Se abre la veda

En dos de cada tres hectáreas de Madrid está permitido algún tipo de caza
En dos de cada tres hectáreas de Madrid está permitido algún tipo de caza

La temporada de caza acaba de arrancar en Madrid y cerca de 33.000 aficionados a este deporte se disponen a salir al campo para abatir a sus presas. Todos ellos tendrán los jueves, sábados, domingos y festivos hasta el próximo 31 de marzo para disparar contra 19 especies de caza menor (conejos, liebres, palomas, faisanes...) y seis de caza mayor:ciervo, corzo, jabalí, cabra montés, gamo y muflón.

Como novedad, la Comunidad de Madrid se ha propuesto controlar la población de algunas especies invasoras y «permite la captura y muerte de cualquier ejemplar» de mapache, cotorra argentina y cotorra de Kramer, según se recoge en la disposición de la Consejería de Medio Ambiente, fechada en el 25 de junio de este año, en la que se regula toda la actividad cinegéitca en la región. La medida se ha tomado porque la población de estos animales, no autóctonos, se ha disparado durante los últimos años en todo el territorio en el caso de las aves, y en el sureste en el caso del mamífero americano. Entre estas excepciones no se ha incluido al visón americano, que también está considerada como especie invasora, por su parecido con las ginetas, los turones o las garduñas.

Aún así, los trofeos preferidos siguen siendo los de toda la vida y el periodo de tiempo para conseguirlos será hasta el 31 de enero del próximo año en la caza menor, mientras que la caza mayor se extenderá hasta el 21 de febrero en el caso del ciervo, el gamo, elmuflón y el jabalí. Por su parte, la cabra montés tendrá dos momebntos distintos: hasta el 15 de diciembre y del 1 al 21 de marzo.

Para lograr esos premios, los cazadores disponen de espacio más que suficiente en nuestra comundidad. Prueba de ello es que se puede ejercer esta actividad en dos tercios del territorio: de las 802.790 hectáreas de la región, la superficie de cotos en los que se permite algún tipo de caza (mayor o menor) es de 520.694.

Además, el número de piezas se reparte cada vez entre menos tiradores, ya que este deporte ha perdido, en Madrid, 10.000 licencias en los últimos diez años. Buena parte de esos cazadores que han dejado de salir lo han hecho debido a la situación económica, por el coste de las licencias de caza y de armas, así como el elevado precio y mantenimiento del arma y el material que se requiere.

Una labor fundamental

Estos «tiradores» tienen una función crucial como estabilizadores del número de animales. El mismo director general de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, Ricardo Riquelme, lo explica asegurando que «es importante como elemento de control poblacional de las especies, en la medida en que contribuye a minimizar los daños sobre la agricultura, la proliferación de enfermedades o incluso los accidentes de tráfico ocasionados por la invasión de vías de circulación por parte de animales silvestres».

Riquelme destaca también esta actividad como punto de cohesión social en muchos pueblos, ya que «constituye una actividad de gran importancia para el medio rural. Es quizá la última práctica conjunta que realizan los vecinos de muchos pueblos, que han abandonado actividades agrícolas o ganaderas que antes realizaban en común. Por tanto, supone un vínculo de cohesión y solidaridad social». Otro de los argumentos a favor que esgrime es que «es un recurso económico importantísimo que genera riqueza y dinamiza el medio rural. No hay que olvidar que dentro del sector agrícola y forestal es el área que más volumen de negocio genera a nivel nacional».

Por su parte, los grupos ecolosgistas aseguran que la legislación defiende a los cazadores frente a los que no lo son. ARBA, Asociación Ecologista del Jarama «El Soto», Ecologistas en Acción, GRAMA y Jarama Vivo, entre otros, reclaman una mayor regulación y control de la caza. Aseguran que «supone un riesgo para el ejercicio de otras actividades en la naturaleza» y, aunque no ponen en duda la labor de control de las poblaciones, critican la gestión autonómica porque «no se ofrece transparencia ni datos científicos que justifiquen la gestión» para determinar cuánto y durante qué épocas se permite disparar.

La ley prima la seguridad

La normativa y los exámenes que hay que superar para tener un arma, usarla, sacarla a un lugar de caza y abatir a un animal es extensa y cualquiera que desee hacerlo tiene que llevar a cabo un proceso dirigido por la Guardia Civil y las autoridades autonómicas.

La Comunidad de Madrid se reserva la capacidad de conceder, o impedir, que se pueda ejercer esta actividad en determinados lugares. Además, en lo que a la caza mayor se refiere, se podrán establecer monterías, baterías, ganchos y recechos. Sin embargo, durante el desarollo de cualquiera de estas actividades en zonas atravesadas por vías o caminos de uso público o vías pecuarias, los titulares de los terrenos o los organizadores deberán poner carteles advirtiendo de la celebración de la misma en la entrada de la vía. En el caso de la caza mayor, esos avisos deberán instalarse, al menos, con 48 horas de antelación.