La Charanga Palomeras da la bienvenida al público y ameniza la función.
La Charanga Palomeras da la bienvenida al público y ameniza la función. FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

La Zarzuela del Kas, el musical autobiográfico de Vallecas

Más de 120 vecinos y vecinas participan en un espectáculo que aúna teatro comunitario, conciertos en directo y canto coral

En lugar de bambalinas, hay un enorme muro de hormigón manchado de colores y rúbricas salpicadas en espray. Un lienzo de piedra tras el que se intuyen burros de ropa tan cargados, que las prendas parecen haberse fundido en un amasijo de brillo. Desde lo alto del auditorio al aire libre, se puede ver asomando la pérgola improvisada con lonas de un azul intenso bajo la que se arremolinan los nervios de quienes queman los últimos minutos antes de salir a un escenario dibujado en el suelo con un cordel. «Pero, ¿qué es eso de un ensayo técnico?».

La mirada inquieta de Marisa, Pilar, Mayte y las demás es toda la respuesta que recibe Marifé, asaltada por la duda como quien se atraganta leyendo en diagonal frases sueltas de sus apuntes antes de darle la vuelta al examen. Su pregunta se la lleva el silencio, que se apodera en un arrullo de seseos de los segundos previos al arranque de lo que sea eso que está a punto de empezar. «¡Presencia! ¡La cabeza alta! ¡Orgullo por lo que estamos haciendo!». Una voz de megáfono diluye los pocos pensamientos dispersos que siguen flotando en el ambiente. Las notas de viento metal insonorizan el espacio, los golpes de tambor dan la señal. Suena a verano, huele a musical.

«Partiendo de la idea del teatro comunitario, empezamos a pensar un proyecto multidisciplinar que aglutinase todas las formas artísticas y permitiese democratizar la creación cultural», comienza explicando Mario Muñoz González, del colectivo La Horizontal, que desde 2017 trabaja en la dinamización de los barrios de Vallecas a través de la cooperación en las calles y en los centros sociales. «Tanto el Puente como la Villa cuentan con una red impresionante de gente organizada en torno a asociaciones de todo tipo, nosotros, simplemente, nos hemos ocupado de integrar eso que ya estaba disponible, de conectarlo todo», añade Maite Molina Villar, de Vallecas Todo Cultura, una ONG nacida en 1990 para el desarrollo sociocultural de esta zona en la que el movimiento ciudadano es motor incansable.

Ambos son artífices de lo que no deja de ocurrir a su alrededor, de lo que el primer domingo de junio congregó a más de un centenar de vecinos y vecinas en la plaza de Carlos Jiménez de Parga para la prueba de fuego antes del gran estreno. De fondo, las voces acompasadas de un coro de sopranos y contraltos sin tacones y tenores y bajos sin corbatas interrumpen la entrevista para desvelar el nombre del espectáculo: «Es la Zarzuela del Kas un proyecto singular que este barrio va llenando de alegría».

Los vecinos y vecinas de Vallecas ultiman los detalles finales antes del ensayo general de la Zarzuela del Kas.
Los vecinos y vecinas de Vallecas ultiman los detalles finales antes del ensayo general de la Zarzuela del Kas. FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Presentado por sus organizadores como el musical autobiográfico de Vallecas, el sábado 12 de junio, este espectáculo de teatro comunitario colmará de historia y arte el mismo auditorio que una semana antes acogió a un puñado de curiosos como espectadores espontáneos del ensayo general, el primero y único con todas las partes implicadas dentro y fuera de escena antes de la actuación, y al que asistió LA RAZÓN.

Ataviados con delantales de lunares, sombreros cordobeses, peinetas y claveles, los integrantes de la Charanga Palomeras son los encargados de dar la bienvenida al público con notas que recuerdan a las de la verbena madrileña. Pero no están solos en esta empresa, pues el Colegio Público Manuel Núñez de Arenas pone de su parte toda una orquesta de niños y niñas y la Asociación Cultural La Kalle aporta la energía de los jóvenes de la Batucada Ratatui. Quienes lucen boina chulapa y caminan de aquí para allá con el cuadernillo debajo del brazo pertenecen al coro amateur de 50 personas que desde hace meses asisten gratuitamente a clases de canto con las que han aprendido a domar sus voces. También han recibido formación las 17 actrices principales de la pieza, vinculadas a la Asociación Vecinal del Alto del Arenal: «Una experta en teatro gestual ha estado trabajando con ellas, enseñándoles calentamiento y técnica vocal, porque lo que buscamos también con esto es que quienes participan crezcan», puntualiza Maite Molina.

Coro amateur de 50 personas creado para la ocasión.
Coro amateur de 50 personas creado para la ocasión. FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Un elenco secundario extraordinario, equipos de vestuario, escenografía y utilería, encargados del montaje y el desmontaje, reporteros gráficos y hasta acomodadores de sala, todos juntos hacen un total de 120 vecinos y vecinas a quienes se suman los profesionales. «Este es un proyecto híbrido: por un lado, solicitamos una subvención a la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Madrid para poder contar con un equipo de producción y un equipo artístico que hagan de sostén, así como con la ayuda de Milán Acústica gracias a la Junta del Distrito de Puente de Vallecas; por otro, llamamos a la colaboración ciudadana y al voluntariado para poder abarcar una propuesta tan grande con un presupuesto muy por debajo de lo que exige un espectáculo de esta magnitud», detalla Mario Muñoz sobre el entramado que hay tras la Zarzuela del Kas.

Barro, flores y lucha

Concha no había nacido cuando estalló la guerra civil, pero creció escuchando las anécdotas de su abuela sobre aquellos años negros de la historia de España. Tampoco recuerda esas noches en vela en las que los migrantes llegados de las dos Castillas, Extremadura y Andalucía construían los techos bajo los que dormir moldeando con sus propias manos el barro. Pero sí fue testigo de la transformación de esas mismas chabolas en casas dignas en un tiempo en el que las drogas pasaron a ser la nueva preocupación de las madres del barrio. «Todas estas historias de lucha están reflejadas en la obra», anuncia con la voz entrecortada la actriz que, a sus 73 años, es la mayor de Las Teatrekas, de las que la más joven es Marisa, de 45. «Llevamos cinco años juntas, pero, antes que un grupo de teatro, somos un grupo de mujeres que practican el apoyo mutuo», cuenta Merce, a lo que Susi añade: «El teatro solo ha sido la excusa para unirnos».

Las Teatrekas son mujeres vallecanas de entre 45 y 73 años unidas por el teatro.
Las Teatrekas son mujeres vallecanas de entre 45 y 73 años unidas por el teatro. FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Vestidas de negro de los pies a la cabeza y con los micros ya dispuestos para la prueba de sonido, las 17 actrices interpretan «De barro, flores y lucha», un texto de vivencias escrito por ellas mismas con el que tejen, escena tras escena, la historia de Vallecas desde principios del siglo pasado hasta hoy. En el momento de poner un pie bajo el enorme foco de luz que es el sol, Maite, la que sería la número 18 en el reparto, se hace a un lado, que a ella la salud de su marido esta vez no la dejará actuar. A su vera, la directora del grupo mira con orgullo a sus aprendices mientras los golpes de baqueta caen en el auditorio como un bombardeo.

Superado el pase técnico y el ensayo general, el sábado 12 de junio a partir de las 18:00 horas en el auditorio Carlos Jiménez de Parga, la Zarzuela del Kas estrenará en una explosión de belleza contenida durante cuatro meses de esfuerzo a la que asistirán 600 personas entre bastidores y graderío. Y no habrá telón para marcar el inicio ni el final, pero qué más da, el espectáculo debe continuar.

Trabajo a contrarreloj por la Covid-19

Todo empezó con una reunión entre Maite Molina y Mario Muñoz. Pronto una buena idea se convirtió en un proyecto listo para presentar a concurso. La Zarzuela del Kas consiguió en 2019 una dotación de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Madrid y las entidades organizadoras se pusieron a trabajar. Pero, una vez más, llegó la pandemia para frustrarlo todo. «Tuvimos que parar en seco y para cuando retomamos la actividad el tiempo se nos echaba encima», narra Maite, de la ONG Vallecas Todo Cultura, y prosigue: «La Administración nos dio una prórroga, pero, aun así, hemos hecho en poco más de tres meses lo que estaba estipulado realizar en casi seis». A esto hay que añadir las dificultades de coordinar un equipo de más de 120 personas con las restricciones del actual contexto sociosanitario, lo que explica que la única vez que se hayan visto las caras todos los vecinos y vecinas de Vallecas implicados en la Zarzuela del Kas haya sido una semana antes del gran estreno, todo un reto.