América Latina

El plan de Petro despierta el miedo a una Colombia devorada otra vez por la violencia

El presidente agita el fantasma de un "golpe blando" y demoniza a aquellos que le critican

Manifestantes con banderas y pancartas en contra del Gobierno, llegan hoy a la Plaza de Bolívar en Bogotá (Colombia). La oposición colombiana salió este martes a las calles de varias ciudades de Colombia, en una jornada denominada "La marcha de la mayoría" contra el Gobierno del presidente Gustavo Petro y sus reformas en un momento de dificultades para el mandatario por un escándalo en su círculo cercano.
Manifestantes con banderas y pancartas en Bogotá en contra del Gobierno de Gustavo PetroMauricio DueñasAgencia EFE

La “paz total” del presidente colombiano Gustavo Petro se ha convertido en un monstruo de mil cabezas. Así lo ha descrito recientemente la revista Semana. El primer gobierno de izquierdas de Colombia llegó al poder en agosto de 2022 prometiendo cambios radicales. Pero se ha encontrado con numerosos obstáculos. El primero de todos, su propia incompetencia, explica Carlos Alonso Lucio, ex congresista y ex integrante del movimiento guerrillero ya desaparecido M-19, del que también formó parte Petro. Para expresar con claridad esta idea recurre a lo que está sucediendo en numerosas regiones del país, donde “paramilitares y la guardia indígena se han hecho con el monopolio de la fuerza con la aquiescencia del presidente”.

Alonso Lucio describe esta situación como la “milicianización del presidente Petro, “que tiene como propósito destruir la democracia colombiana y hacer colapsar la constitución”. Lucio asegura que se ha producido “un crecimiento exponencial del control que ejercen las organizaciones criminales en múltiples puntos de nuestra geografía y una inseguridad que apabulla nuestras ciudades”. Una ex ministra colombiana que prefiere ocultar su nombre asegura que Petro “tiene maniatadas a las fuerzas militares en las regiones mientras los índices de secuestro y extorsión han crecido de manera sustancial. Colombia siempre ha tenido zonas inseguras pero este país había logrado en 20 años un control territorial que ahora se está perdiendo”.

En marzo, 70 policías fueron secuestrados por “un grupo irregular” en la zona rural de Caquetá y conducidos en camiones mientras a pocos metros una unidad militar contemplaba todo sin mover un dedo con el visto bueno de sus superiores. En la zona montañosa de Jamundí, en el Cauca, la columna Jaime Martínez, uno de los bloques más sangrientos formado por miembros de las FARC que nunca se acogieron al proceso de paz, ha instruido a campesinos y cultivadores de coca para bloquear al Ejército en sus operaciones para mantener el orden y expulsarlos del territorio. Un testimonio de una veedora comunitaria citada por Semana revela la magnitud de la situación: “Es aterradora la forma como han crecido los cultivos ilícitos. En 2014 usted iba a La Liberia y eran cultivos legales y por allá escondidos estaban los de hoja de coca. Pero hoy la coca ocupa más del 90 por ciento de la tierra y la siembran hasta en los patios de las casas”.

En el sur de Bolívar, grupos paramilitares parecen tener el control de varias poblaciones. Algunas fuentes apuntan al crecimiento de estas fuerzas ilegales. Cuando el presidente Juan Manuel Santos intentó desmontar esa estructura armada al calor de los acuerdos de paz en 2016 eran unos 2.500 hombres. Hoy, de acuerdo con las cifras oficiales son 6.000 y fuentes externas apuntan a 9.000.

El miedo a un resurgimiento de la violencia, al narcotráfico y la fortaleza de los señores de la guerra ha puesto en guardia a un sector de la población, que teme una vuelta a los años de plomo en Colombia.

El malestar también crece en las ciudades, como se pudo comprobar en las manifestaciones del pasado día 20 de junio. La corrupción en el entorno inmediato del presidente y la incertidumbre que generan sus políticas en materia sanitaria y de pensiones y sus ataques a la prensa han calado en la élite política y en la sociedad colombianas. Las protestas en la calle contra el gobierno han sido interpretadas por el presidente como un intento de “golpe blando” para derrocarle, pero salvo “algunos políticos inoportunos que han pedido su renuncia, no existe un clamor de la sociedad que apunte en esa dirección”, explica la citada ex ministra. “La sociedad colombiana sólo está exigiendo que se respete la ley y el Estado de derecho, que se están erosionando día a día en un supuesto gobierno del cambio”. Existe una parte “muy importante de la sociedad” que no comparte las reformas estructurales que plantea el gobierno “porque parten de la base de destruir lo que hay en vez de construir sobre lo construido”.

Colombia es una nación marcadamente institucional. En su historia reciente no hay nada parecido a la saga de dictaduras que caracterizan a países vecinos como Venezuela o Bolivia. No sería fácil desmontar el andamiaje institucional colombiano por mucho que Petro lo intente, explica Alonso Lucio. Este ex compañero de Petro en la guerrilla asegura que la “milicianización”, en hace referencia a la organización de grupos de civiles "con rituales militares que ejercen la violencia frente a las instituciones”, es una estructura que tiene su correlato en los colectivos venezolanos. “Históricamente esto lo hizo Lenin, y acabó construyendo los soviets. Los camisas negras de Mussolini marcharon sobre Roma ejerciendo la fuerza sobre la población y acabaron gobernando más de veinte años. Hitler siguió la misma estrategia. En América Latina tenemos un ejemplo cercano del proyecto de Chávez en Venezuela, donde se crearon los colectivo chavistas, grupos armados que imponen de manera violenta su tiranía”.

¿Va Colombia por el camino de Venezuela? “No”, responde taxativo el sociólogo Tulio Hernández, exiliado venezolano que salió de su país hace cinco años y ahora se ha instalado en Bogotá. “En la Colombia de Petro no se dan las condiciones para eso. Aunque partidos y algunos ciudadanos se quejan, la situación es diferente”. En Venezuela, dice, no ha habido alternancia política en casi 25 años y “se ha destruido el aparato productivo como no se ha visto en ningún otro régimen de América Latina. No hay que olvidar el fenómeno migratorio que ha sacado a 8 millones de venezolanos de su país”.

Una Colombia "talibanizada"

La orografía de Colombia, atravesada por tres cordilleras, ha hecho históricamente inviable la consolidación del Estado en todo el territorio nacional. Ello permitió que numerosos grupos ilegales se hicieran con el control de grandísimas zonas del país sustituyendo al Estado. La mancha de la violencia se está extendiendo nuevamente, dicen los críticos de Petro respaldados por las cifras y las noticias. “Hay una talibanización del país de grupos que viven de las economías ilegales. Con esas milicias, Petro hizo acuerdos políticos en la campaña que le beneficiaron. Estas milicias crecen día a día en diferentes sectores de Colombia. Han cooptado territorios como el Cauca, dominan las alcaldías y llevan a extremos de corrupción la contratación pública”, asegura Lucio.

La “paz total” -un cese del fuego bilateral entre el gobierno y los grupos armados, incluida la guerrilla del ELN- es interpretada por muchos en Colombia como la oportunidad de que el propio ELN y las disidencias de las FARC puedan actuar con relativa impunidad sin la intervención de las fuerzas armadas, lo que ha llevado a un aumento de los secuestros de militares y policías, una situación que ha generado un gran descontento en el país.

¿Quién es Petro?

Petro es un viejo conocido de la política colombiana. Dirigió los destinos de Bogotá como alcalde entre 2012 y 2015, y como senador fue un látigo para los gobiernos conservadores. Jorge Botero, ex ministro de Industria, explica que en Petro confluyen tres vectores: la vieja izquierda de impronta marxista, la vertiente cristiana revolucionaria ligada a la Teología de la liberación y una agenda ecologista muy personal “que le lleva a defender la profecía de que el mundo se va acabar y que avanzamos a la extinción en el corto plazo, lo cual le lleva a unas posiciones radicales sobre el cambio climático”. Botero cree que Petro no a transformar Colombia “porque no le van a dejar y porque es incapaz debido a su personalidad dispersa y a su falta de apoyos dentro del Congreso”.

El escritor colombiano Mauricio Villegas tiene dudas sobre la capacidad gerencial de Petro como jefe del Estado. “No tiene un equipo técnico que le ayude a sacar adelante sus reformas. Quiere hacer la llamada paz total, acabar con el petróleo, y que Colombia sea un país turístico. También pretende crear un sistema educativo gratuito y universal, y reformar la sanidad y las pensiones. Son demasiados frentes al mismo tiempo. Me contentaría con que alguno de esos frentes fuera parcialmente exitoso. Me temo que por dar demasiadas batallas y tener demasiados enemigos se enrede y que le pase lo que a tantos dirigentes, que no hacen una autocrítica de su propio gobierno y echan la culpa a los otros, lo que conducen hacia una radicalización”.

Botero ahonda en la misma idea: “Petro y su gobierno son bastante ineficaces. Ya lo había demostrado cuando fue alcalde de Bogotá. Es un pésimo gerente, alguien capaz de imaginar una idea pero no de concebirla e implementarla en un proyecto”. Moisés Wasserman lo expresó de esta manera: Petro no tiene ideas sino ocurrencias.

“Paranoico y megalómano”

Alonso Lucio cuestiona incluso las facultades mentales del presidente. “Hay niveles de paranoia y de megalomanía que son aspectos muy complicados en un gobernante. Petro no es capaz de aceptar la crítica como un ejercicio del pluralismo. Según él, toda crítica responde a una conspiración del enemigo, del capital, contra un líder del cambio como él se presenta”. Por eso, añade, “las manifestaciones de junio en varias ciudades colombianas contra el Gobierno fueron calificadas por Petro como una movilización de la clase media arribista contra el cambio”. En cuanto a la megalomanía, asegura que al presidente “se ve como el salvador del cambio climático y al capitalismo como culpable. Por consiguiente, los empresarios son enemigos de la humanidad. Esto le ha llevado a pedir el cese de las exploraciones de gas y petróleo en el país porque, según él, hay que acabar con las energías fósiles. Claro que es importante iniciar un proceso de reconversión energética, pero tiene que ser un ejercicio gradual porque de otra manera te cargas la mitad de los ingresos fiscales del país, y eso sería un desastre económico y social”.

Volviendo a la idea promovida por el entorno de Petro sobre un supuesto complot para derribarlo desde sectores de la derecha más conservadora, Botero desmiente algo así: “El respeto por la democracia de los sectores tradicionales colombianos es claro, nadie está hablando de propiciar un golpe, no creo en esa posibilidad, pero sí veo que el presidente pueda enfrentarse a un juicio político, si bien acabará su mandato porque estos procesos son largos, pero lo hará en condiciones difíciles”.

La ex candidata presidencial Ingrid Betancourt alerta del riesgo al que se enfrenta la democracia colombiana y no descarta que Petro pueda alargar su presidencia pese a que la Constitución solo permite un solo mandato al jefe del Estado. Si algo así quisiera hacer, Petro tendría dos vías: la convocatoria de unas cortes constituyentes, "y eso está dentro de la agenda que está negociando con el ELN", o una reforma constitucional desde el Congreso, si bien actualmente no tiene la fuerza suficiente. "El gobierno de Petro tiene una chequera bien grande porque la reforma tributaria le dio los medios y con ellos puede comprar conciencias" avisa Betancour.

De momento, las espadas están en alto.