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Política exterior

El difícil comienzo de curso para Starmer con la visita de Estado de Trump

Atrás ha quedado el ostracismo del Brexit. El Reino Unido se presenta como mejor puente transatlántico, aunque la visita de Donald Trump se enmarca en un momento especialmente delicado

R.Unido.- Trump se reunirá con Starmer a finales de julio en Escocia EUROPAPRESS

Nunca es fácil lidiar con una visita de Estado cuando el protagonista es un mandatario tan polémico e impredecible como Donald Trump. Pero el escenario se complica más aún cuando los desafíos del tablero geopolítico marcan uno de los momentos más complicados de la historia reciente y el irreverente inquilino de la Casa Blanca desafía la coalición trasatlántica. La difícil misión política es la que tendrá que abordar el premier Keir Starmer al recibir al presidente estadounidense el próximo 17 de septiembre, donde el firme objetivo es estrechar lazos, velar por la seguridad de Europa y garantizar la supervivencia de la OTAN.

Cuando el pasado mes de febrero, en su visita a Washington, el premier entregó a Trump la invitación firmada por Carlos III como jefe de Estado recalcó que sería "verdaderamente histórica" y "sin precedentes". Normalmente, los presidentes en su segundo mandato suelen ser invitados a almorzar o tomar el té con el monarca, en lugar de disfrutar de toda la pompa y boato. Pero con Trump -que ya protagonizó su primera visita de Estado en 2019- no valen las normas estipuladas.

Starmer quería salir lo más ileso de la guerra de aranceles comenzada por el republicano y, consciente de su admiración por la Monarquía británica, pensó que la carta del Palacio de Buckingham podría ayudar al Reino Unido en su histórica “relación especial” con Estados Unidos. Y funcionó. Trump impuso aranceles del 10% sobre las importaciones de Reino Unido -frente al 20% que aplicó a la UE-, lo que, a la larga, puede generar problemas en Downing Street que, a día de hoy, recalca por activa y pasiva que, pese a la rivalidad comercial, no debe decidir entre Estados Unidos y la Unión Europea como aliados, sino que por su interés nacional debe trabajar con ambos.

Atrás ha quedado el ostracismo del Brexit. El Reino Unido se presenta como mejor puente transatlántico, aunque la visita de Estado del republicano se enmarca en un momento especialmente delicado donde las posturas entre Estados Unidos y el Viejo Continente no siempre coinciden.

Londres planea reconocer la condición del Estado palestino en septiembre, antes de la Asamblea General de las Naciones Unidas del próximo día 23, "a menos que el gobierno de Israel tome medidas sustantivas para poner fin a la terrible situación en Gaza, alcance un alto el fuego, deje claro que no habrá anexión en Cisjordania y se comprometa a un proceso de paz a largo plazo que ofrezca una solución de dos Estados". La decisión sigue los pasos de otras potencias europeas, como Francia, pero amenaza con crear tensiones con los Estados Unidos, ya que, pese a que el republicano admitió a principios de agosto la “terrible” hambruna, se alejó de la ola global de reconocimiento al Estado palestino que busca presionar a Israel. En contraste, Washington sancionó a la Autoridad Palestina.

Otro de los grandes desafíos es la guerra en Ucrania. El hecho de que Trump, de momento, no haya llegado a un acuerdo con Vladimir Putin sin el consentimiento de Kiev, se considera ya de por sí un triunfo para la diplomacia europea. Pero lo cierto es que la brecha entre las demandas de Rusia y la disposición de Ucrania a ceder sigue siendo enorme y existe una gran confusión sobre qué propuso exactamente Trump y qué acordó Putin, si es que lo hizo, durante la cumbre de Alaska.

Londres y París lideran una iniciativa para desplegar una "fuerza de paz”, en caso de que se alcance el alto el fuego, a fin de que Moscú no lleve a cabo una nueva agresión rusa. Pero estos planes requieren el firme respaldo de Washington. Trump recalca que no habrá tropas estadounidenses sobre el terreno, pero no descarta otras opciones, como operaciones aéreas.

En definitiva, el papel de Starmer no será fácil. Sabe lo importante que es tener el apoyo de la Casa Blanca, pero, eso no puede terminar definiendo toda su política exterior, donde entra en juego, por cierto, China, el gran competidor de los Estados Unidos.

El ministro de Comercio, Jonathan Reynolds, viajará el próximo 8 de septiembre a Pekín en la misión en la que se ha embarcado Downing Street con el objetivo de descongelar las gélidas relaciones bilaterales de los últimos años para impulsar el lento crecimiento económico del Reino Unido, marcado por el aumento de los costes para las empresas, la presión fiscal y la incertidumbre provocada por la guerra comercial global impulsada por Trump. La posición de la ministra del Tesoro, Rachel Reeves, está más que cuestionada y no se descarta que sea destituida en una remodelación del Gabinete en las próximas semanas.

En el ámbito doméstico, la difícil situación económica junto al incremento de la inmigración y los problemas con el programa de asilo después de un fallo histórico del Tribunal Superior están dando impulso al populista Nigel Farage, líder de Reform UK, formación de derecha radical destinada a ser la gran protagonista de la temporada de otoño de congresos anuales de las distintas formaciones de Westminster.

Pedro Sánchez visitará Downing Street

Pedro Sánchez se reunirá con el premier Keir Starmer el 3 de septiembre en Downing Street en la que supondrá su primera reunión bilateral. Pese a que ambos han coincidido en diferentes citas internacionales, esta será la primera visita de un presidente español al emblemático Número 10 desde 2017, cuando Mariano Rajoy se reunió con Theresa May.

La cita con el premier se concertó tras cerrarse en junio el acuerdo a tres bandas sobre Gibraltar, entre la UE, España y el Reino Unido, un pacto que Exteriores prevé que esté redactado en octubre y que conllevará la desaparición de la verja. Junto a ese asunto, en la agenda estarán los temas clave del panorama internacional, de la nueva política arancelaria de Estados Unidos a la situación en Gaza bajo el asedio israelí y la guerra en Ucrania, que, pese al impulso diplomático, no consigue cerrar un alto el fuego.

Sánchez no se reunió ni con Theresa May, ni con Boris Johnson, ni con Elizabeth Truss ni con Rishi Sunak, los cuatro conservadores que han ocupado el 10 de Downing Street antes de que Starmer pusiera fin a la era tory en las generales del año pasado.

Sánchez y Starmer se centrarán en relanzar las relaciones bilaterales entre ambos países, una de las más intensas que mantiene España, como demuestra la llegada de unos 20 millones de turistas británicos cada año o la inversión española acumulada en el Reino Unido, que ronda los 170.000 millones de euros en las últimas décadas.