Biden presenta su ambicioso proyecto de reforma migratoria

El proyecto prevé que los indocumentados puedan solicitar un estatus legal temporal

Migrantes deportados de Estados Unidos caminan hacia México, en una imagen de archivo
Migrantes deportados de Estados Unidos caminan hacia México, en una imagen de archivoJOSE LUIS GONZALEZREUTERS

Joe Biden ya tiene lista su propuesta de reforma migratoria. Bautizada como Ley de Ciudadanía de Estados Unidos de 2021, el proyecto de ley ha sido presentado por la congresista por California Linda Sánchez y el senador por Nueva Jersey Bob Menéndez. Hay cambios de orden simbólico, como dejar de denominar extranjeros a los inmigrantes indocumentados.

Hay otros infinitamente más sustanciales, como el intento para regularizar a millones de trabajadores en sectores tan esenciales como la agricultura, la construcción o los servicios. También pretenden multiplicar la inversión en la frontera y los recursos de las agencias de inmigración, así como facilitar de nuevo que Estados Unidos recupere su condición de país de acogida para quienes escapan de la persecución política, las guerras o la violencia.

El documento, de salir adelante, significará que más de once millones de personas puedan lograr la ciudadanía. En un camino que puede durar ocho años, los aspirantes a obtener la ciudadanía tendrían que exhibir sus antecedentes penales y sus declaraciones de impuestos para recibir la residencia por un período de un lustro.

A partir de ese momento, podrán solicitar la «Green Card» y, finalmente, la ciudadanía. La reforma es una reclamación de los sectores más izquierdistas del partido y, desde luego, de los principales «lobbies» hispanos de EE UU, que trabajan desde años para lograrlo.

Sin embargo, los demócratas no pueden sacarlo adelante sin un pacto bipartidista. Necesitarán el voto favorable de al menos una decena de senadores republicanos. Para ser aprobada, la ley propuesta por Biden deberá conseguir la totalidad de los votos demócratas en el Senado, 50, y asegurar diez republicanos. De lo contrario, estará condenada a fracasar como ha sucedido con los intentos de regularización en los años anteriores. Con su apoyo podrían acelerar los trámites para normalizar a los «dreamers», los inmigrantes que llegaron a Estados Unidos siendo niños y que en muchas ocasiones no conocen otro país y ni siquiera hablan otra lengua excepto el inglés.

El de los «dreamers» fue uno de los caballos de batalla de Barack Obama, que ordenó su protección mediante un decreto presidencial, como el de Donald Trump, que intentó usarlos como comodín en el Legislativo para alcanzar acuerdos en negociaciones tan dispares como la del muro en la frontera y la aprobación de los presupuestos.

La reforma migratoria es el gran anhelo eternamente aplazado de todos los presidentes de Estados Unidos desde Ronald Reagan, el último en introducir cambios legislativos profundos, ilegalizando de paso a millones de inmigrantes indocumentados. «Tenemos el imperativo económico y moral de aprobar una reforma migratoria grande, audaz e inclusiva», dijo ayer el senador Menéndez, el latino de más alto rango en el Legislativo estadounidense, en su encuentro con la Prensa. Este proyecto es una oportunidad para «reiniciar las conversaciones sobre la reforma migratoria después de los últimos cuatro años».