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El Congreso logra un preacuerdo para evitar otro cierre

El borrador incluye 1.400 millones para financiar una valla, lejos de los 5.000 millones del muro.

  • Trump ofreció el martes en El Paso su primer gran mitin después de las elecciones del pasado noviembre
    Trump ofreció el martes en El Paso su primer gran mitin después de las elecciones del pasado noviembre
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Nueva York.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de febrero de 2019. 02:30h

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Julio Valdeón Nueva York. 13/2/2019

Un acuerdo para evitar el cierre. 1.400 millones de dólares sobre la mesa para levantar una barrera con la que contentar al presidente Trump. La posibilidad de que republicanos y demócratas alcancen un pacto a menos de tres días de que el Gobierno federal vuelva a echar la persiana. En tiempo real y a medida que se iban cerrando los flecos en unas conversaciones contrarreloj, los negociadores hicieron circular por los pasillos de Washington algunos de los aspectos que supuestamente incluiría el arreglo. Fuentes del Partido Republicano en el Senado filtraron a la CNN que se dotará con fondos adicionales a los centros de internamiento de inmigrante ilegales, elevando su capacidad hasta alcanzar las 58.500 plazas disponibles. Respecto al muro habría 1.375 millones de dólares disponibles. Aunque resulta evidente que unos y otros chapotean en la batalla por la nomenclatura. Hablar de muro o barrera, que el rival político, los medios de comunicación y los ciudadanos acepten tu etiquetado parece ya más decisivo que la calidad o el tipo de pared o empalizada o alambre con el que la Casa Blanca blinde las inmediaciones del río Bravo. Y eso que, según la CNN el dinero, los mil y pico millones, apenas dan para cubrir 70 kilómetros: el coste de la obra es sencillamente faraónico.

Desde la Casa Blanca y rodeado de afines y reporteros el presidente explicó que, en líneas generales, estaba «contento» pero, ojo, «contento con la dirección en la que vamos, sí, porque estamos moviéndonos en la dirección correcta y la clave es que estamos construyendo una porción tremenda del muro». Insistió en que todos los expertos en inmigración y todos los oficiales de aduanas le insisten en que «más que nada, necesitas una barrera, un muro». Preguntado por el cierre, aseguró que, en su opinión, él duda que veamos un cierre, «pero si lo hay, que no creo que lo haya, la culpa será completamente de los demócratas». «Estoy muy descontento», insistió, «con lo que nos han dado los demócratas, están hiriendo nuestro país, pero la clave es que estamos construyendo, y estamos usando una pequeña porción del dinero para un muro que necesitamos desesperadamente».

Un problema suplementario consiste en que desde el mismo momento en que comenzó a especularse con la posibilidad del acuerdo empezaron a arreciar las voces cercanas a Trump para aguarlo. Señales ominosas. Quienes presumen de estar cerca suyo y compartir agenda insinuaban

que el presidente no lo apoyará en esos términos. Nadie más destacado que Sean Hannity, periodista de la Fox, que delante de las cámaras sostuvo que «cualquier republicano que apoye esta basura de compromiso tendrá que explicarlo». Unos minutos antes, desde la tribuna del mitin que ofreció en El Paso, Trump había exclamado que «estamos luchando por todos los estadounidenses, de todos los orígenes, de todas las edades, razas, religiones, lugares de nacimiento, colores y credos. Nuestra agenda no es una agenda partidista, es la agenda general y de sentido común del pueblo americano».

Nada más subirse al estrado y ante el jolgorio de sus partidarios había asegurado que había un acuerdo en ciernes. Saliera lo que saliera de ahí, explicó, el muro es y sigue siendo la única condición asumible para que él firme. Por si acaso y desde las redes sociales conservadores del ala libertaria tan influyentes como Mark Meadows, de Carolina del Norte, explicaban que «este acuerdo de conferencia no es un intento serio de asegurar nuestra frontera o detener el flujo de inmigración ilegal. Se trata de la enésima patada para adelante, una vez más, al no abordar las prioridades críticas delineadas por los jefes de patrulla fronteriza».

En definitiva, igual que durante los meses que duró el último cierre del Gobierno federal, el más prolongado de la historia de EE UU, crece la presión, en parte autoimpuesta, para que Trump rechace lo que casi ningún presidente anterior habría podido desaprobar. Un acuerdo que debiera de evitar un nuevo apagón federal que podría multiplicar las pérdidas económicas.

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