Madrid

Foucault y los mecanismos del poder: el monólogo que retrata a la sociedad

Andrea Garrote trae a La Abadía «Pundonor», su premiado monólogo donde interpreta a una profesora con problemas, especialista en el filósofo francés

Pundonor, de Andrea Garrote
Pundonor, de Andrea Garrote FOTO: La Abadía La Abadía

Llega al Teatro de La Abadía la multipremiada obra «Pundonor», un intenso monólogo sobre las bases de la conciencia social escrito por la argentina Andrea Garrote, y codirigido por ella misma junto a Rafael Spregelburd. Además, es la propia Garrote quien interpreta a Claudia Pérez Espinosa: una profesora universitaria, Doctora en Sociología, que vuelve al aula después de tomarse unos meses de excedencia obligada al haberse visto sumida el cuatrimestre anterior en un desafortunado asunto que la expuso a un escarnio público. En su regreso ante los alumnos, la clase que debe impartir es una introducción a la obra de Michel Foucault y la sociedad disciplinaria, pero ésta se interrumpe constantemente debido a su frágil situación.

Se siente con la responsabilidad de dar explicaciones sobre su ausencia y su comportamiento, aparentemente necesita redimirse. En su desesperación, Claudia, se vuelve imprevisible, vulnerable e inicia una suerte de retrospectiva sobre el problema acaecido. Apoyada en la teoría de Foucault, decide compartir su versión en el aula y, con ese relato, explicar también algo de la teoría incidiendo en cuestiones como el libre albedrío, los mecanismos del poder y cómo el individuo los reproduce y ejerce, su modo de relacionarse con las instituciones, la necesidad de los otros para construirnos, los nuevos modos de contacto y relaciones sociales, el control de la ciudadanía, las trabas autoimpuestas… conformando un retrato social.

Entretenimiento con filosofía

«Me gusta la filosofía y en teatro me interesa el actor y las palabras, que haya concepto, el campo filosófico, pero desde el lugar del entretenimiento y la diversión, que es una combinación que me parece importante, nunca desde la moralidad. Todos estamos ávidos de pensamientos y de reflexiones y eso, en el teatro puede tener mucha fuerza y hay que aprovecharlo», asegura Garrote. En cuanto al texto, «tenía muchas ganas de hacer un monólogo y empecé a darle protagonismo a mi yo dramaturga, a darme el gusto de escribir y ser actriz para mí». ¿Por qué Foucault? «Porque pensé que tenía que ser un teórico, un pensador, para que lo que le pase a ella sea más difícil y vergonzante y de forma inmediata pensé en él, en la sociedad disciplinaria y la “normalización”, algo de lo que nadie hablaba en ese momento y que no existía en vida pública porque la normalidad había sido desplazada». Y prosigue: «Me parecía perfecto el tema, me interesa Foucault, pero a la vez me peleo con él, porque si uno le hace caso estamos fritos, no hay por donde seguir luchando y esto es un poco lo que pasa en la obra», afirma la autora, que la preparó como una cosa íntima para una sala pequeña creyendo que a nadie le iba a interesar una clase de filosofía, «pero fue una grata sorpresa todo lo que pasó después, porque, aunque el mundo de ella es el intelectual, en absoluto es aburrida, no es una académica estructurada, es simpática y divertida, muy libre dando clase, los alumnos –que son el público– se divierten y, según avanza, la obra se va llenando de mucho humor y emocionalidad, pasan cosas con el público, con el que se crea una comunión muy grande cuando acaba contando todo lo que le pasó, que fue muy doloroso, y muestra su corazón». Y concluye: «Si el espectador no conoce a Foucault, se lleva una clase introductoria sobre él, pero no es una cuestión de quedarse en los conceptos, porque esto es teatro y lo importante es que el público se divierta –afirma–, no hay nada críptico, no vienen aquí a aprender, sino a pasarlo bien, y lo pasan».

Dónde Teatro de La Abadía. Cuándo del 10 al 20 de marzo. Cuánto entre 7 y 17 euros