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Podemos: La revuelta de los fieles

Espinar agrava con su dimisión la crisis abierta en Podemos tras la fuga de Errejón. Renuncia ante la negativa de la dirección a tender puentes con la plataforma de Carmena. Otros diez barones regionales exigen «unidad» y «negociación»

  • Ramón Espinar, en una imagen de archivo / Efe
    Ramón Espinar, en una imagen de archivo / Efe

Tiempo de lectura 5 min.

26 de enero de 2019. 05:02h

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Pablo Gómez / Nuria Platón.  25/1/2019

Sin haber consumido aún su primer mes, 2019 puede ya considerarse como el «annus horribilis» de Podemos. La crisis abierta tras la decisión de Íñigo Errejón de ser el candidato de la plataforma de Manuela Carmena y no del partido morado en las autonómicas de mayo se agravó ayer con otra salida. Ramón Espinar, secretario general de Podemos Madrid, anunciaba que dejaba todos sus cargos y la primera línea de la política. Un adiós inesperado y más grave si cabe para la estrategia de Pablo Iglesias que el protagonizado por Errejón una semana atrás.

Espinar no sólo era un líder de la total confianza de Iglesias. Representaba el contrapunto oficialista a la corriente «errejonista» en Podemos Madrid y estaba llamado a ser el hombre que pilotase la recomposición de la candidatura en esta comunidad cuando restan menos de cuatro meses para esos comicios. Y fue precisamente esta labor la que terminó desecandenando su renuncia. Tal y como confirman fuentes del partido a LA RAZÓN, Espinar, pese a su conocida enemistad con Errejón, era partidario de tender puentes con Más Madrid, es decir, con el entorno de Carmena y del ex número dos del partido. «Ramón tenía claro que era un suicidio ir a las urnas en mayo enfrentados en dos listas», aseguran esas fuentes. Este diagnóstico chocaba de frente con la hoja de ruta de la dirección del partido y de su líder.

La posición de Espinar a este respecto no era «maximalista». Desde el pasado sábado había intentado tímidamente persuadir al entorno de Iglesias y del secretario de Organización, Pablo Echenique, de la necesidad de no volar todos los puentes con el partido de la alcaldesa. El análisis que compartió durante toda la semana con algunos compañeros de partido pivotaba sobre dos ideas: que era preferible un acuerdo, aunque éste implicara dar marcha atrás respecto a la postura fijada por Iglesias en el minuto cero de la crisis, y que medir en unos comicios las fuerzas de Podemos con las de Carmena y Errejón constituía una táctica de alto riesgo. Defendió esta posición hasta el último minuto: este jueves, en la Asamblea de Madrid, insistió ante algunos compañeros de bancada en que «la lista unitaria era el camino». El pasado sábado, con la fuga de Errejón aún reciente, Espinar ya evitó apoyar de un modo expreso y público la posición fijada por Iglesias para que Podemos concurriera con su propia lista para competir con Más Madrid. La postura de Espinar no implicaba que hubiera visto con buenos ojos la decisión de Errejón de abrazar la plataforma de Carmena. El ex secretario general de Podemos Madrid aseguró sentirse «decepcionado» ante esta deslealtad: Errejón le había ocultado durante más de un mes su estrategia y había acudido junto a él a las negociaciones con Izquierda Unida para dar forma a una candidatura de confluencia. Censuraba, por tanto, la estrategia de Errejón, pero, al mismo tiempo, defendía la urgencia de un acuerdo. El hecho de que más de la mitad de los diputados del grupo parlamentario de Unidos Podemos en Madrid –del que Espinar formaba parte hasta ayer– sean declarados «errejonistas» jugó un papel clave a la hora de fijar su posición.

Frente a ello, Iglesias, Echenique y el resto de miembros de la dirección sí han insistido estos días en que Podemos tiene que presentar su propia lista tras el «plan urdido en secreto por Errejón» y en que no hay margen para la negociación con Más Madrid. No eran, por tanto, posturas compatibles y Espinar lo dejó entrever en el comunicado que publicó ayer en las redes sociales para informar de su renuncia: «Liderar un proyecto político es un ejercicio de responsabilidad que implica proponer el rumbo y dirigir el esfuerzo colectivo. En la situación actual, no se dan las condiciones para llevar el proyecto de Podemos Madrid hacia donde yo creo que debe dirigirse». En este escrito, también dejó algunas pistas respecto ese «rumbo» que, a su juicio, debe tomar el partido en las circunstancias actuales: «España necesita un proyecto de futuro para todos y eso no termina con uno u otro dirigente al frente. La responsabilidad de construir una alternativa que responda a ese reto sigue siendo de todos. Ojalá quienes siguen en tareas de dirección sean capaces».

La renuncia de Espinar cogió desprevenida a la dirección nacional. Su reacción se limitó a convocar de urgencia el Consejo Estatal Ciudadano para el próximo sábado 2 de febrero. Los de Iglesias abordarán en esta cita la crisis abierta al ser éste el mayor órgano de dirección política de Podemos entre asambleas. La dimisión también sorprendió a Errejón. Desde su entorno señalaron a este diario que esta decisión debería llevar a la reflexión a Iglesias: «Tiene que darse cuenta de que va en la dirección contraria a todo el mundo».

Casi a la misma hora, el «terremoto Espinar» tuvo su réplica en Toledo. En esta ciudad, diez líderes regionales de Podemos se reunieron para «reflexionar y debatir» sobre los retos del partido. Convocados por el secretario general de Podemos en Castilla-La Mancha, el «pablista» José García Molina, acudieron a esta cumbre los responsables del partido en el País Vasco, Aragón, Valencia, Murcia, Extremadura, La Rioja, Asturias, Baleares y Canarias, la mayoría, afines a Iglesias. El consenso entre ellos fue unánime en tres puntos: lamentar que Errejón ocultara al partido su estrategia; llamar a la unidad y defender la autonomía de las direcciones regionales. La bautizada como «Declaración de Toledo», consensuada por estos diez líderes –que aseguraron compartir las «preocupaciones» de Espinar–, evitó la crítica frontal a Iglesias pero insistió en reclamar «unidad, alegría, responsabilidad y coordinación». También «negociación», lo que, en el contexto actual, se interpreta como una llamada de atención a Iglesias: incluso sus líderes más fieles amenazan con plantarse ante el riesgo de una debacle motivada por la cerrazón de Iglesias frente al órdago de Errejón.

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