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Annegret Kramp-Karrenbauer, una delfina con sello propio

«Quien viene a Alemania como refugiado y comete un delito tendrá que irse del país y no volver jamás», proclamó

  • Annegret Kramp-Karrenbauer salió ayer como líder de una CDU dividida y que opta por el continuismo tras Angela Merkel
    Annegret Kramp-Karrenbauer salió ayer como líder de una CDU dividida y que opta por el continuismo tras Angela Merkel

Tiempo de lectura 4 min.

08 de diciembre de 2018. 15:35h

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Pedro G. Poyatos Berlín. 8/12/2018

La carrera de Annegret Kramp-Karrenbauer (más conocida en Alemania como AKK) empezó desde abajo, desde la política local y provincial. Un bagaje sobre el terreno que le sirvió para convertirse en 2011 en presidenta de Sarre, un Land de tradición industrial en la frontera con Francia. Su último triunfo en las urnas en marzo de 2017 pulverizó el «efecto Schulz» del que disfrutaban los socialdemócratas del SPD desde que el ex presidente del Parlamento Europeo volvió a Alemania para competir por la Cancillería.

Sin embargo, su nuevo mandato como presidenta de Sarre apenas duró un año. En febrero pasado, renunció al mismo tras ser elegida secretaria general con el 98,8% de los votos de los delegados de la CDU. Angela Merkel había pensado en ella como su posible sucesora al frente del partido de cara a las elecciones federal de 2021.

Precisamente, Merkel inició en ese mismo cargo veinte años antes su fulgurante carrera en el partido democristiano. Para la canciller, AKK ha sido una fiel aliada en momentos difíciles, como cuando apoyó en el verano de 2015 su decisión de abrir las fronteras alemanas a un millón de refugiados. Como la propia Merkel, nunca fue tampoco muy entusiasta del matrimonio gay. «Si abrimos la definición de matrimonio a las parejas homosexuales, no podemos hacer frente a otras demandas como el matrimonio entre parientes o entre más de dos personas», llegó a decir la decir esta mujer de 56 años, casada y con tres hijos. Su marido abandonó su profesión para dedicarse a su familia y que ella pudiera centrarse en su carrera política.

En la carrera por hacerse con las riendas de la CDU, Kramp ha usado la misma estrategia de arriesgarse en un todo o nada. Prometió que renunciaría a la secretaria general del partido si perdía y eligió un hotel para anunciar su candidatura en vez de la Konrad Adenauer Haus, la sede de la formación democristiana.

Vista como la aspirante de la continuidad, AKK promete renovar a la CDU, de cuyas filas han salido cinco de los ocho cancilleres de Alemania desde la II Guerra Mundial. Eso significa que, sin renunciar a la herencia política de la formación, endurecerá su discurso con respecto a la inmigración para tratar de frenar el auge de la xenófoba Alternativa para Alemania (AfD). «Quien viene a Alemania como refugiado y comete un delito tendrá que irse del país y no volver jamás», proclamó en una de las ocho conferencias en las que participó con sus rivales. Con todo, como Merkel cree que la política de asilo debe ser consensuada a nivel europeo.

Precisamente, en un intento de unificar el partido tras la batalla entre centristas y derechistas, la nueva líder conservadora promete integrar tanto a Friedrich Merz como a Jens Spahn. «Si tengo el honor de ser elegida presidenta de la CDU me gustaría contar con el ministro Spahn en la ejecutiva del partido. La aportación de Friedrich Merz en todo los asuntos económicos, en innovación y digitalización será fundamental», aseguró AKK.

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