable de desaciertos cometidos en el nivel nacional. Por un lado, se ponen cada vez más expectativas en la Unión; por el otro lado, los Estados miembros le niegan los recursos financieros necesarios. Las deliberaciones sobre el marco financiero 2021-2027 ofrecen una oportunidad para subsanar esto.

La Unión Europea debe actuar solidariamente, como ocurrirá ahora –tras algunas dificultades iniciales– con la pandemia del coronavirus. Es comprensible que haya debate sobre los instrumentos adecuados.

Pero una cosa debe estar clara: cuando un país no puede resolver un problema por sí solo (por ejemplo, la migración), ese problema es una tarea que debe abordar la Unión Europea solidariamente.

La Unión Europea no es el paraíso terrenal. Pero si miramos al resto del mundo, la UE es una comunidad privilegiada de Estados, pueblos y ciudadanos y ciudadanas. Que lo seamos también debemos agradecérselo a Robert Schuman. Sus ideas siguen siendo nuestra misión para el presente y para el futuro de Europa y los europeos.