“Ecocidio” y refererendos: el cóctel de Macron para subirse a la ola verde

Tras la debacle de las municipales que ha catapultado a los ecologistas, el presidente francés promete consultas populares para avanzar en la agenda medioambiental

Emmanuel Macron no ha tardado en sacar conclusiones de la pésima noche electoral del domingo en las municipales para su joven formación, La República en Marcha y ya durante el confinamiento prometió reinventarse.

Ahora los franceses le han mostrado por dónde debe ir su reciclaje si quiere aspirar a revalidar el Elíseo en 2022 porque, hasta el momento, sus intentos para posicionarse como líder verde siguen sin tener credibilidad en buena parte de la opinión pública. El ecologismo macronista sigue teñido de dudas.

Macron pretende aprovechar la resaca de los comicios municipales para subirse él mismo a la “ola verde” que ha inundado los consistorios de muchas ciudades del país y lo ha hecho este lunes anunciando 15.000 millones de euros para adaptar la economía a las exigencias medioambientales.

Lo cierto es que la agenda estaba aliada con Macron, ya que este lunes estaba ya programada la recepción de la conocida como Convención Ciudadana sobre el Clima, una asamblea de 150 ciudadanos, elegidos por sorteo, que durante nueve meses han trabajado sobre una serie de propuestas para dirigir la transición ecológica del país. Un acto que simbolizaba la apertura de la etapa poscovid, en la que sin duda el mandatario tenía previsto vincular la reactivación económica con la ecología.

”Lo que ustedes proponen es un proyecto coherente, humanista, al cual me adhiero”, dijo Macron a los 150 ciudadanos en los jardines del palacio del Elíseo justo antes de anunciar que adoptaría 146 de las 149 propuestas de la convención prometiendo que, desde ahora mismo, el Consejo de Ministros y el Parlamento se pondrían en marcha para traducirlas en leyes y reglamentos. Además, el jefe de Estado francés no descarta convocar referendos para hacer avanzar las reformas ecológicas si los trámites parlamentarios se enredan.

«El desafío climático nos obliga a ir más lejos, más rápido», aseguraba el presidente tan sólo unas horas después de asistir al naufragio de sus candidatos en las municipales. Macron se comprometió a impulsar a nivel internacional la creación del delito de «ecocidio» que persiga a los gobernantes que no protejan el medio ambiente, y se comprometió a fomentar una fiscalidad sobre el carbono a nivel europeo.

Pero las intenciones de Macron se basan en una premisa fundamental: conjugar ecología y economía, lo que para muchos es la cuadratura del círculo. El presidente rechazó que el avance ecológico deba hacerse a costa de un parón económico del país, que a su juicio no sería entendido por los ciudadanos.

Macron defiende que la ecología debe ser una palanca social, generadora de inversiones y riqueza. El ecologismo macronista ofrece sus primeros matices: defensa de medio ambiente, sí, pero sin renunciar a la potencia económica ni hacer peligrar el modelo francés.

Sin duda, el mandatario sigue teniendo presente a cada paso el trauma de los episodios con los “chalecos amarillos”, las clases medias empobrecidas en la Francia de las ciudades pequeñas que protestaban contra la reducción de la velocidad en las carreteras a 80 kilómetros por hora y contra la ecotasa al carburante.

La reconversión de Macron al ecologismo no se queda aquí. En los próximos días debería tener un reflejo en el Ejecutivo francés. Macron prepara un cambio de gobierno con un perfil medioambientalista que impulse los dos últimos años de su quinquenio.

Una remodelación sobre la que planean varias dudas como un posible ofrecimiento de carteras ministeriales a varias figuras del ecologismo. Pero sobre todo, planea la duda sobre su primer ministro, Edouard Philippe. De origen conservador, Philippe consiguió el domingo el único éxito notable del gobierno al vencer en su feudo de la ciudad portuaria de Le Havre con un 59% de votos y, a diferencia del propio Macron, su popularidad ha aumentado durante la gestión de la crisis sanitaria. Macron y Philippe, que han tenido durante tres años una «entente cordial» pese a sus diferencias de fondo, acrecentadas durante la gestión de la pandemia, mantuvieron un encuentro privado durante este lunes donde todo apunta a que se habló del futuro del jefe del Gobierno.

La salida de Philippe equivaldría a deshacerse de un valor fijo, pero, al mismo tiempo, no cambiar de primer ministro sería percibido como una remodelación menor de gobierno. Macron lleva tiempo enfrascado en su propio cásting de figuras destacadas del ecologismo que sean compatibles con su corte económico liberal. Del éxito de todo este reciclaje depende su futuro político para una eventual reelección en 2022 y quizás demostrar al mundo si liberalismo y ecologismo se pueden conjugar en un proyecto solvente.