Internacional

Putin sella una anexión ilegal ante sus fracasos militares

Rusia se anexiona cuatro regiones parcialmente ocupadas de Ucrania: “Las defenderemos con todos los medios posibles”

Siete años y medio después, la gran sala de San Jorge del Gran Palacio del Kremlin volvía hoy a vestirse de gala para anunciar un hecho histórico para Rusia, la anexión de las regiones ucranianas de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. En marzo de 2014 se proclamó la incorporación de la península de Crimea y nadie sabe si el acto de hoy supone un punto y aparte en las pretensiones del presidente Vladimir Putin o un «continuará», lo cierto es que la guerra sigue candente a cientos de kilómetros de Moscú.

El presidente ruso selló este viernes la anexión de estas cuatro regiones después de haber encajado múltiples reverses en el campo de batalla con la contraofensiva del Ejército ucraniano en el Donbás. De hecho, según fuentes ucranianas, la caída de la ciudad de Liman parece ser cuestión de horas, una posición clave para el control de la región de Donetsk que se le está escapando al Ejército ruso tras haber sido rodeada por los ucranianos, algo que reconoció el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, poco antes de la intervención del presidente Putin.

Eso no enturbió el ambiente festivo del evento, dentro y fuera de las murallas del Kremlin. En la Plaza Roja, con conciertos y manifestaciones. Dentro del palacio, el solo de voz era interpretado por Vladimir Putin, que lanzó un discurso amenazante y poco conciliador a su espectador favorito, Occidente. Como testigos de excepción, Leonid Pasechnik, Denis Pushilin, Vladimir Saldo y Evguenii Balitskii, líderes de los nuevos territorios de la Federación de Rusia, que serán restaurados y reconstruidos según la promesa del presidente.

Guerra en Ucrania
Guerra en Ucrania FOTO: Teresa Gallardo

El mandatario ruso quiso dejar claro que por su parte las cuatro regiones anexionadas no volverán a formar parte de Ucrania: «Rusia no abordará en las conversaciones la devolución de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia». La afirmación de Putin aleja cualquier proceso de negociación entre Kyiv y Moscú y abre la posibilidad a una escalada del conflicto.

La Constitución rusa prohíbe la devolución de territorios y esa es la base jurídica a la que se agarra el presidente ruso para aceptar a esas regiones y defenderlas como el resto del país ante cualquier amenaza. «La decisión de los habitantes de Jersón, Zaporiyia, Donetsk y Lugansk debe ser respetada». «Defenderemos nuestra tierra con todas las fuerzas y medios a nuestro alcance y haremos todo lo posible para garantizar la seguridad de nuestra gente. Esta es la gran misión liberadora de nuestro pueblo», sentenciaba el presidente ruso.

A cambio, Putin se compromete a sentar las bases de una posible paz si el régimen de Kyiv inicia un alto el fuego inmediato y vuelve a la mesa de negociaciones, dando a entender que esta sería la mejor opción para Ucrania, ya que de seguir atacando a los territorios rebeldes el Kremlin no descartaría el uso de su material atómico. El pasado martes finalizó el proceso orquestado por Moscú para la declaración de independencia de estas provincias, con la consecución y publicación del resultado de un referéndum cuestionado por la práctica totalidad de la comunidad internacional. La ONU ya anunció poco después de la autoproclamación de independencia de estos territorios que nunca los reconocerá. Los tratados de anexión firmados hoy deberían ser ratificados por la Duma Estatal y el Consejo de la Federación el próximo lunes y martes.

El discurso de hoy fue también una auténtica declaración de intenciones por parte del presidente ruso, autoproclamado adalid de la nueva identidad de su país y promotor de la desoccidentalización del planeta. «La destrucción de la hegemonía occidental que ha comenzado es irreversible. Nada será como antes. El campo de batalla al que nos ha llamado el destino y la historia es el campo de batalla de nuestro pueblo, por una gran Rusia histórica».

Para el presidente ruso la cultura occidental es igual al «satanismo» y defendió los valores que lleva años potenciando en su país. «Hoy luchamos para que a nadie le llegue a la cabeza que Rusia, nuestro pueblo, nuestra lengua, nuestra cultura, pueden ser arrebatados y borrados de la historia. Hoy necesitamos la consolidación de toda la sociedad», apostilló Putin delante de una gigantesca sala rendida a sus pies.

Mientras, continúa la guerra y nadie sabe hasta dónde está dispuesto a llegar el mandatario ruso, con un país movilizado y preparado para prolongar esta batalla el tiempo que haga falta y sufriendo una gran cantidad de bajas, cifradas hoy por la OTAN entorno a los 45.000 muertos.

Además, el presidente ruso no quiso dejar pasar por alto en su discurso el reciente sabotaje a los gaseoductos Nord Stream 1 y 2, cuyas explosiones ocurridas esta semana han dejado sin suministro a Europa tras comprobarse que ambas infraestructuras han quedado completamente inutilizadas. Putin afirmó que «las sanciones no han sido suficientes para los anglosajones, han comenzado a realizar un sabotaje increíble».

Fuera, esperaba una ciudad engalanada para la ocasión en la que el ambiente festivo contrastaba con la desconfianza de los ciudadanos ante una posible escalada que no podría tener precedentes. Ya desde la Plaza Roja el presidente ruso aseguró que con la anexión Rusia es «más fuerte». «Somos más fuertes por que estamos juntos. La verdad está de nuestra parte. Y en la verdad está la fuerza. Y eso significa que la victoria será nuestra», espetó el jefe del Kremlin arengando a las masas que acudieron a los conciertos. «Hoy es un día especial, festivo y, sin exagerar, histórico», exclamó flanqueado por los líderes prorrusos.