China construye casi 400 campamentos de “reeducación”, pese a que se comprometió a eliminarlos

Muchos de los presos, pertenecientes a minorías, son obligados a realizar trabajos forzosos

China ha construido casi 400 campos de internamiento en la región de Xinjiang en los últimos dos años, a pesar de que Pekín había asegurado que estaba acabando con su sistema de “reeducación”. Así lo ha denunciado el Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI), según The Guardian.

La red de campamentos en el lejano oeste de China, utilizada para detener a uigures y personas de otras minorías, incluye 14 que aún están en construcción, según las imágenes de satélite obtenidas por los expertos australianos.

En total, la ASPI identificó 380 centros de detención establecidos en la región desde 2017, que van desde campos de reeducación con medidas de seguridad básicas hasta auténticas hasta prisiones fortificadas. Estos datos aumentan en más de cien campamentos con respecto a investigaciones anteriores.

"Las imágenes recogidas demuestran que, a pesar de las afirmaciones chinas, se ha continuado con la construcción de nuevos centros de detención durante 2019 y 2020”, dijo el investigador de ASPI Nathan Ruser. La información se ha hecho pública, incluidas las coordenadas de los campamentos individuales, en una base de datos a la que se puede acceder online, El Proyecto de Datos de Xinjiang.

Los campamentos se identificaron gracias a testimonios de supervivientes, otros proyectos que rastrean los centros de internamiento e imágenes de satélite. ASPI dijo que las imágenes nocturnas eran particularmente útiles, ya que buscaban áreas iluminadas fuera de las ciudades, descubriendo así los sitios de centros de detención recién construidos, con imágenes diurnas que daban una imagen clara de la construcción.

Los informes aseguran que los reclusos de algunos campos de internamiento han sido utilizados en trabajos forzosos. “Los campamentos también suelen estar ubicados junto con los complejos industriales, lo que vincula directamente la detención arbitraria en Xinjiang y el trabajo forzoso”, dice el informe.

Las autoridades chinas inicialmente negaron la existencia de campos de internamiento, luego los describieron como programas de formación profesional y reeducación que tienen como objetivo aliviar la pobreza y las amenazas contra el terrorismo. El año pasado, un alto funcionario afirmó que la mayoría de las personas recluidas en campamentos habían “regresado a la sociedad”. Sin embargo, China no ha permitido a periodistas, grupos de derechos humanos o diplomáticos el acceso independiente a los campamentos.