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Tintori: «He descubierto que han grabado mi visita conyugal a Leopoldo»

Lilian Tintori invita a su casa a LA RAZÓN para compartir sus miedos e inquietudes sobre su país y su marido encarcelado.

Lilian Tintori invita a su casa a LA RAZÓN para compartir sus miedos e inquietudes sobre su país y su marido encarcelado.

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«Todo esto va a pasar. Voy a salir de la cárcel y vamos a estar juntos hasta hacernos viejitos». Ésas fueron las palabras que el opositor Leopoldo López susurró a su esposa Lilian Tintori en su celda para consolarla. «Esta vez fue diferente, estaba preocupado», asegura, después del asesinato del dirigente opositor Luis Manuel Díaz el pasado miércoles a dos metros de ella. Hace apenas una hora que Tintori regresó de la prisión de Ramo Verde, donde visita a «Leo», como llama a su marido, los viernes, sábados y domingos desde hace un año y nueve meses.

Pero no hay descanso. Las zapatillas deportivas que usa son una buena metáfora de la carrera de fondo que libra en esta recta final de campaña. Especialmente para denunciar los intentos de asesinato por parte del Gobierno de Nicolás Maduro: «Si antes me perseguían, ahora es el doble, van a por mí». LA RAZÓN comparte con ella unas horas de su frenética jornada. Primero en el hall del Hotel Melià de Caracas. Acaba de despachar una entrevista con una televisión española y camina de un lado para otro sin parar. Tintori, de 37 años, arrastra el nerviosismo desde el atentado y su visita en prisión a su marido la enerva aún más. «Como siempre, me han hecho desnudarme. Esta vez he descubierto, además, que estaban grabando nuestra visita conyugal», exclama asombrada. Asegura que «una funcionaria me pidió un papel que me entregó Leo. No podía saberlo sin haberlo visto porque lo llevaba escondido».

Una vez en el coche, un todoterreno blanco blindado, Tintori se relaja y recuerda el abrazo en el que se fundió con su marido al verse. «Así, durísimo», describe mientras se aprieta ella misma entre sus brazos, emocionada. Reconoce que los atentados sufridos el pasado miércoles en Guárico la han dejado conmocionada: «Nunca olvidaré la muerte del compañero Luis [Manuel Díaz], porque la sentí de cerca». Para la opositora es un «contraste» ese tipo de ataques «después de haber participado en 56 eventos en cinco semanas y ver la euforia de la gente por salir de esta situación».

Tintori ha recibido el apoyo de miles de seguidores y en los últimos días también de la comunidad internacional. «Es una lucha que tiene resultados. Cuando empecé a viajar me decían que Venezuela era un país democrático. Hoy Iberoamérica sabe lo que sucede aquí y lo llama dictadura», señala, para luego alegrarse por la condena expresada por el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que acaba de leer mientras repasaba su cuenta de Twitter.

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La líder opositora afronta sin titubeos la larga travesía que le espera: «La diplomacia y la política internacional son más lentas que una tortuga. Pero confío en la tortuga y estoy montada en su caparazón». Tintori se siente con el deber de representar a «todas las voces silenciadas» en el país y sabe que no está sola en esa lucha. Según ella, en Venezuela hay 75 familias con presos políticos y un 97% de impunidad, «prácticamente no hay justicia. ¿Cómo vamos a parar?».

Tintori frunce el ceño y clava la mirada al hablar de su patria. Tiene con ella un compromiso adquirido también con su marido. «Una noche estábamos tumbados en una hamaca y Leo sacó el anillo para pedirme matrimonio. Respondí que sí, al instante. Entonces me frena y dice: ‘‘Respóndeme a la otra pregunta: ¿te quieres casar con Venezuela?’’, me interpeló». Desde aquel momento, la joven se comprometió con él y con su proyecto.

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La devoción de Tintori por Leopoldo López la lleva a contar con detalle el inicio de su relación. «Había muchas marchas, pero yo no iba a ninguna, porque a mí no me gusta la violencia, no me gusta la calle. Mi papá siempre decía que cuando uno está en la calle, uno está expuesto. Yo le agarré respeto a las marchas, sobre todo después de la marcha de 2002, cuando mataron a varias personas», narra. Hasta que una vez se celebró una protesta en bicicleta: «Al ser deportista me parecía bellísima aquella acción. En esa ciclo-marcha me crucé con Leopoldo –entonces alcalde del municipio caraqueño de Chacao– y nos topamos con la mirada», se sonroja al terminar esa confesión delante de los ocupantes del vehículo: Carlos, el conductor; Walter, el guardaespaldas, y Stephanie, su responsable de prensa. Tras ese flechazo, él insistió durante tres meses al mejor amigo de Tintori, Luis Daniel Gómez –asesinado en la montaña–, hasta conseguir una cita. «Era el año 2003 y desde entonces no nos hemos separado».

También desde entonces su relación convirtió en una carrera de obstáculos. «Él me decía que iba a ser muy duro casarse conmigo, porque a él lo iban a encarcelar». A modo premonitorio, Leopoldo indicó a su mujer los libros que debía traerle a la cárcel y le pidió ser fuerte. «Enamorarme de él no era el mejor plan para mí. Él era político y yo quería ser madre y tener una vida tranquila, pero, cuando lo conocí, me di cuenta de que ésa era una política necesaria», sentencia la joven.

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Tintori reconoce que mantiene una admiración ilimitada hacia su marido. «Él ha sido mi gran profesor, mi gran guía y todavía ahora me enseña», afirma. La última lección, en la visita de esa tarde en prisión, cuando ella le preguntó qué era y Leopoldo le respondió: «Un socialdemócrata, de la línea del ex presidente español Felipe González». La que se ha erigido ahora como símbolo de la oposición venezolana reconoce que estudió un posgrado de Comunicación Política –tras haberse formado en Educación Preescolar– «para entender la vida de Leo». «Hace poco me encontré a mi profesor del posgrado y me preguntó que para cuándo iba a realizar las prácticas. Le contesté que ya tenía suficiente con las numerosas reuniones políticas», bromea a carcajadas. La misma expresividad que emplea para tratar cualquier tema. Una pasión que desata tanto para mostrar indignación como alegría.

El vehículo se detiene frente a una barrera. Estamos en la entrada del condominio (urbanización) de Leopoldo López y Lilian Tintori. «Es la primera vez que traigo a un periodista aquí», subraya antes de cruzar la entrada. En esos pocos minutos de silencio hasta llegar a su casa, la joven opositora aprovecha para responder algunos mensajes de Whatsapp y llamar a una amiga por Skype. Las llamadas han sido constantes durante todo el trayecto. Nos abre la puerta una de las asistentas del hogar. La primera en recibirnos es su hija Manuela, de cinco años, que suelta su cebra de peluche para lanzarse a los brazos de su madre. En el salón le espera Antonieta, la madre de Leopoldo López, con una libreta, y un joven candidato opositor. Comienzan a hablar desenfrenados sobre los últimos acontecimientos políticos del día.

Compaginar las tareas de madre y líder opositora parece una hazaña. «Tan sólo es posible con mucho equilibrio. Así como tengo reuniones de trabajo y viajes, también tengo que estar en casa con mis hijos. Hoy, por ejemplo, dejé todo para llevarlos al colegio», explica Tintori, quien tiñe de romanticismo cada una de sus frases: «Soy deportista, maratonista, y eso te da mucha disciplina. Todo lo que yo aprendí a vivir con los maratones lo estoy aplicando ahora. Trato de ser disciplinada, organizar los tiempos y poner prioridades. Tengo mucha fuerza, porque la lucha es por amor, y el amor no se acaba, sino que se multiplica».

Tras el intercambio de información con el equipo de campaña más cercano, Tintori se dirige a la salita donde su otro hijo, Leopoldo, de dos años, ya duerme. Por el televisor todavía corren Bugs-Bunny y el Pájaro Loco. La madre se sienta junto al pequeño mientras que Manuela se apoya en su regazo. Los tres pasan un rato juntos hasta que Tintori coge en brazos a Leopoldo para llevarlo hasta su dormitorio. Antes, le pide otro abrazo a su hija. En las paredes de los pasillos cuelgan infinidad de fotografías, algunas en blanco y negro. Retratos de una familia numerosa en distintas partes del mundo. Estamos en la casa de Antonieta y Leopoldo López, los padres del líder opositor encarcelado, donde Tintori ha traído a su familia estos días «por comodidad y apoyo». Una lujosa torre de madera y amplias cristaleras, decorada con muebles barrocos y pinturas vanguardistas. Allí se crió Leopoldo López.

Los niños se han acostumbrado a la ausencia de su padre y ya no preguntan. «Les cuento la verdad. Saben que su papá está luchando, es un héroe, que quiere que Venezuela esté bien y que todos los niños estén bien. Les pongo los discursos de Leopoldo y así lo oyen. Saben que está en una cárcel y que lo vamos a sacar de ahí. Tienen mucha paciencia porque saben que mami está trabajando para sacar a papi», señala Tintori después de acostar a sus hijos. La madre se desinfla y busca los abrazos tanto de su jefa de prensa como de Antonieta, su suegra, que la anima con el cariño de una madre y la diligencia de una profesora. La jornada no acaba ahí. Todavía falta una reunión, allí mismo, entre los más allegados.

Es hora de despedirse, pero queda pendiente una pregunta. ¿Cómo logra sacar fuerzas a diario para semejante actividad?: «Me dan fuerzas cuando llego a mi casa, leo un cuento a mis hijos, los veo dormidos, me acuesto, rezo, miro a mi cama y veo el sitio de Leopoldo, vacío. Tengo que seguir. Leopoldo está preso. Mi familia está separada. Leopoldo es inocente. Esa responsabilidad inmensa me ayuda a seguir. Estoy luchando por mi familia, por el amor que siento por Leopoldo y por el futuro de mis hijos. Yo quiero que crezcan en Venezuela».