Obama lamenta la gestión «infectada de egoísmo» de Trump ante el virus

El ex presidente rompe su silencio para atacar a la Casa Blanca por «su desastre caótico» de la crisis

Y Barack Obama cogió su fusil. Después de casi cuatro años de perfil bajo y declaraciones más o menos contemplativas, de dedicarse a sus negocios audiovisuales y sus proyectos filantrópicos, el ex presidente criticó duramente la gestión del gobierno de EEUU durante la crisis por el Covid-19. «Más que nada», dijo, «esta pandemia ha roto completamente la idea de que muchos de los responsables saben lo que están haciendo».

Agregó que «y muchos de ellos ni siquiera fingen estar al cargo». Sus palabras llegaron durante su discurso de «Show me your walk», el encuentro con estudiantes de colegios y universidades históricamente asociados a los negros.

Aunque Obama no nombró directamente al presidente Trump, sí dijo que la respuesta de la administración estaba «infectada de egoísmo». De paso aprovechó para comentar que «las elecciones que se avecinan serán muy importantes en todos los niveles porque no sólo está en juego luchar contra un individuo o un partido político. Luchamos contra las tendencias a la largo plazo a ser egoísta y tribal, a fomentar la división, a ver a los demás como enemigos, y que se ha convertido en un impulso muy poderoso en la vida estadounidense».

Hace suyas de alguna forma las palabras y juicios de pensadores como Jonathan Haidt, autor de «La mente de los justos», que desde hace tiempo estudian y critican la axfisiante politización del damero político estadounidense, así como el auge de unas líneas de pensamiento ligadas al nacionalismo y las reivindicaciones identitarias.

Días atrás Obama ya calificó la respuesta del gobierno de «desastre absolutamente caótico». La respuesta de Trump fue acudir a las redes sociales y escribir en mayúsculas: «Obamagate». El presidente alude así a las supuestas infracciones, incluso delitos, que habrían cometido los servicios secretos de su propio país durante la presidencia de Obama. Trump siempre ha insistido en que la inteligencia estadounidense espió su campaña y conspiró para lograr que no llegase a la Casa Blanca.

En un tuit muy comentado Trump ha escrito: «Hemos hecho un gran trabajo en la respuesta al Covid, logrando que todos los gobernadores se luzcan, algunos mucho (y eso está bien), pero los Medios Vagos no quiere seguir esa narrativa, y el tema de conversación de los Demócratas que No Hacen Nada es criticar a Trump. He logrado que todos salgan favorecidos, ¡menos yo!».

Desde luego parece obvio que Trump celebra el cambio de paso de Obama. El ex presidente no había entrado al trapo de discutir ninguno de los ataques recibidos hasta el momento. Nunca se ha referido a las reclamaciones por una supuesta conspiración teóricamente diseñada al más alto nivel para perjudicar al candidato Trump. Tampoco ha comentado nunca las afirmaciones de que la culpa de que la falta de tests y el caos logístico era debida a la administración previa.

Desde el lado demócrata también hay quien celebra que Obama descienda a la arena política: sigue siendo, con mucho, la gran figura de la oposición, y su carisma y su auctoritas son incomparablemente más potentes que las de su ex vicepresidente, el candidato Joe Biden, que lo hereda en la carrera por la Casa Blanca pero carece del duende, la retórica y la labia del antiguo presidente.

Obama, en cualquier caso, fue prontamente respondido por Peter Navarro, asesor económico de la Casa Blanca, que comentó en la cadena ABC que le «alegra» que Obama tenga «un nuevo trabajo como secretario de prensa de Joe Biden». De paso aprovechó para afirmar que China, junto a la OMS, «escondió el virus al mundo y luego envió a cientos de miles de chinos en aviones a Milán, Nueva York y a todo el mundo para sembrarlo. Podrían haberlo contenido en Wuhan. En cambio, se convirtió en una pandemia».