Política

Estados Unidos

El Ejército impone una tregua en Baltimore tras la revuelta

Los carros blindados recorrieron ayer las calles de Baltimore para garantizar la seguridad
Los carros blindados recorrieron ayer las calles de Baltimore para garantizar la seguridadlarazon

Volvió la calma a las calles de Baltimore, pero no la normalidad. Fueron el toque de queda impuesto de diez de la noche a cinco de la mañana y los 3.000 soldados de la Guardia Nacional y oficiales de Policía desplegados en las calles los que mantuvieron la tranquilidad en una ciudad conmocionada tras días de vandalismo y violencia contra la discriminación racial tras la muerte del joven negro Freddie Gray en extrañas circunstancias, cuando estaba bajo custodia policial.

El jefe de Policía de Baltimore, Anthony Batts, consideró que el toque de queda ha sido un éxito. «No hay movimiento en la ciudad. Lo más importante es la seguridad de los ciudadanos, y la ciudad está estable. Esperamos que siga así», indicó Batts, que confirmó no obstante el arresto de diez personas. Dos por robo, una por desorden y siete por violar el toque de queda, después de que varios grupos de activistas intentaran retomar las protestas. Finalmente se dispersaron ante la abrumadora presencia de las fuerzas de seguridad. El presidente Barack Obama volvió a abordar este asunto en una entrevista tras abordarla en la rueda de prensa de la mañana con el primer ministro japonés. Obama pidió a los departamentos de Policía que «tienen que hacer responsables a las personas cuando hacen algo mal», en referencia a la muerte en extrañas circunstancias de Gray. Obama también recordó que «subyacen problemas como educación deficiente, drogas y pocas oportunidades de trabajo que se deben abordar» cuando se analiza este asunto. Por su parte, la fiscal general de Estados Unidos, Loretta Lynch, que acaba de estrenarse en el cargo, se puso en contacto con diferentes alcaldes para analizar las imágenes de vídeo que llevan los agentes insertadas en sus chalecos y así evaluar su conducta ante las repetidas denuncias de abuso policial en Estados Unidos. Ya por la mañana, las escuelas volvieron a abrir y también se retomaron las actividades extraescolares y abrieron los comercios. Por la noche estaba previsto que se celebrase el partido de béisbol suspendido de los Baltimore Orioles, el cual estaba destinado a ser uno de los más extraños de la historia de béisbol: se había decidido que tuviese lugar sin público por medidas de seguridad. La mayoría de los líderes de la ciudad también hicieron llamamientos a la calma, que confían recuperar plenamente en las próximas hora pero todo puede volver a empezar dentro de unas semanas, cuando se anuncie el resultado de la investigación sobre la actuación de la Policía de Baltimore. A la misma se suma otra de derechos civiles, la cual determinará si los oficiales actuaron con prejuicios con Gray por ser negro.

Los incidentes raciales se trasladaron a Ferguson (Misuri), donde al menos dos personas resultaron heridas de bala después de que cientos de manifestantes salieran a la calle en apoyo a las protestas de Baltimore. Los tiroteos tuvieron lugar entre las calles West Florissant y Canfield, escenario el pasado año de choques con la Policía provocados por la muerte de Michael Brown, acribillado a tiros por un policía blanco.

Pero la imagen del día en la localidad, aparte de la de los blindados y los agentes, fue la de una madre, grabada por varias cámaras de televisión, pegando a su hijo de 16 años después de verle tirando objetos a la Policía. En el vídeo que recorrió todas la redes sociales en Internet, se ve a Toya Graham, madre de seis niños, golpeando con fuerza al adolescente. Después explicaría a la cadena CBS que estaba enfadada porque le dijo que iba al centro comercial. Fue a buscarle. Entonces, presenció cómo un grupo de adolescentes le tiraba ladrillos a los oficiales. «Pensé: “Oh Dios mío”. Ver a mi hijo por la calle con una piedra en la mano. Y entonces me volví loca», reconoció la madre. La cuestión racial ha vuelto a estallar en el EE UU de Obama. Hillary Clinton, la candidata demócrata, apostó ayer por abordar esta problemática.