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¿Será capaz Carlos III de olvidar sus opiniones?

El gran reto del nuevo monarca será reinar para todos al margen de su tradicional activismo en causas particulares

«Tenemos el corazón roto», rezaba la portada de ayer del diario británico «The Daily Mail»
«Tenemos el corazón roto», rezaba la portada de ayer del diario británico «The Daily Mail»La RazónLa Razón

Al conmemorar la muerte de la reina, la primera ministra Truss declaró que Reino Unido se encuentra al final de la segunda era isabelina. Su reinado abarcó un largo periodo marcado por importantes cambios en el Estado y la sociedad británicos. Gran Bretaña pasó de ser un país mayoritariamente blanco y protestante a una sociedad étnicamente diversa y abierta. El Imperio Británico que heredó se redujo considerablemente durante su reinado, sustituido por una Commonwealth con ella como cabeza visible, pero siguió ocupando la jefatura de Estado de naciones como Canadá y Australia. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, señaló en su homenaje lo mucho que la valoraba, un sentimiento expresado incluso por republicanos en Australia y otros países. Era un icono mundial asociado a Reino Unido.

Dentro de la política británica, el éxito de la reina radicaba en su estricta imparcialidad y en el hecho de que los ciudadanos británicos sabían muy poco sobre sus opiniones personales. Mientras el Reino Unido se veía sacudido por el Brexit, sus opiniones personales nunca quedaron claras. Se limitó estrictamente a asesorar a los 14 de los 15 primeros ministros que la acompañaron. Si bien los primeros ministros son discretos en cuanto a sus conversaciones con la reina, invariablemente han notado su apoyo y experiencia en los consejos que les ha dado.

Parte de la razón por la que el Reino Unido siente tanto su fallecimiento es el sentido del deber que aportó al cargo, cumpliendo sus obligaciones constitucionales de aceptar la dimisión de Boris Johnson y el nombramiento de Liz Truss sólo 48 horas antes de su muerte, visiblemente enferma. El ampliamente celebrado Jubileo de Platino en junio fue un momento en el que la nación se unió para celebrar su contribución a la vida pública. En un país cada vez más dividido en cuanto a política y cultura, la reina fue una rara figura de unidad.

El rey Carlos III se convierte en la persona de mayor edad en ascender al trono, un papel que ha esperado durante mucho tiempo asumir. Como príncipe de Gales, era conocido como un miembro de la realeza con puntos de vista particulares sobre la agricultura, la arquitectura, el ecologismo, la regeneración y otras cuestiones que a veces se consideran «políticas». De hecho, escribía regularmente cartas a los ministros para presionar por estas causas.

Como monarca, se espera que asuma posturas menos conflictivas en todos los asuntos relacionados con el gobierno del Estado. También tendrá que considerar la naturaleza de la Familia Real en cuanto a su tamaño y a las funciones que desempeña, así como las formas en que intenta relacionarse con una sociedad cambiante que podría no identificarse con la monarquía.

Estas cuestiones son para el futuro. Durante la próxima semana y media, Reino Unido entrará en un periodo en el que el ruido de la política se apacigua, se acentúa la unidad y el público reflexiona sobre la contribución de la reina Isabel a su nación y al mundo. La cuestión es ahora si el rey Carlos puede unir a la nación de forma similar y actuar como una potente figura de unidad nacional.