Cómo salir victoriosos (o al menos vivos) de los compromisos navideños

Se acercan las grandes ocasiones del año, regadas, ahogadas diría, en licor e impostado frenesí navideño.

'El diario de Bridget Jones'.
'El diario de Bridget Jones'. FOTO: archivo

Como saben todos, todas y todes, se acercan las grandes ocasiones del año, regadas, ahogadas diría, en licor e impostado frenesí navideño.

Sí, amigues, diciembre es duro en la vida de cualquiera, una pista americana de gastos, sonrisas, brindis y recuerdos, mezclados con polvorones, atuendos elegantiosos y por qué no, alegría preceptiva, indeclinable. No obstante, enero será peor.

Llegarán, no lo duden, los ásperos días de plumífero y paño, de recogimiento y cuaresma, así que, disfrutemos dócilmente y acudamos a levantar nuestras copas de champagne allá donde buenamente se nos requiera, ahora que, entre susto y susto pandémico, la España de los vacunados y de los por vacunar, se viene abajo de ágapes y eventos , gin tonics con hortalizas, personajes divinos y estilismos repipones.

Confieso que yo, con cientos (miles) de horas de fiestas, trompas y papalinas a mis espaldas, tengo el asunto del protocolo y el encanto analizado pormenorizadamente y, como soy bondadosa, he decidido compartirlo con ustedes. Mis respetuosas sugerencias:

La primera y de la que nunca hablamos lo suficiente: un traje exige una actitud. Si van a tratar con gente difícil o tienen que imponer alguna clase de autoridad profesional o social, no se vistan como My Fair Lady en el baile de la Embajada. Por el contrario, si quieren desempeñar un rol de modestia y dulzura inquebrantables ante sus futuros suegros y cuñadas, no vistan como CatWoman.

La segunda y no menos importante: cualquier atuendo adquiere significados completamente nuevos cuando hace frío y el alcohol fluye por nuestras venas y las de los demás. ¡Ojocuidao!

La tercera: para ser elegante, querides, lo mejor es no beber nunca, no fruncir el ceño nunca y no salirse del tiesto nunca, excepto cuando los demás no lo hacen. Hay que tener sentido del espectáculo como Fredy Mercury, Michael Jackson e Ivan Espinosa de los Monteros.

Claramente expuesta la base de nuestro buen hacer estético, que ya es mucho, repasemos los mandamientos a la hora de vestir y beber, o de beber y vestir, tanto monta monta tanto, las dos actividades que más practicaremos en los próximos días:

Sexy o elegante, esa es la cuestión. En tiempos de Hamlet las mujeres morían en los partos pero nunca se encontraban en tan horrible disyuntiva. Personalmente me identifico con la mujer chispeante, aunque, por supuesto, no me pongo lo mismo a los 44 que a los 22. La elegancia en el vestir depende de la edad, de la forma física, del carácter del protagonista y por supuesto del lugar. No es lo mismo una reunión en casa con personas civilizadas, cosmopolitas, liberales y gentiles que una noche de juerga por los antros de la ciudad.

En general, vistan y beban con absoluto comedimiento y ponderación, a no ser que, sin quererlo, se encuentren rodeados de abstemios, de individuos en plena dieta cetogénica o simplemente de aburridos. Es más, les aconsejo en tales circunstancias que vivan, beban y que vistan como cerdos o como reyes consortes monegascos.

Sí a los looks dramáticos, recargados y a las noventeras mangas abullonadas, siempre que no procedan de zara. Por muy apetecibles que resplandezcan las propuestas ultrafashionistas de Inditex, no se las compren, al menos no sin considerar antes que esa fabulosa prenda que nos fascina se la ha comprado antes Adara Molinero. Ah queridos, cuánto daño ha hecho Telecinco y sus tronistomorfos tertulianos al mundo de la moda low cost…

Si yo fuera un hombre, me pasaría la vida en smoking, uno nunca está lo suficientemente borracho o desatinado en el interior de un buen smoking. Les recomiendo, señores míos, comprarse uno porque sin duda lo amortizarán ustedes que pueden repetir sin que se note. Si prefieren alquilarlo, también pueden, mi consejo: SAGAZ Men Fashion.

Para nosotras las mujeres, la elegancia estilística cuesta mucho más. Preferiblemente, no usen jeans si no son menores de treinta; no usen jeans si no tienen un trasero sin mácula y una cintura de avispa. ¿Para qué hemos comprado esos vestidos y faldas increíbles de organza o esos maravillosos y elegantísimos pantalones con lentejuelas si no es para usarlos en ocasiones como estas? ¡Qué demonios! ¿no es Navidad? Si en estas fechas no lucimos lo más esplendoroso de nuestro haber, nunca lo haremos porque nunca será tan apropiado. Póngase jeans, para cenar, si y solo si, al mirarse al espejo no pueden evitar sonreír y creer que Dios diseñó esa prenda pensando en usted. En coctel y Black-Tie, prohibido.

¡Otra sugerencia! Si beben, no intenten ligar bajo ningún concepto, a no ser que lo hagan con alguien infinitamente más borracho que ustedes.

Si van a hacerlo miserablemente, procuren no bailar. Hay determinados movimientos de cadera que un hombre no debe realizar fuera del lecho, acompañado y sin calzones.

Mujeres, ¿recuerdan esos pendientes impresionantes? No se los pongan. Adoro los pendientes grandes, Enrique se muere de risa: “¿Qué llevas ahí colgando, las zapatillas de casa?”. Sin embargo, mucho cuidado. Tras horas bailando, si no hemos perdido en la pista un pendiente o los dos, sentiremos como una plancha al rojo vivo en las orejas. Mi consejo, optar por un par de solitarios auténticos o unos de fantasía de calidad (mi madre dice que los malos se distinguen, pero, tristemente, no es cierto).

¿De pie o sentados? Tengan en cuenta, amigues míes, a la hora de elegir su atuendo si el evento es a la mesa o en sillones, por ejemplo. Los vestidos cruzados y las faldas demasiado cortas son los peores enemigos de las mujeres sentadas en sofás. Y sepan que la prenda que caminando erguida resulta angelical… gloriosa, puede convertirse en el reclamo más demostrativo y choni de la velada al sentarnos (y beber algunos ponches.)

En cuanto a la charla, busquen a un colocutor en las mismas condiciones de ebriedad que ustedes o más. Si no lo hay, márchense a casa, o mejor a urgencias. No discutan si es posible evitarlo y mucho menos de opiniones y gustos, política, religión…. Si se descubren rodeados de imbéciles una reacción distinguida es sentarse en el sofá más próximo y departir amigablemente con uno mismo.