Europa

El gas, el arma de Putin para chantajear a Europa

La tensión entre Rusia y Ucrania amenaza el suministro energético a los países del centro y este de la UE, los más dependientes de Gazprom

Alemania amenaza con paralizar el gasoducto Nord Stream 2 en caso de invasión de Ucrania
Alemania amenaza con paralizar el gasoducto Nord Stream 2 en caso de invasión de Ucrania FOTO: Jens Buettner AP

Desde hace dos décadas, Rusia utiliza el gas como un poderoso brazo de su política económica. Al Kremlin no le han dolido prendas para cerrar el grifo a la hora de castigar a Gobiernos antirrusos en Europa. La guerra del gas ha sido la espada de Damocles que sobrevolaba las cabezas de Ucrania, Moldavia o Bielorrusia cuando llegaba el más crudo inviernos y su población necesitaba poner la calefacción para protegerse del frío.

Ahora, en medio de la tensión entre Rusia y Ucrania que amenaza con hacer estallar una guerra en el Este de Europa, Los Veintisiete miran con recelo a Moscú mientras ultiman una contundente batería de sanciones contra Moscú en caso de que Vladimir Putin ose violar (otra vez) la soberanía territorial ucraniana. Si bien es cierto que la economía rusa se vería fuertemente golpeada en caso de ver cerradas las puertas de su principal socio comercial, el monopolio estatal ruso Gazprom es también el primer suministrado de gas de la mayor parte de los países del centro y este de la UE.

Aunque en términos globales el ruso representa el 35% del gas importado por la Unión en su conjunto, la dependencia de Gazprom es sobresaliente en países como Finlandia (94%), Letonia (93%), Estonia (79%) y Bulgaria (77%). La situación no es mucho mejor en países de Europa central como Eslovaquia (70%), República Checa (66%) o Austria (64%).

En el otro extremo, los socios europeos que menos serían golpeados por un corte de suministro del gas ruso son Países Bajos (11%), Rumanía (10%) y España (10,5%). Nuestro país se abastece principalmente de Argelia y, en menor medida, de Estados Unidos y Nigeria. Precisamente, Washington negocia con Qatar, el tercer productor mundial de gas tras Rusia e Irán, para que suministre gas licuado al Viejo Continente en caso de que estalle un conflicto militar.

La carta del Nord Stream 2

El caso alemán es paradigmático, pues, en principio, no debería verse afectado en caso de que se interrumpiera el suministro a través de los gasoductos que atraviesan Ucrania si Moscú decide cerrar el grifo. En contra de la opinión de Bruselas y Washington, que consideran que contribuye a la dependencia energética europea, Alemania y Rusia construyeron el gasoducto Nord Stream 2, una tubería de 1.225 kilómetros que transporta el gas ruso bajo el mar Báltico y sin atravesar territorio ucraniano.

Gasoducto Nord Stream 2
Gasoducto Nord Stream 2 FOTO: Teresa Gallardo

La puesta en marcha del Nord Stream 2, que costó 11.000 millones de dólares y tardó en construirse cinco años, está suspendida por un problema burocrático que podría dar la excusa al Gobierno del canciller Olaf Scholz para paralizarlo definitivamente en respuesta a una agresión militar rusa contra Kiev.

El alto representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE, Josep Borrell, subraya el decisivo papel que jugaría el Nord Stream 2 en la disputa con Moscú. “El funcionamiento de esta infraestructura dependerá del desarrollo de los acontecimientos en Ucrania y la actitud de Rusia”, asegura antes de añadir que “si todo va bien y reducimos la tensión”, entonces estará en manos de los reguladores alemanes decidir “si esta infraestructura puede funcionar o no”.

Con todo, Alemania como principal cliente de Gazmprom en la UE, ve con temor una reducción del bombeo de gas durante la transición energética en la que está inmerso el país (y el resto de Europa). A punto de producirse el apagón nuclear y en pleno proceso de descarbonización, el gas era visto como una energía de transición a las energías renovables. El responsable del gigante energético germano RWW, Markus Krebber reconoce que “el gas de Rusia no es, acorto plazo, insustituible”.

En plena escalada del precio de la energía en todo el mundo, incluso los países menos adictos al gas ruso, como España, se verán afectados por una interrupción o reducción del suministro de Gazprom, lo que supondría un lastre extra a la recuperación económica tras la pandemia de coronavirus.

En opinión de la vicepresidenta y ministra de Transición Energética, Teresa Ribera, nuestro país está mejor preparado que otros socios comunitarios: “España cuenta con una posición sólida en cuanto a la garantía de suministro y, además, la infraestructura de regasificación de la que disponemos permite el rápido acceso a gas natural licuado por barco y, por tanto, no hay problema de abastecimiento con fuentes muy diferentes”.

Sin embargo, Ribera no oculta al mismo tiempo los riesgos para el precio de la electricidad: “Es evidente que nos impacta la evolución que está presentando el precio del gas en un momento en que no solamente hay un incremento muy importante de la demanda por parte de los mercados asiáticos sino, efectivamente, tensiones importantes con el que todavía es el primer país de gas natural para la mayoría de países europeos”, explica la vicepresidenta.

Los analistas económicos, en cualquier caso, descarta un cierre total del grifo por parte del Kremlin por la pérdida de ingresos que supondría para el Estado ruso en unos momentos en los que la economía sufriría los estragos de las sanciones anunciadas por Estados Unidos y la UE en caso de desencadenar una escalada militar en Ucrania.