Política

Andalucía

Un premio “bastante merecido” que ha tardado 40 años

La Junta reconoce con el premio de honor Carmen Olmedo a las nueve primeras alcaldesas andaluzas de la democracia en la 22 edición de los Meridiana

Premios Meridiana 2019 / Foto: Manuel Olmedo
Premios Meridiana 2019 / Foto: Manuel Olmedolarazon

La Junta reconoce con el premio de honor Carmen Olmedo a las nueve primeras alcaldesas andaluzas de la democracia en la 22 edición de los Meridiana

Cuatro de las nueve primeras alcaldesas de la democracia, las únicas mujeres elegidas para sostener el bastón de mando en 1979 en 760 ayuntamientos andaluces, no han podido recoger hoy un premio que la que fuera regidora de Frailes (Jaén) Encarnación Anguita agradeció siendo sincera: “Voy a decir que es bastante merecido”. En nombre de Carmen Amate, que fue alcaldesa de Pechina (Almería), lo recogió su nieta, pues ella ya falleció, lo que provocó en su descendiente una mezcla de tristeza por no poder ver a su abuela reconocida en vida “porque las mujeres tardamos 40 años en que se reconozca nuestro trabajo”, pero también con la alegría que supone poner en valor a una mujer como su abuela “rural, viuda, con cinco hijos, sin apenas formación, que todo lo que consiguió lo consiguió con su trabajo”. De paso, como digna heredera de ella, dejó claro que coge su relevo y como “muchas mujeres que salimos a la calle el 8 de marzo” dejó claro que “no vamos a permitir que se dé ni un paso atrás” y recordó a las actuales parlamentarias, consejeras y funcionarias de la administración pública que están donde están gracias a que mujeres como su abuela abrieron el camino.

Un camino en el que algunas pedían perdón, como hizo Adoración Antolín, la que fue alcaldesa de Uleila del Campo (Almería) con apenas 26 años, y que desde el atril comenzó diciendo “igual que decía en los plenos que me disculparan por que no sé expresarme bien” -afortunadamente no tuvo que escuchar que la increparan como entonces llamándola “mocosa, tenías que estar en casa fregando”-. Y un camino que algunas emprendieron con la inseguridad y autolimitaciones que años de educación y cultura machistas habían hecho calar en ellas creyéndose menos preparadas para afrontar esos cargos. María del Pilar Granados iba como cabeza de lista por un partido independiente en Villaharta (Córdoba) pero le preguntó al secretario municipal insistentemente: “¿Seguro que no salgo, no?”. Sin embargo salió elegida -su marido, el médico del pueblo, iba en la lista de otro partido y se retiró- y durante sus dos años de mandato llevó el agua corriente al pueblo y el asfaltado de varias calles, relata su esposo (que era el médico del pueblo) orgulloso. “Lo pasé fatal porque no tenía ni idea de política, pero bueno, hicimos cositas”, rememora ella humilde.

Junto a las primeras nueve alcaldesas de la democracia en Andalucía (hoy hay 163, aún sólo el 21,9% del total), los Premios Meridiana que cada año concede el Gobierno andaluz en el marco del 8 de Marzo reconocieron la labor del profesorado de ‘Género y Salud’ del grado de Enfermería de la Universidad de Sevilla, que este año cumple diez años, de la doctora en Biología por la Universidad de Málaga Dolores Fernández Ortuño, de la ingeniera de Minas María del Carmen García Ruiz (primera mujer que presidió el Consejo General de Ingenieros Técnicos de Minas), de la periodista de Canal Sur Mar Arteaga, de las costureras del Polígono Sur creadoras del taller Occhiena Central de moda étnica (donde actualmente trabajan doce mujeres del barrio y un hombre refugiado de Burkina Fasso, y que cuentan con una línea de trajes de flamenco, otra de bañadores, otra de ropa interior con algodón ecológico y trabajan para el diseñador Galiano para una tienda de Dior en París).

También fueron premiadas la directora de la Editorial Renacimiento Christina Linares, el personal del Servicio de Acompañamiento Psicológico a Mujeres Víctimas de Violencia de Género de Córdoba, la cantaora onubense Rocío Márquez y la actriz y dramaturga Lola Botello, impulsora de Talleres de Teatro para Mujeres (ambas actuaron al final del acto celebrado en San Telmo).

“Gracias por vuestra talante, tenacidad y compromiso porque nos habéis enseñado que con eso somos invencibles., Sois nuestra inspiración, nos habéis demostrado que con eso seremos libres, iguales y vidas. Con eso la utopía es posible”, subrayó la consejera de Igualdad, Rocío Ruiz (Cs), que comenzó su discurso subrayando que “hay quienes nos rebelamos” contra los muros y barreras, la invisibilidad y el miedo, lo que llevó a salir a la calle el 8 de marzo, y prometió “de corazón” trabajar con su equipo para “derribar esos muros”.

Botello fue la encargada de hablar en nombre de las premiadas y de otras “muchas compañeras” que lo merecerían igual por su labor investigando, educando, cantando o cosiendo. Defendió que cada vez hay mas conciencia del “poder” de las mujeres “juntas” como prueban las masivas manifestaciones del pasado 8 de marzo, y deseó que llegue un día en que estos premios no sean necesarios porque no haga falta reivindicar la igualdad pero “mientras llega ese día, gracias por reconocer esta labor que no dejaremos de hacer con ambos, valentía y llenas de esperanza”.

El presidente de la Junta, Juanma Moreno, comenzó su discurso pidiendo un minuto de silencio por las tres mujeres asesinadas por sus parejas el pasado fin de semana, y comprometió su condena y lucha contra esta lacra “hoy, mañana y todos los días hasta que entre todos podamos erradicarla”. En este sentido insistió en que su Gobierno impulsará un Pacto andaluz contra la violencia de género y el desarrollo del Pacto estatal, del que reniega Vox, cuyos votos le hicieron presidente para formar gobierno con Cs, al igual que de las manifestaciones del 8 de marzo, en las que el PP no participó al considerarlas politizadas si bien Moreno dijo que las premiadas “encarnáis todo cuanto hemos celebrado el 8 de marzo”.

Defendió la necesidad de descender “de los discursos a los hechos” abordando la flexibilidad horaria para facilitar la conciliación, las ayudas a los autónomos para que disfruten de los permisos de maternidad y paternidad y realizar “cambios estructurales, no sólo puntuales”.

“Doy tanto valor a este acto porque la lucha por la igualdad empieza por evitar que la desigualdad sea invisible y porque las mujeres no deben ser solas las depositarias de salvaguardar los valores de la igualdad. No sería justo dejar solas a las mujeres en esta batalla”, revindicó, para subrayar que “el logro de la igualdad real y efectiva beneficia absolutamente a todos y no perjudica absolutamente a nadie” y se mostró optimista de que “es una batalla que vamos a ganar antes de lo que algunos creen” requiere la colaboración de las instituciones para contribuir a los cambios políticos pero también un cambio cultural y social desde la educación de los hijos al combate de los micromachismos.