Eurogrupo

Merkel pone condiciones a la alianza franco-alemana

La canciller ofrece ayuda al sucesor de Hollande para reducir el paro, pero sin tocar los pactos de estabilidad y rechaza mutualizar la deuda

La canciller alemana, Angela Merkel, y el preisdente francés saliente, François Hollande, ayer, en Berlín
La canciller alemana, Angela Merkel, y el preisdente francés saliente, François Hollande, ayer, en Berlínlarazon

La canciller ofrece ayuda al sucesor de Hollande para reducir el paro, pero sin tocar los pactos de estabilidad y rechaza mutualizar la deuda

Ángela Merkel nunca se traiciona a sí misma. A pesar de que la victoria de Emmanuel Macron aventura una nueva era en la Unión Europea, los cambios que se avecinan no serán ni rápidos ni fáciles. Aunque canciller alemana se declaró ayer «feliz» por la elección de socio liberal como nuevo presidente de la República Francesa, se mostró cauta a la hora de comprometerse a un giro de las políticas europeas ya sea con una relajación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que limita el déficit público o con un fondo de estímulo económico. La canciller prometió ayudar a Francia a bajar su tasa de paro del 9, 9 % pero todo indica que para Merkel la mejor manera de echar una mano a París es dándoles instrucciones.

Nada nuevo bajo el sol. El propio Macron es consciente de que deberá ganarse el respeto de la canciller si ésta logra revalidar su liderazgo en los comicios de septiembre. Y ya ha empezado ha hacer los deberes. El recién elegido nuevo presidente se ha mostrado durante toda su campaña como un político ortodoxo en los económico y dispuesto a respetar los límites de déficit público y a emprender las reformas económicas que Bruselas y Berlín han estado reclamando, sin apenas resultados, en los últimos años. Para el analista Yann-Sven Rittelmeyer, del Centre European Policy, Macron ha sido de lejos el candidato a la presidencia más alineado con las tesis de Berlín «incluso si estas posiciones no son consideradas atractivas para los votantes franceses».

Aun así, Macron deberá ganarse la confianza de Merkel y quizás, sólo después, conseguir que el péndulo oscile a su favor. Entres sus aspiraciones se encuentran una mayor integración de la zona euro con un presupuesto propio que pueda hacer frente a «shocks» económicos o un giro de Berlín en su política fiscal que le lleve a poner en marcha medidas de estímulo de la demanda que acaben beneficiando a todos los países de la moneda única.

Los últimos años han estado lastrados por las malas relaciones entre François Hollande y Ángela Merkel que han acabado erosionando el funcionamiento de la maquinaría europea, abocándola a una debilidad de la que se han sabido aprovechar sus enemigos. La llegada del socialista al Elíseo eclipsó una armonía que vivió su punto álgido durante la era «Merkozy», cuando la canciller y el por aquel entonces presidente francés, Nicolás Sarkozy, iban a las cumbres comunitarias con una única voz que acordaban tras largas veladas en las que ambos olvidaban los manidos corsés diplomáticos. Muchos por entonces se sorprendieron de las actitudes tan inusualmente afables de la canciller.

Todo cambió con la llegada de Hollande. El eje franco-alemán no se marchitó, pero la relación entre ambas potencias tonó a una tesitura complicada y vio crecer un cisma que ahondaba más en la falta de carisma diplomático del francés que en la ausencia de objetivos comunes. Solo la lacra del terrorismo consiguió unir a ambos dirigentes. De ahí, y aunque la victoria de Le Pen hubiera sido un terremoto para Berlín, que pocos se asombraran con la inusitada efusividad con la que recibió la canciller la victoria de Macron aunque fueron algunos más los que se sorprendieron de su encuentro con Hollande ayer en Berlín. A pesar de las distancia, o quizá debido a ellas, Merkel quiso despedirse del todavía presidente galo con una «cena privada» a instancias de la canciller. Según el portavoz gubernamental alemán, Steffen Seibert, Merkel aprovechará la oportunidad para agradecer a Hollande los cinco años de asociación y de esfuerzo conjunto como mediadores en el conflicto entre Rusia y Ucrania. El viaje fue recibido como una sorpresa, ya que los medios franceses consideraban que la agenda internacional de Hollande se había cerrado tras recibir al rey de Marruecos, Mohamed VI, la semana pasada en el Elíseo.

Tras la victoria de Macron, el alivio en Berlín es proporcional a los temores que suscitaba en el Gobierno alemán, desde hacía meses, la perspectiva de que la candidata del Frente Nacional ganara los comicios.

Consciente de que Ángela Merkel es un hueso duro de roer, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker tampoco quiso ayer lanzar las campanas al vuelo. «Nos enfrentamos en Francia a un problema particular, los franceses gastan demasiado dinero y se invierte en los lugares equivocados», declaró el político luxemburgués, precisamente en una visita a Berlín. Por eso, para el presidente del Ejecutivo comunitario, les toca a los franceses hacer un gesto para ayudar a los demás en forma de moderación del gasto público. Según los datos del mandatario comunitario, «actualmente los franceses dedican entre el 53% y el 57% de su Producto Interior Bruto a los presupuestos públicos. A este ritmo la deuda no podrá mantenerse mucho tiempo». El debate ya ha comenzado y entrará de lleno en la campaña de las elecciones germanas en otoño. El ministro de Exteriores socialdemócrata, Sigmar Gabriel, declaró ayer en una entrevista radiofónica que Alemania debe «hacer más» por la UE y abandonar su política de rigidez en el gasto. De momento, su punto de vista no es compartido por la canciller.