Qué pasará en Venezuela tras la victoria de la oposición en el estado chavista de Barinas

Sergio Garrido arrebató al oficialismo la gobernación de Barinas, cuna de Hugo Chávez, donde se tuvo que repetir la elección porque Maduro no aceptó una derrota en 2021

El opositor Sergio Garrido obtuvo un holgado triundo, con un 55,36 % de los votos a su favor, frente al 41,27 % que obtuvo Arreaza,
El opositor Sergio Garrido obtuvo un holgado triundo, con un 55,36 % de los votos a su favor, frente al 41,27 % que obtuvo Arreaza, FOTO: LEONARDO FERNANDEZ VILORIA REUTERS

Al chavismo le hubiese salido mejor haber reconocido su derrota el pasado 21 de noviembre en Barinas, el estado natal del fallecido Hugo Chávez. Sin embargo, el régimen de Nicolás Maduro decidió, a través de su Tribunal Supremo, desconocer la victoria del opositor Freddy Superlano por apenas 0,39% y convocar de nuevo al pueblo a las urnas este pasado domingo, y cuyo resultado terminó siendo favorables ahora para sus rivales con un 14% de ventaja.

Por segunda vez la oposición se alzó con el triunfo en el emblemático estado llanero, al aumentar su caudal electoral en más de 65 mil sufragios. Garrido obtuvo 174.077 votos (55,35%) frente a los 129.820 (41,28%) de Jorge Arreaza, excanciller de Nicolás Maduro y exyerno de Hugo Chávez. La participación total también aumentó de 45,9% en noviembre a 51,79% en esta ocasión.

En esta oportunidad, el candidato Sergio Garrido, que sustituyó a Superlano en la campaña después de que se le impidiera a éste volver a presentarse, contó con el respaldo de casi todos los partidos de oposición, incluso algunos que en noviembre no se alinearon con las organizaciones de la Mesa de la Unidad.

Curiosamente, el primero en anunciar un resultado fue el propio Arreaza vía Twitter, a pesar de obtener 25 mil votos más que Argenis Chávez (hermano de Hugo) en noviembre pasado. Una hora después la autoridad electoral dio los números.

“Si hubiésemos tenido más tiempo la historia sería otra”, dijo Arreaza este lunes. “La derecha pactó entre ellos para sumar sus votos, pero esa es una victoria muy limitada porque es solo de números”, agregó Arreaza al decir que el nuevo gobernador representa la violencia y se deberá enfrentar a un gobierno nacional y a un chavismo “renacido”.

Sergio Garrido, un desconocido en la política nacional pero con arraigo local -había sido electo hace semanas como legislador regional-, celebró la victoria afirmando que “Barinas ha dado un ejemplo de cómo podemos salir de los obstáculos en unidad”.

Prometió que no habrá persecución cuando asuma el cargo que durante 23 años estuvo en manos de la “dinastía Chávez”: el padre del expresidente y dos de sus hermanos, consecutivamente.

David contra Goliat

La campaña de Sergio Garrido fue modesta: con poca publicidad, prohibición oficial a que fuese entrevistado en emisoras de radio locales o que pudiera contratar espacios, y el cierre de su propio programa de radio por orden desde Caracas. Su campaña se enfocó en constantes recorridos por comunidades y en redes sociales geolocalizadas en Barinas.

El mensaje fue enmarcado en la necesidad de vivir mejor, en el voto castigo a un gobierno que ha empobrecido a la gente y abandonado a ese territorio, y en la posibilidad de que los barineses fuesen protagonistas del inicio claro de un cambio nacional.

En la acera de enfrente, Jorge Arreaza apeló a su relación con Hugo Chávez. Se retrató con los padres del fallecido “comandante supremo”, con sus hijas, con fotografías del exmandatario, y con su propio hijo que es nieto del caudillo. Pero también llegó a decir que, de ganar, respondería a los lineamientos de Maduro y no de los Chávez que habían gobernado Barinas, Adán y Argenis.

Además, su campaña estuvo impulsado por un derroche de recursos del Estado dirigidos a impulsarle, no solamente con la directiva nacional del partido instalándose en aquellas tierras sino que al menos 13 ministros, además de viceministros, presidentes de institutos y organismos públicos viajaron para activar planes, recuperar infraestructura y reiniciar obras paralizadas, siempre en compañía de Arreaza.

Maduro incluso llamó a los gobernadores y alcaldes de estados aledaños a organizar la movilización de electores de Barinas que residieran en otros lugares para garantizar que pudieran votar.

Además, el gobierno abasteció a la entidad con gas y gasolina, que escasean en todo el país, como no se había visto en al menos dos años y entregó electrodomésticos y viviendas. El propio rector del Consejo Nacional Electoral, Roberto Picón, se dio cuenta de la incapacidad de esa institución para fiscalizar y castigar una acción concertada del Estado de tal magnitud para favorecer a un candidato.

Por otro lado, el voto opositor debió sortear los abusos electorales denunciados durante la jornada de este domingo. Organizaciones observadoras nacionales, como Voto Joven y Cepaz, contabilizaron irregularidades como migraciones arbitrarias de electores, puntos proselitistas ilegales en los alrededores de las mesas de votación donde se registraban datos de quienes participaban, y especialmente voto acompañado más allá de lo permitido en la norma, incluso con funcionarios supervisando qué opciones marcaban algunos electores. En 40 centros estudiados estos problemas se presentaron con casi 40% de incidencia.

La lectura nacional

Con Barinas son cuatro los estados del país que quedan en manos de la oposición, de los 23 que tiene Venezuela, además de un tercio de las alcaldías. Un resultado que algunos analistas han pedido considerar un llamado de atención de la gente, pues si la oposición no acudía dividida el 21 de noviembre hubiesen podido triunfar en al menos ocho entidades más.

Los votos de Garrido en Barinas aumentan la brecha nacional entre el voto chavista y el de sus adversarios, aunque su eficacia dependa de la unificación de opciones de estos últimos. El oficialismo acumuló en este ciclo electoral regional 4.083.471 sufragios, frente a la sumatoria de 4.857.054 de los grupos adversos, con una abstención superior al 55% en promedio nacional.

Números que alentarán la discusión interna sobre la dirección de la estrategia opositora, que pareciera cerrar definitivamente el ciclo abstencionista que inició en 2017, de cara a los comicios presidenciales esperados para 2024 o incluso para un eventual referendo revocatorio que algunos grupos minoritarios impulsan para este año.