Historia

Islas Kuriles, la otra “invasión” de Rusia: ¿una ocupación ilegal?

Japón acusó por primera vez en décadas de ocupar este territorio tras años sin firmar la paz

Las islas Kuriles han sido territorio de disputa entre Japón y Rusia
Las islas Kuriles han sido territorio de disputa entre Japón y Rusia

La guerra de Rusia en Ucrania ocupa gran parte de la actualidad desde que el pasado 24 de febrero, Vladimir Putin ordenara la invasión al territorio. Una agresión ilegal que está la muerte de cientos de personas, dañando la infraestructura de la nación y, tras más de sesenta días, no se descarta la posibilidad de que se extienda a otros territorios como Moldavia (región prorrusa de Transnistria) e incluso llegara a los países de la OTAN.

En cualquier caso, cabe recordar que este no es el único frente abierto que el Kremlin mantiene en el exterior. Aunque no ha generado la misma situación que en las ciudades ucranianas, hay otro lugar con presencia rusa: las islas Kuriles. Una invasión “ilegal” con un origen de 150 años atrás y que en los últimos días ha vuelto a cobrar importancia por Japón, país con el que mantiene la contienda.

En ellas habitan escasos ciudadanos, aunque fueron ocupadas por las tropas soviéticas en la Segunda Guerra Mundial. Japón no se había expresado en términos similares desde 2003, y el país nipón ha ido retrasando la firma de un acuerdo de paz, esperando recuperar la soberanía sobre las islas. Pero ahora ha roto su silencio, y Japón acusó por primera vez a Rusia de “ocupar ilegalmente” las islas Kuriles.

El pasado 22 de abril, en su informe diplomático anual, el Ministerio de Exteriores nipón explicaba que existe una “gran preocupación entre Japón y Rusia respecto a estos territorios”, a los que se ha referido como “territorios japoneses sobre los que Japón tiene derechos soberanos”, Mientras tanto, Rusia los considera suyos. “Las islas son un territorio inalienable de Rusia”, defendió el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov.

Japón se apoya en el Tratado Bilateral de Comercio y Fronteras, mientras que Rusia, en los tratados internacionales que datan del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Antes, en marzo, las autoridades rusas pusieron fin a las conversaciones sobre el archipiélago por la “imposibilidad” de continuar con el diálogo tras su “operación militar especial” en Ucrania. Esto le llevó a Tokio a imponer sanciones contra Moscú. Tras ello, Rusia acusó a Japón de tratar de “dañar los intereses del país”.

También llamados Territorios del Norte, se trata de un archipiélago compuesto por varios grupos de islas (Iturup, Kunashir, Shikotan y Habomai). En su mayoría volcánicas, el conjunto de islas tiene una extensión de 1.300 kilómetros y administrativamente pertenece al óblast de Sajalín de Rusia.

Japoneses, chinos y rusos han buscado colonizar este territorio desde hace cinco siglos, pero Japón y Rusia se antepusieron a China desde el principio. En 1855, Rusia firmaron el Tratado de Shimoda, que otorgaba a los rusos la propiedad de una parte del archipiélago (las islas del Norte) y a los japoneses la parte (las islas del Sur).

Veinte años después, se firmó un nuevo tratado, el de San Petersburgo de 1875, en virtud del cual Rusia cedió todas las Kuriles a cambio de los derechos japoneses sobre la isla de Sajalín.

Pero en 1945, con la conferencia de Yalta, Estados Unidos prometió las islas Kuriles a Stalin como recompensa por el ataque de los soviéticos contra territorio nipón tras la derrota de la Alemania nazi. En aquel momento y antes de que Rusia tomara el control de estas islas, unos 17.000 residentes japoneses vivían en ellas. En 1949, todos ellos fueron deportados.

En 1951, con el Tratado de Paz de San Francisco, firmado entre los Aliados y Japón, el país asiático renunció a “todo derecho, título y reclamación sobre las islas Kuriles”. Pero Rusia no firmó el tratado, por lo que el gobierno japonés no ha reconocido la presencia total rusa en este territorio.

En 1956, Rusia propuso devolver las dos islas más cercanas a Japón, pero solo obtuvo el rechazo del país asiático, ya que solo representan el 7% del total del archipiélago. En 2004, Putin revalidó la propuesta, también sin éxito.